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Valdano, ese encantador de serpientes

Para esta generación de comunicadores, la figura del argentino es esencial, porque inauguró un lenguaje para interpretar el futbol en un ambiente donde los especialistas parecían bajados de un camión de redilas.
Para esta generación de comunicadores, la figura del argentino es esencial, porque inauguró un lenguaje para interpretar el futbol en un ambiente donde los especialistas parecían bajados de un camión de redilas. (Jesús Quintanar)

PEPE EL TORO ES INOCENTE

Jairo Calixto Albarrán


Para esta generación de comunicadores, la figura del argentino es esencial, porque inauguró un lenguaje para interpretar el futbol en un ambiente donde los especialistas parecían bajados de un camión de redilas. Y él, campeón del mundo, con una idea diferente, habla sobre Messi, Maradona, el Mundial del 86 y sobre cómo “leer la cancha”, un término que hoy utiliza cualquiera...


En esta entrevista por su nuevo libro, "Futbol, el juego infinito" (Penguin Random House), realizada en el programa "Charros vs. gángsters", en MVS Radio, junto con José Luis Guzmán, "Miyagi", Valdano nos habla de todo y sin medida.

Valdano: La globalización en el futbol termina reflejando la enorme representación de la riqueza; cada vez hay menos equipos y menos jugadores que ganan muchísimo dinero, y muchos equipos y muchísimos jugadores que luchan por subsistir, hacerse su signo de tiempo. La globalización por un lado permite un mundo sin ley, al no existir la frontera, la famosa mano invisible del mercado, que no alcanza a resolver todos los problemas que tiene la gente común.

“Nosotros hemos tenido la suerte de la depuración de la FIFA por el FBI (agencia de investigación de Estados Unidos), lo que es bastante desmoralizador y habla muy mal del futbol. Dos grandes continentes que animan el juego, como son América y Europa, tuvieron que rendirse ante el rigor de los norteamericanos, que llegaron a poner orden y a decir que esto estaba administrado de una manera realmente lamentable.

“Hay cosas que nos siguen desmoralizando. Esta semana nos enteramos de que Blatter y su secretario general (Jérôme Valcke) habían repartido bonos de 70 millones de dólares, y para defenderse dijeron que era legal. Yo no discuto que sea legal, pero tampoco hay que discutir que esos bonos sean decentes, que ofenden mi inteligencia. Yo suelo decir, pero ya me estoy arrepintiendo, que en el futbol hay menos corrupción que en otros sitios, porque hay más gente mirando. Por lo menos cuando uno juega un partido hay 70 mil testigos o 100 mil testigos o millones de testigos, si hablamos también de la televisión, por eso el hijo del presidente no es el delantero central del equipo, sino lo sería”.

¿Cómo defines el futbol infinito? Es un recuento de historias, de leyendas, de grandes bases, como la frase que dice: “para los argentinos lo importante es jugar la pelota”...

Ahora hay mucha gente mirando de la ranura de la puerta hacia adentro a ver qué ven. Muchos intelectuales le han ido perdiendo el miedo al futbol. Mi singularidad es que yo estoy del otro lado, de la puerta mirando hacia afuera y lo que hago es efectivamente aprovecharme de las leyendas, de héroes, de anécdotas, para analizar la orina del enfermo. Ver qué está ocurriendo con el futbol y qué se está modificando y, a veces, lo digo abiertamente, a través de una idea que me parece interesante, que refleja el cambio; otras veces me apoyo en jugadores y entrenadores, o en grandes leyendas de todos los tiempos para marcar precisamente la diferencia que hay entre esto y aquello.

“Por ejemplo, lo de Pelé o lo de Eusebio, que un día a la semana se reunían con futbolistas de otros equipos, comían juntos, luego se iban en tranvía al cine porque no tenían mucho dinero para el taxi. Yo aprovecho para decir que ahora si ves a un futbolista en tranvía es porque compró el tranvía.

Esta diferencia entre ricos y pobres es muy notable en el futbol…

Lo que estás diciendo me recuerda exactamente lo que ocurrió hace 30 años. Ya estábamos concentrados, pero fuimos a jugar un partido amistoso a Barranquilla, Colombia. Inauguraban un gran estadio y lo inauguraba Maradona. Era un gran estadio en medio de una zona muy deprimida, pero era un estadio realmente impresionante.

“Cuando llegué me encontré con un artículo del obispo de la ciudad, en el que decía que era una locura el contraste entre la pobreza y la opulencia desde el futbol, un fenómeno absolutamente popular que nos sirve exactamente para divulgar culturas, si no para soltar pasiones. Me pareció una reflexión muy inteligente, con mucho sentido ético.

“Se jugó el partido en medio de una multitud impresionante a la que solo le faltaba llorar de alegría por ver a sus ídolos en el campo. Al día siguiente el obispo hizo otro artículo desmintiéndose y pidiendo perdón por lo que había comentado el día anterior. Quiero decir que hay en el futbol una fuerza y nadie parece querer combatirla, porque a los políticos les da miedo perder electores, a los obispos fieles… Es como opinar contra el resultado: nadie opina contra el resultado. En este juego en el que la pasión y la opinión quieren ir juntas es una relación imposible.

¿Por qué si el futbol es tan extraordinario, nadie ha podido captarlo y llevarlo en el cine?

Creo que es imposible. Carlos Marañón acaba de sacar un libro en España, en el que habla de todo lo que hizo el cine en torno al futbol. Es un libro de 400 páginas y uno se encuentra con muchas más películas de lo que se podría imaginar, de lo que yo podría haber imaginado.

“No hay guionista que supere cualquier partido de futbol. El futbol tiene su propio guionista y es extraordinario, no hay quien lo pueda igualar y, además, es muy difícil representar desde la actuación la dinámica de un partido. Se puede contar el futbol y hay películas que lo hacen, como Quiero ser Beckham, no sé. Hay un montón de películas que cuentan el entorno del futbol, pero cuando se quieren meter dentro de la cancha para representarlo cuesta muchísimo trabajo.

“Hay algo de artificialidad (en las películas) que llega al espectador. Creo que hay mucho que contar del vestuario, de los alrededores, porque los jugadores son unos auténticos héroes y animan historias, pero meterse en la cancha es difícil para el cine, muy muy difícil, incluso para los novelistas. Un juego tan salvaje, tan sentimental y tan impredecible es difícil de reproducir”.

¿Qué momento del futbol pensarías “me gustaría ver en el cine”? Esa jugada, ese partido, ese gol, ese triunfo, esa derrota…

Pienso en el que empieza a asomar ya como el mejor partido de la historia del futbol, que es el Inglaterra-Argentina que se jugó en México hace 30 años. Hace apenas 10 días pasé por México en un viaje relámpago y compre un libro de 300 páginas, se llama El juego y habla exclusivamente de ese partido. Me lo devoré porque yo ahí estaba y no hubiera podido escribir ni dos folios del partido, ni un cambio de juego, lo que hace la imaginación con los partidos.

“Si me preguntaran sobre ese partido diría: el peor de Argentina en el Mundial clarísimamente. Fue un partido horrible, desastroso, pero no me creería nadie. Fue horrible, yo siempre fui a contrabando del partido, eran pelotazos por aquí y por allá, la gente se pegaba a la tribuna porque había sido la prolongación de (la guerra de) las Malvinas y estaba muy fresco el episodio”.

Ese libro refleja esa idea…

De repente apareció Diego y con dos impactos puso el partido del otro lado de la historia.

¿Y sí fue mano?

Sí fue mano. Yo debo decir que no la vi, estaba cerca, estaba en el borde del área. Diego me tiró una pared a mí, yo la quiero disputar, choco, me caigo al suelo y noto como la pelota toca a mi rival, afortunadamente, porque sino Diego hubiera estado fuera de juego.

“Y desde el suelo lo veo a una distancia de 10 o 12 metros. Me quedó la sensación de que con la cabeza no pudo haber llegado ahí, pero fue por suposición, no porque haya visto la mano. Luego ya en el grito de Diego vi que su grito tenía una duda adentro. Diego gritaba y miraba el árbitro, entonces fuimos todos, los rodeamos. Digamos que estaba haciendo tan mal  de actor que lo cubrimos”.

Hablas de Diego. ¿Y Messi?

Igual de genio en la cancha. Menos artístico que Maradona, pero con más eficacia porque tiene gol. Messi te gana uno de cada tres partidos. Es menos expresivo, con menos poder de comunicación y eso lo pone en otro lugar sentimental entre los argentinos. Y no es verdad que necesite un Mundial para equipararse a Maradona, aún ganando un Mundial no va hacer posible ganarle emocionalmente a Diego.

“Porque le tendría que ganar un Mundial a un país que nos declare la guerra. Tendríamos que poner la guerra y una mano. Pero tiene una ventaja Messi, lo cuento en el libro. Los futbolistas son héroes sin necesidad de gestas políticas y sociales, da la sensación de que el tiempo va a poner a Messi como uno de los mejores jugadores de la historia”.


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