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Walter Schmidt: Cuatro décadas en la música

Walter Schmidt: Cuatro décadas en la música
Walter Schmidt: Cuatro décadas en la música (Fotoarte: Tacho)

"Soy un sobreviviente", dice con una amplia sonrisa que le ilumina el rostro; sin embargo, segundos después, la faz de Walter Schmidt se torna sombría y sus ojos se clavan en un punto difuso de la habitación en la cual nos encontramos. El movimiento es rápido, apenas perceptible, y explica: “Decibel (grupo del cual fue cofundador en 1974) es un sobreviviente de todo lo que ha pasado en estos 40 años. Obviamente no ha sido una carera continua, pero la idea, el concepto, allí ha estado. Es una supervivencia a pesar de… puede sonar que estoy resentido por el pequeño éxito del grupo, porque por un lado la prensa siempre nos ha tratado bien y, sin embargo, nunca ha tenido un éxito comercial. Es sobrevivir a eso, seguir haciendo música por necedad, por convicción porque tenemos esa necesidad de expresión”.

De 1974 a 1979, Decibel estuvo muy activo en directo, pero solo pudo registrar un disco (El poeta del ruido): “En ese tiempo nuestra producción pudo haber sido prolífica, pero nunca tuvimos los medios para hacerlo; hicimos muchas cosas que de haberse grabado adecuadamente hubieran producido cinco o seis discos más”.

En el periodo que va de 1980 a 2010, la banda, con cambios en su alineación, grabó tres discos y realizó esporádicos conciertos. En medio de esta intermitente actividad, Schmidt tocó fondo: “Estuve muy mal, me estaba muriendo por tanta droga y alcohol. Me metí tres meses a una casa de recuperación, pero no me sirvió. Salí peor y todavía estuve así cinco años; en 2010 finalmente logré dejar de drogarme y de beber; fue un cambio total, porque por primera vez me empecé a hacer responsable de mi vida de una manera integral”.

Walter, quien se considera a sí mismo un no-músico, comenta: “En realidad nunca me he considerado músico, mis aportaciones, te lo podría decir Alex (Eisenring, integrante de Decibel) al grupo son más ideas que mi desarrollo instrumental. Así que si alguien me dice ‘qué mal músico, qué mal bajista eres’, ay, yo también lo pienso, pero tengo muy buenas ideas. Lo que no tengo de técnica lo suplo con ingenio y con maña. De eso se trata para mí, eso es lo que me motiva a hacer música”.

Él también formó parte de Size —grupo del cual circula el documental Nadie puede vivir con un monstruo, dirigido por Mario Mendoza— y de Casino Shanghai, dos grupos fundamentales en la historia del rock hecho en México, logros que él asume con modestia. Como solista, ha realizado tres producciones poco conocidas: “Discos Abronia es un capricho, mi sello personal, privado, por eso los dos primeros álbumes no fueron de más de 50 copias. El primero es Bosques de niebla, le sigue The Wooden Soldier and the China Doll, que es un poco precursor de los loops y todo eso. Está influenciado por una obra de Steve Reich que se llama Come out, es una copia del concepto porque los resultados son muy diferentes, son materiales sonoros distintos. Incluso se adelanta a los DJ’s de ahora porque lo que hice fue agarrar un foxtrot y trabajarlo con loops. Ríos de sangre, el último, apareció en Luna Negra, el sello del Dr. Fanatik. Es un disco que trata del abuso hacia los niños. Hay quienes creen que porque yo no me asumo como músico, quienes me acompañan tocan de la chingada y no, para nada. He estado con los mejores músicos de vanguardia de México como Juan Carlos Ruiz (Nazca, Arteria), Ramsés Luna (Luz de Riada) o Alejandro Sánchez (Nazca, Saena). Y si nos vamos a las épocas de Cómo México No Hay Dos (en los setenta), este fue un semillero de músicos que después hicieron muchas cosas”.

Además de un precursor sonoro, Walter es un periodista que escribe desde principios de los setenta y que a medidos de esa década dirigió la revista Sonido. Sus textos fueron fundamentales para dar a conocer otras maneras de hacer rock y desde sus páginas difundió, incluso antes que en Estados Unidos, importantes vertientes sonoras como el Rock en Oposición, el Krautrock o el synth pop, cuando este aún era llamado techno pop, y que de no ser por sus escritos, hubieran pasado desapercibidas en nuestro país.

Probablemente la faceta menos conocida de Schmidt sea su fascinación por los reptiles, a los que él llama cariñosamente “sus bichos”. “Recientemente me he concientizado de de que trato de hacer todo al chile, realmente en todo lo que hago no soy muy paciente, salvo en cosas excepcionales, como mi libro de lagartijas, porque ese sí no lo he soltado en cinco años y quedará terminado hasta que yo crea que está todo lo que debe contarse acerca de diferentes especies”.

El futuro se antoja promisorio para este hombre que cierra esta charla un poco decepcionado de la modernidad: “Cuando era chavo me imaginaba el año 2000 con carros voladores y cosas así. Y me causa una contradicción, porque fuera de las computadoras se me hace que es muy ranchero el siglo XXI. Eso es lo único que tenemos de moderno…”

DAVID CORTÉS

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