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A la altura de las circunstancias

El sexódromo
(Sandoval)

EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante

 

 

A él le excitan las mujeres muy altas. De un metro 80 centímetros para arriba. Recuerda que cuando iba en la preparatoria se enamoró de una chica que le sacaba una cabeza. Ella nunca le hizo caso. Cree que en ese anhelo que no se concretó puede estar el origen de su deseo permanente de ir a la cama con las grandotas.

Esta manifestación del erotismo se llama acrofilia. En los casos más extremos, las personas no logran excitarse y/o llegar al orgasmo si no están acompañad@s por una persona que mida mucho más que ellas. También puede ser simplemente un gusto por un físico en particular, como preferir un color de ojos o una complexión determinada, sin que de ello dependa la satisfacción sexual. Es posible que se haya tenido un afortunado encuentro con alguien mucho más alt@ y por eso se decida buscar este tipo anatómico para volver a sentir el mismo placer.

A mí me gustan los hombres altos, aunque nunca lo he visto como un requisito de mis parejas. Mi marido mide 30 centímetros más que yo y al principio de nuestra relación me fijaba mucho en la manera en que la gente nos miraba con curiosidad en la calle (mis 1.62 centímetros frente a sus 1.92). Ahora ya no presto atención a ello ni noto la diferencia, salvo en esos momentos en que tenemos un espejo enfrente y nuestra imagen me toma por sorpresa. Sí he tenido que modificar algunas cosas. Por ejemplo, me pierdo de la delicia de apoyar mi cabeza en su hombro cuando estamos de pie, pero cuando me rodea con sus brazos me siento protegida y me prende su cuerpo grande.

Hay algunas posturas mejores que otras para los acrófilos o aquellas personas que tienen un compañero o una compañera de gran altura. Por ejemplo, cuando son las mujeres las más bajas, la pareja debe saber acomodarse en las posiciones donde ella está encima, pues es necesario abrir mucho las piernas (a menos que el gigantón sea muy flaco). Pero todas aquellas que necesitan de fuerza masculina pueden ser excelentes. Cuando la chica es quien sobrepasa a su compañer@, debe tener cuidado con éste, a menos que le guste, precisamente, ese sofoco que ella le podría generar.

La acrofilia tiene otra rama, aún más común: la excitación por mantener encuentros eróticos a grandes alturas. Los estadunidenses hasta le han puesto un nombre a la práctica que se lleva a cabo en un avión: high smile, y existe un club, The Mile High Club (MHC), para los amantes del sexo en el aire. Dicen que la presurización del avión intensifica los orgasmos, que la vibración incrementa las sensaciones, pero creo que el estímulo principal es el sentimiento de hacer algo prohibido, novedoso, arriesgado.

Para ser miembro de MHC se debe haber realizado la hazaña en un avión en vuelo que mínimo haya superado una milla de altitud (mil 609 metros). Algunos se integran después de haber tenido acción aérea. Otros se avientan su rapidín por el morbo que les genera pertenecer a un grupo de personas relacionadas por un tema erótico. El club se fundó en 1916 por el piloto Lawrence Sperry, cuyo hidroavión presuntamente se estrelló en Nueva York porque iba teniendo un encuentro sexual con una mujer mientras piloteaba. No fue fatal, y sirvió para aumentar el mito de la agrupación.

Esta apetencia aprovecha las ventajas de la modernidad. Desarrolladores de apps y dueños de aerolíneas han creado aplicaciones para contactar con personas que deseen echarse un quienvive sin compromisos en un avión, pero también para darle seguimiento a un posible romance que haya iniciado en los asientos de la aeronave. “We met on a plane”, por ejemplo, sirve para localizar a un compañer@ de vuelo a quien no se le haya pedido sus datos. “Wingman” sirve para ponerte en contacto, a través de Bluetooth, con otros pasajeros que compartan intereses y con quienes puedas departir en el aire (no solo en el plano sexual). Eso también se logra con “Seat Buddy”, aunque el objetivo de esta aplicación es enlazar a personas que compartan profesión, con la intención de generar futuros negocios en común. “Meet at the airport” se usa para conectar a personas durante sus tiempos de espera en aeropuertos, ya sea por vuelos en conexión o retrasos. En “Planely” indicas tu número de vuelo y con eso te dará la lista de los tripulantes afiliados con la intención de comenzar un chat que se vuelva conversación presencial arriba o abajo del avión.

El sexo en un avión, ya sea en los sanitarios o en los asientos, no es aplaudido por todos. La empresa Singapore Airlines adaptó, en su área de primera clase de sus aviones A380, 12 suites privadas con camas matrimoniales, acolchado satinado, televisión y champaña. Sin embargo, le ha solicitado públicamente a los pasajeros que se abstengan de mantener relaciones sexuales a bordo, señalando: “Estén donde estén en el avión, los pasajeros deben guardar la misma conducta y decoro, evitando ofender a nuestros clientes y la tripulación”. Alegan que las recámaras no tienen aislamiento de sonido, así que todos los ruiditos del placer podrían ser escuchados por los pasajeros y la tripulación.

Los pilotos y l@s sobrecargos no son unos santos. De acuerdo con la National Transportation Safety Board —organización independiente del gobierno de Estados Unidos que se dedica a la investigación de accidentes automovilísticos, de aviación y marinos— al menos un percance ha sido causado porque un piloto practicaba sexo mientras pilotaba una avioneta. En febrero de 2007, la azafata Lisa Robertson fue despedida después de tener un encuentro erótico con el actor Ralph Fiennes en el baño de la clase business durante un vuelo de Australia a la India.

Hay otros que no se oponen a la práctica en el aire: Flamingo Air, empresa de Cincinatti con más de 20 años de experiencia, ofrece a sus pasajeros la posibilidad de tener sexo en sus aviones. Crearon itinerarios “especiales” para cubrir la demanda de muchas parejas. Las unidades utilizadas para este servicio fueron acondicionadas especialmente para facilitar el asunto; el boleto doble que incluye vuelo más una hora de agasaje, tiene un costo de 425 dólares, e incluye una botella de champaña, chocolates y unos cuantos guiños de complicidad.

En la página www.sextutor.com/plane se puede encontrar la Airplane Sex Guide, guía para tener un rapidín en la aeronave de manera segura y confortable. Dan opciones para hacerlo discretamente en el asiento, así como las mejores posturas para llevarlo a cabo en el cubículo sanitario. Por supuesto, recomiendan aquellas que se realizan de pie o sentados.

La acrofilia no solo se limita a los aviones, sino a cualquier espacio que esté a varios metros de altura, por ejemplo, puentes peatonales o vehiculares, monumentos de gran altura, teleféricos, azoteas. El problema es que en pleno frenesí se puede perder el control. En la ciudad alemana de Lübeck, una pareja cayó desde el balcón de su departamento en un primer piso. Se les rompieron algunos huesos y terminaron con lesiones en la cara y la cabeza, pero parece que eso no le importa al hombre involucrado, quien en una ocasión anterior se cayó del techo de una casa.

Una de las pocas personas que ha podido copular en el aire es el actor porno e instructor de paracaidismo Alex Torres, quien hasta grabó un video de la anécdota, compartida con Hope Howell, la secretaria de la empresa Skydive Taft.

Decía Freud que soñar que uno vuela está ligado al deseo de tener encuentros eróticos. Esta parejita hizo literalmente realidad su quimera.  

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