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Xalapa a gogó

En el tono del Tona
(Karina Vargas)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh

“Soy más xalapeño que el águila del Estadio”:
el 'Cuaco' Ramos

Tuve a mi mamá y a mi papá en el Hospital Nachón de Xalapa, Veracruz, el 29 de agosto de 1964. Algunas personas ponen en duda mis raíces veracruzanas, porque no soy jacarandoso ni chispeante, sino bizarro y punk, diciendo que mi personalidad es más chilanga o tlaxcalteca, pero desconocen que Xalapa no se levanta sobre arena jarocha, sino sobre un cerro húmedo rodeado de neblina y vampiros a gogó y vegetación antidiluviana, xerófita, bajo el que descansa un pueblo colonial mezclado con edificios de todas las épocas, callejones empedrados, una eterna subida y bajada y la Catedral esa toda descuadrada, fuera del parque Juárez, arrinconada en una esquina, con sus escaleras redondas desparramadas, cual barquillo aplastado boca abajo.

Xalapa fue la Estridentópolis, y actualmente es un importante centro cultural, pero esa Xalapa no es la que conocí con Lety y El Pocho en Landero y Cos 4, junto a la tienda de los Dauzón, del 64 al 74. La mía es de una estética psicodélica, en un edificio con un barandal metálico con figuras redondas y un piso con grecas; aparatos estereofónicos de mueble. Al salir a la calle, de inmediato destacaban las construcciones modernistas en algunos edificios, sobre todo negocios y oficinas. En un tocadiscos portátil mi hermano Toño y yo escuchábamos discos sencillos de 45 RPM: Los Monkees, los Beatles, Los Doors, Los Kinks, Question Mark y los Misteriosos, a gogó, jerk, mods, garage, ¿cómo no iba a devenir en punk? Antes de Madness, B52 y The Cramps yo ya tenía las referencias de las películas de agentes secretos y conocía el misterio del sombrerito y los lentes oscuros.

En mi Xalapa yo andaba con casco de astronauta de plástico, veía Batman (a las cinco, cuando llegaba la programación), alquilaba bicicletas en los Berros, me envolvía de carnaval, ese carnaval en el que escuché por primera vez “Oye como va” en un coche cargado de hippies chupando (no me checaba que esas personas oyeran música tropical, ni que cantaran “La rama” en diciembre, como los niños). Antifaces, serpentinas, silbatos, tumultos de gente, de pronto me perdía y me ponía a llorar, mi mamá Lety Pérez, escondida, aparecía para rescatarme y consolarme a besos.

Toda mi visión estética del mundo se formó con imágenes y sonidos de ese Xalapa, con esa Torre Cinética que unos argentinos pusieron en el Estadio, junto a los carros alegóricos estacionados, que registraba sonidos y los reproducía por la noche, con figuras geométricas que se movían, ante un público pueblerino y boquiabierto.

En mi Xalapa había matinés de Luis Aguilar, El Santo, Viruta y Capulina. Una vez me puse a chillar afuera del Cine Variedades, para no entrar a ver Santo y Blue Demon contra los monstruos, pues al ver los stills pegados afuera del cine, pensaba que iba a soñar al Monstruo de la Laguna Negra.

Los monstruos sí fueron un problema para mí, hasta me mandaron con un psiquiatra en el Edificio Argentina, a la edad de ocho años, que me hizo encefalogramas y me recetó pastillas para dormir (¿cómo no iba a devenir en punk?). Mi Xalapa privada, con vampiros y hombres lobo. Mi hermano Toño me dijo una vez que los luchadores y monstruos de un álbum de estampas cobraban vida en la noche y yo no podía dormir; mi mamá se despertaba, me veía sentado en la mecedora de su cuarto con un crucifijo de palma y me dejaba dormir con ellos. Luego nos fuimos al Distrito Federal. En aquel entonces yo quería ser luchador, me llamaría Marte y tendría una máscara roja, como Marte, el planeta rojo, por deseaba vivir fuera de Xalapa, pues suponía que ningún delincuente que se respetara, asaltaría jamás el único banco que había en Xalapa, como en las grandes metrópolis.

Salidas familiares al mar: Chachalacas y Puente Nacional, con su inevitable paso por Rinconada, el paraíso del antojo, con sus puestos y locales de comidas; aunque llevábamos pambazos de frijoles con jamón y sándwiches, allí adquiríamos garnachas, gorditas infladas, venas de chile capeadas, chiles rellenos, huevos duros y agua de horchata. Recuerdo los hoteles donde rentábamos albercas, con bañistas en lentes oscuros, pretendiendo ser Julio Alemán o Tere Velázquez.

Mi Xalapa es de pambazos, monstruos y Twist en la playa. Algunos fines de semana jugábamos lotería de monitos en casa de la tía Adela y siempre había pambazos de frijoles. Cuando me quedaba dormido en casa de mi tía Marina y me despertaba, mis parientes me decían que mientra me había dormido, sacaron una charola de pambazos de frijoles y que ya se habían acabado, les reclamaba por no haberme despertado y, enfurecido, los mandaba mucho a la chingada.

Nunca vi la casa de Landero y Cos 4 desamueblada, como ahora veo desnuda la casa de mi madre. Cuando me fui de Xalapa, allá se quedaron mis monstruos. Los extraño. Volveré por ellos y los rescataré de Duarte. 

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