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Todavía hay buen rock esta noche

La Orquesta Mondragón no tendrá un espectáculo tan colosal como el del pionero de Pink Floyd, pero su show es maravilloso, divertidísimo y 100% rocanrolero.
La Orquesta Mondragón no tendrá un espectáculo tan colosal como el del pionero de Pink Floyd, pero su show es maravilloso, divertidísimo y 100% rocanrolero. (Karina Vargas)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh

“El sonero murió, pero la rumba sigue”:
“Cuando muere un sonero”

Mucha gente está de luto por los grandes del rock que, en este desfalleciente 2016, se sentaron a la diestra del Rey del rock: David Bowie, Prince, Leonard Cohen, Paul Kantner, Maurice White, Keith Emerson, por mencionar solo unos cuantos.

Cual verdaderos ídolos, murieron en la raya; creando, haciendo lo único que sabían hacer: rock. Sus cuerpos ahora alimentan los gusanos que trepan por los árboles que un día se convertirán en brazos de guitarra. Ya no están más aquí, pero quedan sus discos, memorias redondas. Quienes tuvieron la fortuna de asistir a uno de sus conciertos tienen un extra: la experiencia, atrapada en un bello recuerdo. La memoria, más poderosa y fidedigna que cualquier imagen de smartphone, es la que ilumina nuestros sueños; los pelos de la carne de gallina en un concierto son antenas que recogen el rocanrol del ambiente y lo procesan en forma de genes rocanroleros.

No todos son roqueros muertos. Hace poco vino Roger Waters a México, haciendo gala no solo de su excelente música, sino de un espectáculo monumental, con cerdos voladores, hologramas, fábricas instantáneas. México, siempre fiel al rock, gozó el show y celebró las indirectas al gobierno.

La Orquesta Mondragón no tendrá un espectáculo tan colosal como el del pionero de Pink Floyd, pero su show es maravilloso, divertidísimo y 100% rocanrolero.

El 15 de noviembre se presentó en el Lunario aquella banda pionera de La Movida de los años setenta y ochenta (de la que emanaran bandas como Alaska y los Pegamoides, Nacha Pop, Siniestro Total, Loquillo, etc.), presentando su último disco: Anda suelto Satanás (llevando por título la composición de Luis Eduardo Aute, con duetos con Alejandra Guzmán, Moderatto, Mago de Oz, etc.).

Acudimos Pame Andrade Ferráez (cantante versátil), Oscar Quezada Tacho (colega de esta redacción y ex saxofonista de La Capa de Batman), Ricardo Rivera Dodosito (conocedor de todas las canciones y ex bajista de la misma banda) y un servidor (autor de esto que leen y ex cantante de la misma banda). A pesar de que Pame es la más joven y millennial, fue la única que se supo todas las canciones.

Haciendo cola, nos preguntamos. “¿Quién es realmente la Orquesta Mondragón?”. Nos respondimos a coro: “Pues Javier Gurruchaga, el enano Popotxo y los demás” (es como la Sonora Santanera: “Es el del cabello blanco y los demás”).

La Orquesta Mondragón pertenece a una tradición rocanrolera española que combina la música con la puesta en escena de comedia (Los Toreros Muertos, No me pises que llevo chanclas, Mojinos Escozíos y otros). En la Orquesta todo es humor, sorpresa, cabaret, por eso ni molestó el hecho de que René Franco fuera el presentador, sino que se tomó como un gag surrealista.

La Orquesta sonó excelente, con juegos de luces y dos pantallas que pasaban documentales de Gurruchaga, aviones en blanco y negro y películas mudas. Interpretaron sus grandes éxitos: “Corazón de neón”, “Adiós, adiós”, “Ponte la peluca”, etcétera, y cóvers de los Beatles (por cierto, el 27 de agosto del 2012, la Orquesta se presentó en The Cavern Club de Liverpool, invitada por Julia Baird, hermana de John Lennon). El smash que al final hace la Orquesta de “Lola Lola” con “Hey, Jude” es festiva e hipnótica.

No faltaron los disfraces ni la improvisación escénica: Gurruchaga y Popotxo, con una vitalidad impresionante, cambiaban vestuarios excéntricos: sombreros de copa, camisas floreadas, lentes y gorro de aviador, uniforme de botones, etc. En “Caperucita feroz” salió bailando una sensual buza caperuza; en “Ellos las prefieren gordas” (que también grabara el Piporro) una mujer gorda salió a bailar en plan burlesque. Al final todo el elenco echaba desmadre ante un público desbordante de alegría, vitalidad y rocanrol.

Al final, como todo un trabajador del rock, Gurruchaga pidió que compraran su disco, “pues de esto comemos”, dijo con la sencillez de alguien que sabe que parte del rock consiste en atesorar esas memorias redondas, ajenas a la bajada en línea, fría como la muerte.

El 18 de noviembre también hubo concierto y presentación del disco Pájaros y cuchillos, de Monocordio, banda formada por mi cuate Fernando Rivera Calderón (pionero de El Pasón), haciendo un trío con los hermanos Alonso y José María Arreola. Monocordio nos muestra ahora un rock más duro, intenso y maduro. Si por falta de recursos económicos usted no puede asistir a sus presentaciones, al menos compre su disco, para que el rock siga latiendo a ritmo de bataca.

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