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Y que no se te escape la tortuga

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(Guadalupe Rosas)

EL PEZ SOLUBLE
Jordi Soler


De la misma forma en que un grupo de fieles argentinos fundó la Iglesia Maradoniana, en San Francisco, California, otro grupo místico ha fundado Saint John Coltrane Church, la Iglesia de San John Coltrane. El futbolista y el músico son los dioses paganos de esas iglesias que, curiosamente, tienen 200 miembros registrados cada una. ¿Por qué 200?, ¿será el número de personas capaces de entregarse a un culto alternativo? Aunque en los dos casos se trate de una arbitrariedad, digamos, divina, no puede soslayarse que la música de Coltrane ofrece más asidero espiritual a los fieles, que las gambetas, los requiebros y los goles de Diego Armando Maradona, por divinos que estos hayan sido.

Los maradonianos rezan esta alucinante versión del Padre Nuestro: "Diego nuestro que estás en las canchas, santificada sea tu zurda, venga a nosotros tu magia, háganse tus goles recordar en la Tierra como en el cielo...". O esta otra, basada en el Ave María, que a mí me parece descaradamente chabacana: "Dios te salve pelota, llena eres de magia, el Diego es contigo, bendita tu eres entre todas las demás y bendito es Diego que no te deja manchar...". Cuando leí esto de "no te deja manchar", dedicado a la pelota, pensé que se trataba de un error de dedo en la transcripción de la liturgia y que en realidad sería que "no te deja marchar", haciendo referencia al proverbial control que tenía Maradona sobre el balón. Pero al profundizar en mi exploración de esta rara iglesia, llegué a sus diez mandamientos y ahí descubrí que el primero de la lista reza: "La pelota no se mancha, como dijo D10s en su homenaje". ¿Qué es esto de "la pelota no se mancha"?, ¿una metáfora?, ¿una consideración práctica sobre la higiene y el aseo del balón?, ¿un argentinismo que se me está escapando? El mandamiento dos dice: "Amar al futbol por sobre todas las cosas", lo cual me parece un error, pues se antepone el juego, el vehículo de expresión, al dios que da sentido a esa Iglesia. El mandamiento número nueve implica cierto sacrificio: "Llevar Diego como segundo nombre y ponérselo a tu hijo". Algo así como los niños que se llaman como el santo que se conmemora el día que nacieron, pero con menos variedad. Del décimo y último mandamiento no entiendo nada, o lo que entiendo no puedo relacionarlo, de manera sensata, con ninguna experiencia que haya tenido: "No ser cabeza de termo y que no se te escape la tortuga". Dejémoslo ahí y pasemos a la Iglesia de San John Coltrane, que cada domingo celebra misa en San Francisco.

Esta iglesia, a diferencia de la maradoniana, está fundamentada en un dispositivo religioso, en el álbum A Love Supreme, de Coltrane, que es una obra creada por el célebre jazzman para celebrar un despertar religioso, un spiritual awakening que tuvo en 1957. La liturgia de esta iglesia está dividida en las cuatro partes que componen el álbum: conocimiento, determinación, búsqueda y, en lugar del Salmo con el que acaba el disco, ellos han puesto el amor supremo. Este álbum es una de las obras maestras del jazz, igual que son obras maestras del futbol algunas jugadas de Maradona, es decir, que los dioses de ambas son, digámoslo así, miembros destacados de la especie humana, lo cual los separa del cristianismo y del judaísmo, y los sitúa en la órbita musulmana pues Mahoma era, según puede leerse en el Corán, un hombre de carne y hueso. Pero donde no hay color es en la representación, en la manifestación estética de las dos iglesias; las ceremonias maradonianas son una simplonería, basada en la oración retocada y redirigida, parecen más bien una reunión de vecinos o, en el mejor de los casos, una conferencia de la Concacaf, y en cambio los de San John Coltrane reproducen la obra del músico, tocan el sax, la batería, el bajo, el piano, y cantan a coro el estribillo machacón a love supreme, a love supreme, hasta que llegan al éxtasis. Es más fácil llegar al éxtasis cantando a love supreme, con una orquesta de jazz, que hacerlo repitiendo: "No ser cabeza de termo y que no se te escape la tortuga". Los del culto de Coltrane están muy cerca de la misa góspel, de esas ceremonias místicas donde hay un predicador, un coro y unos músicos que, independientemente de las creencias de cada quien, ponen la carne de gallina y la carne en ese estado es la puerta hacia el amor supremo que, según ellos, conduce a Dios. Nunca he estado en ninguna de las dos iglesias pero me atrevo a decir que el Diego Nuestro o el Dios te salve pelota, difícilmente te ponen la carne de gallina. La misa de los domingos de San John Coltrane tiene un poderoso predicador que canta hablando, o habla cantando mientras el coro y el público lo acompañan, y además la ceremonia es tan versátil, tan jazzeada, que admite la participación de espontáneos que cantan o que tocan los bongoes o que interpretan libremente la música de su dios Coltrane, como una señora, que puede verse en YouTube, que baila tap sobre una tarima. No se qué pensará Maradona de su iglesia ni qué pensaría Coltrane de la suya, probablemente no le gustaría el poco rigor con el que interpretan su obra maestra.

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