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Viernes , 22.06.2018 / 09:23 Hoy

Adiós a tus concubinos

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CONJURA DE PELÍCULA PARA ARRUINAR EL DÍA DE SAN VALENTÍN EN UN CINE CHINO
Según el diario Shangai Morning Post, los jóvenes chinos enamorados que pensaban celebrar su día bien pegaditos en sus butacas, amparados por la función de las 19:30, no podrán hacerlo porque un hombre lanzó una campaña para adquirir todos los asientos impares de la sala.
BBC Mundo. Redacción. Viernes 14 de febrero de 2014.

El emperador Ping, último descendiente de la Dinastía Pong, se aburría espantosamente en el Palacio de la Tranquilidad (pues la hierática corte solo hablaba de taoismo, budismo tibetano o se la pasaba contemplando, en ecuanimidad perfecta, la corriente del Río de Agua Dorada, afectada por grandes cantidades de opio).

Ping tenía escasos tres años de edad y durante la Ceremonia de Agradecimiento al Dragón que Rige la Cadencia de las Olas (que debía realizar en completa soledad dentro del Salón del Cultivo Espiritual), huía por una toma de aire, se disfrazaba de saltimbanqui andrajoso y recorría las bulliciosas calles fuera de la Ciudad Prohibida, descubriendo así su primera gran pasión: el cine.

Al principio solo veía caricaturas de Mickey Mouse y cortos de Chaplin, pero una vez descubrió a Theda Bara realizando un voluptuoso baile de vientre en Siren of Hell y quedó hechizado por las vampiresas.

Aprovechando su investidura, tomó dinero de las arcas del imperio para financiar la importación de películas de Pola Negri, Gloria Swanson, Alla Nazimova, Louise Brooks, Clara Bow y Lya de Putti, mujeres que con sus felinos movimientos le hacían sentir inexplicables mariposas en el punto del Lao Gong.

El Ministerio de Cultura, preocupado por las pinups que el emperador Ping había mandado colocar sobre el Muro de los Siete Leones del Palacio de la Armonía Imperturbable, consideró que sería buena idea “cultivar la semilla de su sensibilidad” llevándolo a la Ópera de Pekín, donde descubrió su segunda gran pasión: Ziyi Li, la actriz que protagonizaba a Tan del Cabello y de la Espada.

Con el pretexto de necesitar una instructora en acrobacias, mandó llamar a Ziyi Li, a quien trató de morderle los pezones en el Jardín de la Pureza Celestial, acto que no pudo realizar, pues la habilidosa Ziyi Lin salió volando hacia la copa de un kinoto. El emperador Ping hizo un tremendo berrinche que nadie se atrevió a interrumpir, particularmente después de mandar decapitar a quienes tuvieron la osadía de quitar a sus pinups del Muro de los Siete Leones del Palacio de la Armonía Imperturbable, para después arrastrar sus cabezas por jirafas con gorros de Mickey Mouse a lo largo de la Muralla China (capricho clásico de un emperador de tres años de edad).

Cuando el emperador se calmó, Ziyi Lin le explicó suavemente que le era imposible mantener una relación con un monarca tan chiquitín, pero que

con gusto saldría con él cuando cumpliera 18 años. El emperador Ping, quien a pesar de ser tan joven no era tan pendejo, calculó que cuando eso ocurriese la bella Ziyi Lin se habría vuelto fofa y decrépita, de manera que exigió una boda inmediata o mandaría a decapitar a su familia y arrastraría sus cabezas por osos panda

disfrazados del gordo y el flaco a lo largo de la cordillera del Tíbet. Así fue como el viejo Xiang, máximo consejero de la corte, descendió del cielo dando machincuepas y le advirtió al imberbe emperador que con esas actitudes solo incitaría al pueblo a rebelarse contra la Dinastía Pong, provocando el advenimiento del maoísmo, con la subsecuente pérdida del Palacio y todos sus bienes materiales.

El emperador Ping aparentó resignarse, pero aprovechó su investidura para sustraer dinero de las arcas y contratar al vasallo Douzi como espía de Ziyi Lin. El advenedizo vasallo le informó que la bella actriz tenía un novio llamado Wu, quien siempre ocupaba el mismo asiento en la Ópera de Pekín y le mostró su fotografía.

Recordando las palabras del viejo Xiang, al emperador Ping reprimió sus impulsos de decapitar a Wu y arrastrar su cabeza por mercaderes venecianos vestidos de chinas poblanas a lo largo de la ruta de la seda, pues podría exponerse a ganar el arroz con el sudor de su frente, así que se limitó a comprar con anticipación el boleto del asiento de Wu, para que Ziyi Lin pensara que se había olvidado de ella y buscara consuelo en sus cortos pero imperiales brazos.

El plan parecía marchar a la perfección, hasta que el vasallo Douzi descubrió que durante siete meses había estado comprando el boleto equivocado: no el de Wu, sino el de Uw, por lo que la bella actriz continuaba sus acaramelados encuentros con su novio.

Lleno de rabia, pero consciente del peligro que implicaba cambiar de secuaz a esas alturas, le prometió al zalamero vasallo el Ministerio de Hacienda, si hacía más eficaz su ilícita labor. El vasallo Douzi puso todo su empeño, pero durante año y medio estuvo privando de su asiento al buen Woo, en vez de a Wu; Douzi se disculpó diciendo que “todos los chinos son iguales” (Douzi era mitad vietnamita del norte y mitad vietnamita del sur).

El emperador Ping le dio una última oportunidad, y ésta vez sí cumplió con eficiencia su cometido, solo que después de dos años y medio, Ziyi Lin ya no era novia de Wu, sino de U. Este cambio implicó una mayor inversión y una nueva estrategia, lo cuál no impidió que el falaz vasallo comprara el asiento de Ü (aunque ésta vez la diferencia era notable, pues U era afroamericano).

El emperador Ping sustrajo más de dinero de las arcas y contrató al viejo Colby (consejero de la dinastía Carrington), quien aconsejó comprar todos los asientos impares de la Ópera de Pekín; cuando el barbilampiño emperador preguntó porqué “no de una vez todos los boletos”, el viejo Colby respondió: “Para no despertar sospechas”.

Ziyi Lin abandonó la actuación y abrió una cafetería. El emperador Ping, a pesar de tener mayor madurez (ya había cumplido seis años), fue presa de los celos y decidió comprar todos sus bisquets en cuanto salían del horno, para evitar que Ziyi Lin tuviera clientes potencialmente seductores. Un grupo de turistas japoneses, enfurecidos porque en vez de bisquets les sirvieron pan al vapor, se negaron a pagar la cuenta y destrozaron el café. Las meseras, que habían estudiado Hotelería y Turismo en el Templo Shaolín, respondieron con rápidos y certeros golpes de kung fú a los combativos karatekas.

El gobierno chino exigió una indemnización a Japón, quien respondió invadiendo China. Los países aliados del imperio se enfrentaron a los socios comerciales de Japón, creando un conflicto bélico internacional que finalizó con los juicios de Nuremberg, donde se descubrió la insensata intriga del Emperador Ping, quien, cumpliendo las profecías del viejo Xiang, perdió su palacio, sus bienes materiales y se instauró el maoísmo.

El camarada Ping vivió sus últimos años como jardinero del Parque Botánico de Pekín, dedicado con fervor a visitar las cabinas XXX clandestinas del hutong de Sanmiao.

Rafael Tonatiuh

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