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La Adelita del club de corazones rotos

Y si bien uno pensaría que el éxito y la fama cambiarían drásticamente a Adele, la cantante se mostró tan carismática sobre el escenario.
Y si bien uno pensaría que el éxito y la fama cambiarían drásticamente a Adele, la cantante se mostró tan carismática sobre el escenario. (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Jesús Arellano Torres


Desde pubertas que iban acompañadas de sus padres hasta numerosos adultos mayores y hordas de millennials posteando en redes sociales soportaron el eterno retraso de 20 minutos hasta que, finalmente, la cantante y compositora británica Adele Laurie Blue Adkins —Adele, pa’ los cuates— apareció en una plataforma elevada al centro de un Palacio de los Deportes a su máxima capacidad, dando inicio con su ya clásico “Hello”, cambiando parte de la letra para mencionar a nuestro país mientras portaba una bandera mexicana en sus manos.

 En este concierto, que forma parte de la gira mundial de su más reciente disco, 25, y es la primera de su carrera en pasar por Latinoamérica, no podían faltar los temas de su álbum debut, 19, como “Chasing Pavements”, su emotivo cover al “Make You Feel My Love”, de Bob Dylan (que tuvo dedicatoria al público mexicano), así como “Hometown Glory” con todo y el detallazo de mostrar un video de fondo con algunos de los sitios más reconocidos de Ciudad de México, como Bellas Artes y Chapultepec, y que causó la euforia del público.  

Entre los temas más coreados de la noche estuvieron “One and Only”, “Skyfall” (ese galardonado tema de la cinta de James Bond de mismo nombre), “Don’t You Remember”, “Send My Love (To Your New Lover)” y, por supuesto, el enorme baladón corta-venas “Someone Like You”, que contó con una larga y extendida explicación de su origen por parte de la artista, la cual corría el riesgo de volverse soporífera para quienes no entendían su speech, tomando en cuenta su fluido inglés británico (como el de la típica gordibuena que nunca para de hablar). También fueron muy buenas las interpretaciones de “Rumour Has It”, “Set Fire to the Rain”— con todo y lluvia alrededor de Adele, quien había regresado del escenario principal a la tarima de donde había salido al comienzo del concierto— y terminando con broche de oro con un mini encore que abarcaba los temas “When We Were Young”, con fotografías de fondo de la infancia de la artista, y con “Rolling in the Deep” se despidió agradeciendo al público mexicano que la conmovió por su entrega durante el concierto.  

Y si bien uno pensaría que el éxito y la fama cambiarían drásticamente a Adele, la cantante se mostró tan carismática sobre el escenario (confesó en son de broma que las dos horas serían más de conversaciones e interacciones con la audiencia que de interpretaciones, cosa que estuvo a casi nada de cumplir), introduciendo buena parte de sus canciones con una breve historia de su origen y, de paso, se confesó fanática de la comida —algo que ya es de todos conocidos—, especialmente de la mexicana (bromeó que llegaría a su casa con una buena dotación de comida de esta tierra), y tuvo un par de momentos inesperados, como cuando antes de interpretar “Make You Feel My Love” se frikeó al ver una luciérnaga y después un murciélago que se habían colado adentro del recinto y andaban sobrevolando, o en la parte final de “Rolling in the Deep”, cuando un fan intentó saltar hacia el escenario, cayendo durante su fallido intento, sacándole un pequeño grito de terror a Adele (y una buena asustada a los guardaespaldas de la cantante).

A diferencia de otras cantantes femeninas que cuentan con majestuosos tablados y complejas coreografías de baile, el suyo es un escenario sencillo pero elegante, con un impresionante marco gigante que cambiaba de colores y que parecía ser un cuadro humano con una orquesta musical y con imágenes de fondo con una estética impecable, más que suficientes para que la cantante se luciera vocalmente, demostrando por qué es una de las máximas exponentes de la nueva oleada del blue-eyed soul británico cimentado por la desaparecida Amy Winehouse. Si bien quedó debiendo un par de temas —“All I Ask”, co-escrito con Bruno Mars, y su cover de “Lovesong”, de The Cure, para ser más específicos—, Adele saldó esa cuenta que tenía pendiente con el público mexicano, con los que la hemos seguido desde su debut en 2008,  demostrando que su carisma y talento innato como cantante y compositora la ha mantenido vigente sin llevarla a perder la sencillez y el sentido del humor que la caracteriza. Y si el principal objetivo de la música de Adele es hacernos llorar a moco tendido, en el concierto se cumplió con creces.

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