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Taller de gráfica para barrios olvidados

Triciclo

por Dalia Perkulis

El Chanate Móvil es un taller ambulante de gráfica que llega a los niños que habitan barrios marginados por la pobreza o la violencia. Es como esos triciclos en los que se venden papas fritas o pan dulce, pero este trae un pequeño tórculo para impartir taller de grabado y también una galería para exhibir obra que, en el caso de su reciente visita al DF, fue de artistas visuales de Torreón, Coahuila, con piezas representativas de la coyuntura violenta que vive ese estado lagunero.

“Nos hemos metido al barrio más caliente de Torreón, que es el punto por el cual dos cárteles se peleaban, el Cerro de la Cruz, y ahí atendimos a 80 morritos”, cuenta Antonio Darcko, artista visual torreonense y tallerista itinerante. “Estuvo muy chingón, aparecernos y de repente uno va y le grita al otro y de pronto ya teníamos 80 niños ahí queriendo pues ser atendidos. Son barrios que fueron olvidados”.

Para justificar la necesidad de este proyecto, el artista cuenta una anécdota: “Un día mientras pintaba en un barrio del poniente, se acerca un chavito y me dice: ‘Oye, yo quiero pintar contigo’. Le digo: ‘Va, ahí están las latas’. Deja su mochilita, este niño tenía 14 años, y se le cae un revólver. Le digo: ‘Güey, deja esa pinche pistola y agarra las latas’ y me dice: ‘No, es que aquí la tengo que tener, porque uno nunca sabe, en cualquier momento brinca el enemigo”.

La canasta básica del Chanate Móvil es el monotipo, que consiste en entintar una placa, los niños dibujan en ella y se llevan su obra impresa. Se hace también grabado en foamy e, incluso, han impartido taller de punta seca sobre aluminio. “Básicamente todo lo que tenga que ver con no ocupar ácidos, que salga el trabajo así como las tortillas, inmediato”, dice Antonio Darcko, quien tiene programada una exposición individual en el DF para el primer trimestre de 2014.

La idea del taller triciclo fue de Norberto Treviño, quien lo construyó en Torreón con un equipo de artistas visuales: Jesús Soto, Alicia Aragón, Santiago Espericueta, Carlos Zamora y Antonio Darcko. El Chanate rueda arte contra la violencia desde febrero de 2013.

Es un artefacto que se construyó a base de donaciones. Una tienda de bicicletas de Torreón donó el triciclo, otra empresa los acrílicos (que exhiben las obras), un herrero donó su trabajo, el tórculo para hacer gráfica es japonés y se pagó... pues con donativos. “Me conmueve hablar del Chanate Móvil —dice Antonio Darcko— porque luego los funcionarios en su retórica blablablean sobre la recuperación de los espacios públicos, el fortalecimiento del tejido social, que la cultura nos puede ayudar a todo esto… Sí, ¿y? Se queda en el blablableo. Es tan fácil pues aportar algo, y esto es lo que nosotros estamos demostrando”. Se emociona: “Yo le tengo mucho cariño a ese artefacto, porque en un momento como el que vive Torreón, está diseñado precisamente para meternos en las colonias que no les importan ni a los empresarios ni a los políticos”.

Del 6 al 8 de diciembre el Chanate Móvil anduvo desatado en el DF: en el encuentro de artefactos móviles; en el encuentro de talleres de gráfica contemporánea A Tiro de Fuego, en el Museo Nacional de la Estampa; en La Cebada, estudio en la Ciudad de México del artista visual oaxaqueño Demián Flores, padrino del Chanate Móvil. Ahí se presentó el artefacto como objeto protagonista y a su vez exhibió piezas de sus progenitores, quienes además impartieron talleres a niños en Xochimilco, el Chopo y Tláhuac, amarraron invitación a Oaxaca y a Puebla para el 2014 y al DF de vuelta pronto.

Ha pasado por festivales como Entijuanarte (Tijuana), donde ya es invitado permanente, y por el Festival Revueltas en Durango. Es una extensión del Taller de gráfica del Chanate, situado en Torreón, que cumplió 13 años en noviembre.

“Si a un niño le pones un pincel, un libro, un instrumento musical, de adulto no va a agarrar un arma, porque el arte aparte de que sensibiliza, concientiza, te despierta, te hace clics en el cerebro”, se apasiona Antonio con su causa. Insiste: “Estos niños pueden sentir eso también, pueden involucrarse. Yo lo he visto, cuando a los niños les cuentas un fragmento de El Principito o cuando están dibujando y luego ven el resultado de su trabajo, esos ojos al abrirse hacen un clic y ese clic se les puede fomentar”.

Sentencia: “Yo no quiero un mundo de puros artistas, nos mataríamos los unos a los otros, a lo mejor no con armas pero de otra manera, lo que sí quiero es que generen conciencia, o sea, quiero un abogado educado, un empresario, un político educado y la cultura de las artes educa, educa más que las universidades”.

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