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Estados alterados

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh

“Yo no me moneo por el efecto, sino por el aroma”: un sibarita

Para que existan los estados alterados deben existir los estados estables, lo cual es relativo, pues la realidad tiene una pinta de equilibrio cotidiano (los árboles no salen volando ni los automóviles se incendian al poner la direccional) y solo se altera cuando ocurre un violento estallido cósmico (terremotos, guerras, pestes, el PRI, el regreso del PRI, etcétera), pero al mismo tiempo es dinámica, porque la naturaleza se transforma a base de la lucha de fuerzas (“lucha por la supervivencia”, diría el maese Darwin; “lucha de clases”, diría el maese Marx; “¡No hay peor lucha que Lucha Villa!”, diría Lola Beltrán). La naturaleza es un caos contenido y los humanos, como parte suya, transitamos por el mundo en un estado alterado controlado.

Mucha gente se pregunta cuál es su misión en la vida (¿ganar un Oscar, escribir una novela, sembrar un árbol, tener un hijo, no tener ningún hijo pero coger todo el tiempo, entrar en comunión con conciencias invisibles, vivir felizmente en matrimonio con un sueldo fijo, tele, coche, hijos y un perro?), la respuesta es sencillísima: venimos a buscar el placer (todas las actividades arriba mencionadas conducen al placer).

La materia prima del placer es nuestro cuerpo, el cual se nos entrega al nacer con todas sus células y neuronas nuevecitas. A partir del cuerpo, los griegos encontraron dos filosofías del placer. Una es la epicúrea, el hedonismo sin excesos, pues la base del placer está en la salud (la que recomienda no alterar el cuerpo, sino preservarlo). La Hermenéutica del sujeto es un libro del Fondo de Cultura Económica que transcribe un curso de Michel Foucault, mismo que puede resumirse en la frase socrática “Ocúpate de ti mismo” (es decir: “tienes un cuerpo gratis, carajo, dale un uso excelente”).

La segunda filosofía es la dionisiaca, que surgió en la cultura minoica, en Creta. Karl Kerényi, en su libro Dionisios, raíz de la vida indestructible, de Editorial Herder, nos cuenta que algunos cretenses deseaban tantear los límites de la realidad mediante la intoxicación (antes de inventar el vino, se ponían hasta el full con madera fermentada). La idea era confrontar sensaciones desagradables para entender los silenciosos misterios de la vida vegetativa e indestructible.

La primera filosofía recomienda no meterle nada al cuerpo (lo cual, al menos es más barato) y la segunda, alterarlo, pues se exalta el placer. La verdad es que en la sociedad actual todo mundo le mete cosas al cuerpo, desde analgésicos hasta pastillas para dormir, pues los laboratorios viven de los estados alterados a los que se enfrenta cualquier persona en un mundo violento, insano, ruidoso, que en vez de darte un buen salario pretende ahogarte en deudas. Los problemas y dolores del cuerpo desaparecen con una pastilla.

Aquí es conveniente distinguir entre un estado alterado de conciencia y un estado alterado emocional. Existen sustancias que alteran tu percepción y están prohibidas: mota, hongos, peyote, drogas de diseño; existen otras que alteran tu estado emocional y son legales (ansiolíticos y antidepresivos). Personas que tienen pinta confiable, dignas de ser invitadas a un hogar decente, en cualquier momento pueden entrar en crisis, como #LadyIMSS, gritando majaderías y tirando cajas de medicinas, porque “no le dan completa su dosis de Flouxetina (Prozac)”. Sería mejor legalizar las drogas prohibidas y prohibir las permitidas (el Rivotril putea más que el crack).

Lo que no tomaron en cuenta ambas filosofías es que el enamoramiento es un virus de origen desconocido que altera la conciencia, el estado emocional y puede provocar cuadros psicóticos. Si no le metes nada al cuerpo, de todos modos la naturaleza te regala tu pasón.

Sobre los riesgos de adicción solo diré que casi todas las sustancias alteradoras traen un buen pretexto para engancharse: su aroma y sabor, independientemente de sus efectos, son una delicia a los sentidos: el vino, el tequila, el tabaco, la mariguana, el café, toda planta, hongo, liana; los que se meten coca y drogas de diseño no tienen pretexto ni perdón de Dios, son unos atascados.

El miércoles 9 de marzo, la revista Generación presenta su número 105: Estados alterados (entre los poppers, las rayas y el amor), en El Expendio de Pulques Finos Los Insurgentes (¡celebrando su 6° Aniversario!), ubicado en Insurgentes Sur 226, casi esquina con Colima, Colonia Roma, miércoles 9 de marzo a las 20 horas (una chela en la compra de la revista). En la presentación alterada estarán las sensuales Alejandra Maldonado y Ana Laura Santos, y los horrorosos J.M. Servin, Jesús Ramírez Bermúdez y un servidor. ¡Nos vemos en los pulques alterantes!

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