QrR

Más allá de Grey

EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante


Jorge Volpi señala en Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción que leer cuentos y novelas no nos hace por fuerza mejores personas, “pero estoy convencido de que quien no lee cuentos y novelas —y quien no persigue las distintas variedades de la ficción— tiene menos posibilidades de comprender el mundo, de comprender a los demás y de comprenderse a sí mismo. Leer ficciones complejas, habitadas por personajes profundos y contradictorios, como tú y como yo, como cada uno de nosotros, impregnadas de emoción y desconcierto, imprevisibles y desafiantes, se convierte en una de las mejores formas de aprender a ser humano”. Estoy completamente de acuerdo con él, pero también con lo que dice Juan Domingo Argüelles en Estás leyendo… ¿y no lees?: “Los libros son objetos muertos que solo reviven con los lectores. Son objetos inertes, inactivos, pasivos. Es nuestra actividad lectora la que los dota de movimiento y, en consecuencia, los activa y les da una vida que no tienen por sí solos”.

Este último comentario me ha hecho ver con ojos menos furiosos el arrastre masivo que ha tenido la saga de Cincuenta sombras de Grey. Aún recuerdo cuando llegó a mi escritorio el primer libro, junto a un boletín que señalaba que se trataba de un fenómeno de ventas porque era “pornografía para amas de casa”. Más intrigada que excitada lo comencé a leer. A las pocas páginas ya estaba aburrida y a la mitad estaba enojada. ¿Cómo era posible que esa historia ñoña, llena de clichés, de prejuicios, que explota prácticas BDSM de peluche estuviera en manos de millones de mujeres, quienes afirmaban que su vida erótica había cambiado tras su lectura? ¿Dónde quedaban Pauline Réage, George Bataille, el Marqués de Sade, Henry Miller, James Joyce, Anaïs Nin, Marguerite Duras, Apollinaire, Almudena Grandes, Anne Rampling, Antonio Gala, Jorge Amado, Juan García Ponce, Enrique Serna, maestros todos ellos de la literatura erótica? Puede ser que como literatura romántica esté bien, ¿pero pornografía? ¿Letras “prohibidas”?

Escribí varias columnas sobre mi indignación al respecto y en algunos programas de radio recomendé leer a los autores antes señalados en lugar de a E.L. James… hasta que un día, una lectora me dijo, de manera muy educada, que mi visión era la de una especialista que ha leído muchísimos ejemplares del género, mientras la mayoría de las más fervientes seguidoras de Grey eran mujeres cuyo primer acercamiento con este tipo de literatura era a través de ese libro y entonces no podía ser malo que comenzaran por algo, aunque fuera eso. Su comentario me calló la boca.

Ahora, la mentada saga volverá a aparecer hasta en la sopa (y no de letras) luego de que el 14 de febrero se estrene su versión cinematográfica. Debido a ello, algunas personas me han pedido que les envíe lo que hace algunos años escribí al respecto. Ya lo hice, pero agregando la enseñanza de mi lectora.

Sigo creyendo que se le debería dar mayor difusión a las obras clásicas del erotismo, pero si, como dice Argüelles, los lectores son quienes les trasfunden sangre a las historias para hacerlas cobrar vida, entonces supongo que algo así pasa con esta oleada de novelas simplonas que se publican por docenas y buscan provocar excitación con la repetitiva anécdota chabacana de la joven virgen e inexperta que se enamora del ducho hombre maduro, quien le enseñará las artes sexuales que domina y, al final, se casará con ella. Son las lectoras quienes se mojan y retuercen, quienes se emocionan ante eso porque es lo más atrevido que han pensado.

Dice Megan Maxwell, autora de una serie que comenzó con Pídeme lo que quieras, que “en ocasiones las mujeres disfrutan más leyendo escenas eróticas que practicando sexo real”. En una encuesta que se hizo en España, 68 por ciento de las entrevistadas afirmaron que leer este tipo de obras es uno de sus juegos eróticos favoritos. El 61 por ciento busca nuevas experiencias inspiradas por la lectura y 59 por ciento afirmó que anhela tener “sexo romántico”.

El psiquiatra Rafael Alarcón, coordinador de la sección de Gerontopsiquiatría de la Asociación Psiquiátrica de América Latina, descubrió que leer textos eróticos a personas de la tercera edad ayuda a despertar sus emociones y mantenerlos saludables. Pasa lo que en la ciencia llaman neurogénesis y plasticidad neuronal del cerebro, algo que han comprobado con estudios por imágenes. “A través de la lectura, los mayores se dan cuenta de que siguen existiendo, sintiendo y deseando”, precisa Alarcón. Eso nos puede pasar a todos si sabemos apreciar las delicias que encierra leer un libro que nos haga desnudarnos en todos los sentidos, nos incite a fluir, a volvernos otros y disfrutar las maravillas de la experiencia erótica. Cada quién sabrá qué le provoca hacerlo.

* * * *


El sexo de Jis

Comprobado por enésima vez: no solo las letras son capaces de excitar. El arte gráfico puede ser un potente motor para alebrestar la imaginación, excitar el cuerpecito, la mente, las hormonas y hasta generar una risa lúdica que nos ponga a mil por hora. Pocos afrodisíacos como las carcajadas. Pocos momentos tan valiosos como los viajes cómicos-sexuales-introspectivos que se pueden realizar dentro de uno mismo como preludio del encuentro erótico.

 Esto logra generarlo el señor don Jis —monero sabroso de los cerdos, los luchadores, las golosinas, la chora interminable y esa delicia llamada “Otro día”— con Sexo. A eso sabe la Reina, un libro editado por Sexto Piso que presenta sus trabajos relacionados con esa hermosa práctica que sulibeya el alma y el cuerpo llamada erotismo o, acá en confianza, sexo. Almanaque místico-sexual, integra dibujos, intervenciones, cartones, cómics y una suerte de “libretita de apuntes” que está muy lejos de aquellas en donde los noveles escritores bocetan sus historias. La de José Ignacio Solórzano se resguarda en una solapa, donde aguarda para ser abierta por algún curioso o curiosa capaz de no sonrojarse (o mejor sí) con las imágenes ahí contenidas. El hardcore de los monos por separado.

Hay trabajos poco comunes para quien ha seguido su carrera, una serie de cartones sin diálogos, “bellas intervenciones” a fotografías de revistas para adultos y la joya de la corona de la Reina: “Otro día”, esa serie alucinante que publica aquí, en MILENIO Diario, y que desde hace años me genera unos viajes más potentes que los de la ayahuasca.

  Desde que en mi adolescencia leí por primera vez las tiras de El Santos me volví fiel seguidora de Jis (y Trino, claro). Me declaro adicta a sus cartones diarios (tanto que he tenido sobredosis de ellos, cuando me chuto 50 de un jalón gracias a que los sube a su Facebook) y ahora me dan ganas de besarle los pies por su Sexo. Pero, acá entre nos, por mucho que él sea “la luna llena que no descansa”, hay cosas a las que sí le saco. ¿Qué tal que también me generan adicción?


@draverotika

elsexodromo@hotmail.com

Facebook: La Doctora Verótika

< Anterior | Siguiente >