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Agruras catalanas, en clave de 3

El teorema del tres también permitiría augurar un buen 2018 para los catalanes.
El teorema del tres también permitiría augurar un buen 2018 para los catalanes. (Reuters)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Pere Sunyer Martín

 

Dicen que Don Mariano la misma tarde del sábado no durmió la siesta como acostumbra, y que así lleva ya casi dos semanas. Lo que sucedió escapaba a toda lógica racional y si no convocó al consejo de ministros la tarde del sábado era porque quizá los medios internacionales y los gobiernos de los Estados de la Unión Europea lo iban a encontrar desmesurado y fuera de toda normalidad.

Es así como le sentó ese 3 a 0 que el Futbol Club Barcelona, el conocido Barça, le endilgó al Real Madrid la tarde del sábado 23 de diciembre. Lo más preocupante es que, celebrado el partido de liga, el último de la primera vuelta, y un día antes de la Nochebuena de este aciago 2017, a la 1 de la tarde (13 h), lo habían visto las poblaciones de los países asiáticos, en donde se mueve ahora el capital financiero internacional.

A decir verdad, esos tres días de la semana pasada habían resultado nefastos. El Barça-Madrid fue la gota que derramó el vaso de su paciencia, pero a ello se habían de sumar otros dos “3 a 0” de carácter político y económico: primero, el resultado de las elecciones en Cataluña del pasado jueves 21 de diciembre; segundo, la decisión del Tribunal Constitucional de anular la indemnización millonaria a Florentino Pérez, quien además de presidente del Real Madrid es respetado empresario de la construcción y del sector energético. Me explico.

Las elecciones autonómicas de Cataluña se celebraron el día del solsticio de invierno. La convocatoria tenía la intención de anular políticamente el independentismo catalán, un grave problema político en España. El ocaso anual del Sol había de ser el del movimiento independentista. La medida como remedio resultó fatal para los intereses partidistas y de gobierno de D. Mariano Rajoy. El Partido Popular (PP) solo recibió 4.26 por ciento de los sufragios que representan únicamente 3 diputados en el parlamento catalán. Se podría decir que este partido, dominante en el resto de España, ha desaparecido de la realidad política catalana.

Mucho era pedir al ciudadano de Cataluña que tras haberle lanzado la policía nacional (un cuerpo de seguridad del Estado español), y atizado, el pasado primero de octubre, encima le pidiera el voto de confianza a su partido para el parlamento catalán. Triste día ese, en que el ejercicio de un derecho ciudadano se convirtió en un ataque directo a las ideas. Así como en México “2 de octubre no se olvida”, para los catalanes, independentistas o no, el primero de octubre no se va a olvidar.

Las malas noticias no acababan ahí. Mariano Rajoy, cuya opinión de los catalanes es que los admira “porque hacen cosas”, estaba que trinaba el día después. La cosa fue por su amigo Florentino y un proyecto macro que quiso emprender en la zona marítima entre la provincia de Tarragona (Cataluña) y la de Castellón (País Valenciano), que también hablan ese idioma ininteligible que solo entienden los catalanohablantes. “¡Aaayyy, Don Florentino!”, se quejaba amargamente D. Mariano “¿por qué me hace usted esto?”.

Resulta ser que en 2008 Florentino Pérez, que como todo buen presidente de entidad futbolera posee diversas empresas, participó con su empresa ACS en un proyecto que trataba de almacenar gas metano en el subsuelo geológico frente a la costa de Tarragona (Cataluña) y de Castellón (Valencia) en un lugar llamado Castor. Serviría para que el ciudadano español se ahorrara el sobrecoste de la revalorización de los energéticos. Ofreció el proyecto al entonces gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, quien lo aprobó. La cosa era no perder nunca: “Mira José Luis, vamos a partes en los beneficios, pero en caso de que no resulte como debería, alguien habrá de asumir los costes de la inversión y ese no seré yo. En resumen, y para que nos entendamos: si sale cara, gano yo; si sale cruz, pierdes tú, ¡bueno!, el ciudadano”.

La operación Castor resultó un fiasco. En 2013, ya con el gobierno del PP de Mariano, inició la carga de gas y las consecuencias no tardaron en sentirse. Los vecinos de poblaciones del sur de Cataluña y de Castellón que desconocían lo que era un temblor, empezaron percibir sismos de baja magnitud y denunciaron el hecho. El Instituto Geológico Español detectó cerca de un millar con epicentro frente a las costas catalanas. El gobierno de Madrid, del Sr. Rajoy, para evitarse las quejas de los catalanes se aprestó a corregir por Decreto-Ley los límites marítimos entre Cataluña y el País Valenciano, no fuera que el sismo geológico se sumara al temblor independentista que ya arreciaba en Cataluña.

La suspensión del proyecto significó indemnizar a la empresa de don Florentino. 1,350 millones de euros que se pagaron “toca teja”, por procedimiento de urgencia. Los consumidores absorberían ese pago con un ligero aumento en la tarifa mensual del gas durante 30 años. Nadie lo iba a notar. Bueno, sí. Ciudadanos afectados y el gobierno y el Parlamento de Cataluña elevaron un recurso ante el Tribunal Constitucional (TC) contra esos pagos. Las reclamaciones y denuncias presentadas acabaron por dirimirse el pasado viernes 22 de diciembre: el TC declaró inconsistente la indemnización con lo que el consumidor no se hará cargo del coste de esa chapuza, y el gobierno central, el de Madrid, habrá de hacer números para ver de dónde los obtiene.

Como decía, tres nefandos días para el protagonista de esta historia que encima es presidente del gobierno español. El 3 a 0 del Barça al Madrid fue una buena y significativa señal. En tres días los catalanes están por ganar la Liga, casi expulsan al PP del Parlamento catalán y de Cataluña, y de paso un órgano estatal, el TC, resuelve un contencioso a favor de los catalanes.

El teorema del tres también permitiría augurar un buen 2018 para los catalanes: 1) una financiación más justa en relación a su aportación al PIB estatal; 2) un mayor reconocimiento de su nacionalidad, como hecho diferencial; 3) no pagar los trastes rotos de la mala gestión y corrupción del Estado español. Con estas tres medidas todo en Cataluña será otra cosa.

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