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William Burroughs. 100 años de ese marica

William Burroughs
(Apache Pirata)

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Casi todo los gays que adoptaron el estilo de vida impuesto por series del tipo Will & Grace, Queer as folk o Noah´sArch como representación de una convivencia incluyente hacia el interior de los bugas, gastan fuertes sumas de dinero en la decoración de su departamento. Luego entonces, es casi infalible que estos departamentos cuenten con alguna frase de Oscar Wilde adornando algún rincón. Desde luego la frase que más se repite es: “La única forma de evitar la tentación en cayendo en ella”. Pero me llama la atención que tan solo unos cuantos están familiarizados con la figura de William Burroughs.

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El pasado 5 de febrero se cumplieron 100 años del nacimiento de unos los escritores que revolucionó la literatura, propuso al desenfreno como mecanismo para liberarse de las formas (a las que consideraba un virus) y los excesos de alcohol y muchas drogas en una fuente de inspiración para la creación ilimitada.

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Que Burroughs haya contraído matrimonio con Joan Vellemer, la mujer que murió de un balazo ejecutado por el propio William mientras jugaban a hacerla de Guillermo Tell con un vaso de cristal sobre el cráneo de Joan en lugar de la manzana y bajos los efectos delalcohol y cualquier sustancia (episodio que ocurrió en un cuartucho de la Colonia Roma en la Ciudad de México), no fue obstáculo en sus tendencias homosexuales y aun más en disimular su debilidad por los jovenzuelos enamorados de su propia mancebía. Cierto que los beatninks se paseaban como unos erotómanos, pero mientras Allen Gingsberg se conflictuaba entre la atracción por su mismo sexo, que no podía asimilar sin sentimientos desbordados y Jack Kerouac parecía luchar con los chaflanes del clóset, Burroughs no hacía más que hundirse en las viscosidades del placer de tener sexo con otros hombres, describiendo orgasmos, contando soledades. Burroughs escribió en 1952 una de sus primeras novelas, Queer, cuya traducción más cercana al castellano sería la de raro, refiriéndose a esa concepción buga de tildar a todo lo que no sea homosexual como anómalo. Queer saldría publicada en Estados Unidos hasta 1985 y tuvieron que pasar aún varios años después para que la  Editorial Anagrama lanzara la traducción al español, que llegó a las librerías con el nombre de Marica. Definitivamente el título en español atrapa con más fidelidad la intensidad del libro. Queer o Marica estuvo en los escaparates de EU en un año alarmante, sobretodo para los homosexuales de entonces: el Vih-sida cobraba víctimas en proporciones brutales, Ronald Reagan insistía en mantener un conservador pero sobretodo letal silencio y el famoso galán de Hollywood Rock Hudson perdió la batalla contra el sida el 2 de octubre de 1985, lo que aumentó la paranoia. Y en ese contexto las librerías distribuían la nueva novela de Burroughs sobre su descenso al firmamento de la pasión homosexual, sin mensajes de sexo seguro, ni estereotipos musculosos o música pop.

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No creo que sea desmedido plantear que lo que hoy entendemos por contracultura surgió en buena parte por la obra arriesgada e inconforme de Burroughs, cuyo impacto puede percibirse sobretodo en el rock. Hay quienes consideran a William como el primer punk. Ian Curtis, el trágico vocalista  de Joy Division era un devorador de sus libros, lo mismo que Jimmy Page, Frank Zappa, Patti Smith, Lou Reed, David Bowie, Joe Strummer, Michael Stipe, Kurt Cobain, Sonic Youth. Incluso la misma Madonna a declarado su fascinación por William Burroughs. Mientras tanto muchos homosexuales, cada vez más jóvenes, prefieren refugiarse en otra especie de literatura que describa paisajes de romanticismo prefabricado, dónde las constantes son la cursilería o la autocensura. Son poquísimos los homosexuales que reivindican la figura de este beatnik, el más desclosetado de todos, de momento sólo se me vienen a la mente el director de cine Gus Van Sant (como olvidar ese homenaje en Drugstore Cowboys y Burroughs saliendo de un viejo elevador) o el también cineasta canadiense de porno indie Bruce LaBruce. El escritor gay sin concesiones Dennis Copper poco leído en México. Acaso músicos como Lou Reed de tendencias bisexuales. Pero no es algo con lo que estén familiarizados los gays. Quizás es que no quieren verse como parte de eso que se hace llamar contracultura. Como si en el fondo quisieras más bien ser bugas, no tan raros, maricas.

Wenceslao Bruciaga

Twitter: @wencesbgay

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