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Xochimilco es una bella flor

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Juan Alberto Vázquez

Tradición de 224 años, el evento para elegir a la Flor más Bella del Ejido se celebra ininterrumpidamente en este lugar desde 1955. El viernes por la noche, surgió la ganadora 2015 en medio de una fiesta que busca preservar o recordar las zonas ejidales que anteriormente existieron en el Distrito Federal.


A este concurso se convoca a mujeres solteras y sin hijos de entre 17 y 23 años de 12 de las 16 delegaciones defeñas, sobre todo las que en algún momento tuvieron o tienen tierra de cultivo. Ese fue el motor inicial en el hecho de escoger a jovencitas de cada barrio o pueblo para buscar que una fuera nombrada como "la más bella". Quien no conoce Xochimilco no conoce México.

Durante los ocho días que duró el festejo, se van descalificando decenas de damitas llegadas, a punta de ilusión, de barrios como Santa Cruz Analco, San Diego Tlalcozpan, San Francisco Caltongo, San Marcos Tlaltepetlalpan, San Lorenzo Tlaltecpan, y demás apelativos a cual más complicado de citar. El viernes por la noche fue el cierre y día de fiesta nacional en la patria Xochi. Quien no conoce la sensación de viajar ebrio a lomos de una chinampa, definitivamente no es chilango.

La final de esta pasarela es algo tan tradicional y necesario, como tedioso y reiterativo. Durante poco más de 3 horas, las 20 semifinalistas elegidas van subiendo una por una a soltar un speach, tan ensayado como obvio, que combina lo mejor de la ideología de la sección 22 de la CNTE con lo peor de un spot del PRI. Quien no conoce la cursilería de los concursos de belleza es un afortunado.

Tan lejos de Mancera y tan cerca del espíritu de Morelos, Xochimilco aún es ese bucólico pueblo que se niega a entrar a la cochina modernidad y donde ésta y otras tradiciones se preservan y afianzan gracias, entre otras cosas, a su nombramiento como Patrimonio de la Humanidad. Caminar por su centro histórico en fecha de algarabía nada le pide a municipios de estados tan fiesteros como Oaxaca o Michoacán, solo por mencionar algunos. Quien no conoce las gomichelas es porque se la vive en los centros comerciales.

La semana en que se elige a la Flor más Bella, como se apuntó, también es el pretexto perfecto para instalar una feria de pueblo en todo su esplendor. Al ritmo de hasta que el sobrepeso nos alcance, puestos de "Caguamón $40", conviven con los de tlayudas, tacos de suadero, pizzas, palomitas, algodones de azúcar y demás impresentables muestras de cocina internacional. Territorio libre de las recomendaciones de la Secretaría de Salud, acá el que no come traga. Y quien no conoce las patas de pollo en vaso ni se imagina lo que degustan los perros.

Ya pasó el discurso de Flor de Azalea, seguido del de Flor de Liz y el de Flor de Cempazuchitl, que se presentan tal y como las bautizaron: Tamara, Yanira, Vanesa que, aunque suenen a nombres de bailarinas en table de la periferia, son las que soportan el pasado atiborradas de traje regional. Ellas piden "salvar a Xochimilco del deterioro", "mantener las tradiciones en su sitio" y "aseguran ser mestizas mitad aire, mitad tierra" (aunque sin disfraz sean mitad cumbia mitad reguetón). A punto del llanto, lanzan proclamas llenas de esperanza sobre la salvación de su región en particular y de México en general, mientras un despachador ensarta más palos a los mangos, otro cercano remueve el esquite y el de más allá sirve y cobra un vaso de mollejas.

Y mientras los discursos continúan y el sol se oculta, dejando una estela de luces violetas, es también hora de reconocer que Chozimilco es todo esto y más; es la Isla de las Muñecas, la patria chica del compositor del "Cielito lindo" y el escenario de cientos de películas y teledramones. De las contadas regiones que aún producen flores y plantas de ornato a granel a precios de ganga.

En cuanto a la Fiesta de la Flor más Bella, atrás quedaron los tiempos en los que acudían celebridades a conducir el evento tal y como sucedió con Paco Stanley y la casi diputada Carmen Salinas. Hoy lo más cercano al glamour son los puestos de tacos y chelas con piso de acerrín, que los jóvenes locales usan de bar de ocasión. Quien no conoce el Tonayan no ha conocido los elefantes de Dumbo.

Este concurso ya ha visto pasar alternancias en el poder, matazones legendarias y empoderamiento del narco. Fue testigo del crecimiento y de la necesidad de Xochimilco por contar con un segundo piso en horas pico. Ha tenido épocas de esplendor y, como todo, ratos de deterioro y decadencia.

¿Será momento de renovarlo y relanzarlo? ¿Guardarán celosamente su anquilosado formato? ¿No es momento de hacerlo itinerante, incluso llevarlo al Zócalo para acelerar la difusión y trazarse otros objetivos? ¿Es hora de dárselo a Donald Trump para que lo maneje?

Eso deberán responderlo única y exclusivamente las autoridades responsables que lo administran.

Quien no conoce el renovarse o morir naufraga cual Titanic en su zona de confort.

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