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Steven Wilson: “Un álbum es como una buena novela”

Steven Wilson
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
David Cortés

"¿De México?". La línea telefónica tiene algo de estática, pero a través de ella la voz de Steven Wilson se alcanza a escuchar: "Hace un par de años que no he estado allí. Tengo una fuerte conexión con el país y con el público, lo siento como mi casa y ya tengo muchas ganas de estar allá. Es un país que me fascina, como en muchos lados tienen sus problemas, pero siento que hay algo muy pasional en la gente que lo hace único y lo adoro".

Guitarrista, productor, compositor y líder de Porcupine Tree, Wilson lanzó recientemente su nueva producción como solista titulada Hand. Cannot. Erase, misma que presentará en un par de conciertos a mediados de mayo en el Plaza Condesa. Mientras llega el momento, él habla de ese disco basado en la historia verídica de una chica que murió y permaneció sin ser descubierta por tres años. "Escribir —dice— desde la perspectiva de un carácter femenino fue diferente a lo que acostumbraba, hacerlo de una persona que se encuentra aislada y alejada del resto de la humanidad fue difícil. Pero disfruto los retos".

Para Wilson, la trágica historia que le permitió realizar este trabajo es a la vez el reflejo de la vida en un mundo convulso: "La historia me permitió explorar diferentes caminos; por ejemplo, destacar el aislamiento en el que vivimos en la actualidad, el hecho de que todos estamos conectados por las redes sociales, pero al mismo tiempo desconectados de los seres humanos más inmediatos que nos rodean. Quise escribir del mundo moderno, cómo se vive en él, cómo se vive en una ciudad dura, particularmente como Londres".

Criticado por la ortodoxia progresiva, el guitarrista ha creado, ya sea con su grupo o en solitario, un sonido propio, una amalgama de pop, reminiscencias clásicas y rock progresivo, mezcla que, considera, surge de manera natural. "Aquí hay elementos de pop, de progresivo o como quieras llamarlo. Al grabar mis discos nunca pienso en una tendencia. Para mí, se trata de buena música, escucho diferentes tipos de ella y no me acerco a la música conscientemente, con un estilo en particular, no hay una estructura mental perfectamente detallada, no soy esa clase de músico, solo hago lo que me nace".

Y prosigue: "No me gusta la música porque pertenezca a un género específico, me gusta aquella que tiene una fuerte personalidad y puede ser cualquier cosa, desde extreme metal a country o progresivo. Los sonidos con los que crecí fueron los de los 80, fui fan de The Cure; The Smiths fueron muy importantes para mí. Esa música fue determinante porque es lo que escuchaba cuando crecí con mis amigos y la que estaba a mi alrededor".

Wilson pone el dedo en la llaga al hablar de la diferencia entre la buena y la mala música. Y tras pensarlo un momento, señala: "Creo que al final del día la diferencia entre alguien que crea música desde el corazón y quien la hace para entretener, es que gente como yo lo generamos de una manera bastante egoísta, la hacemos para nosotros mismos, hacemos lo que nos satisface. No puedo componer y pensar en lo que otra gente desea o qué es lo que la gente espera de mí. Quien hace música desde el corazón, no se compromete con nadie, yo he sido muy afortunado desde el principio de mi carrera al alcanzar una audiencia y tener fanáticos que aprecian lo que hago. Si me dijeras que Picasso hizo sus pinturas para satisfacer a otras personas, no te creería".

A lo largo de su carrera, Wilson también ha impulsado el regreso a los discos conceptuales. Sus argumentos en contra de la escucha de canciones y no de álbumes en su totalidad se ha rodeado de polémica, pero en ningún momento considera que esa actividad sea una especie de evangelización: "Me gusta la analogía de que un álbum conceptual es como una película o una buena novela. Para mí no es extraño que te puedas acercar a la música pop con esa misma filosofía. Crecí enamorado del cine y de la literatura de la misma manera que me enamoré de la música y siempre he creído que esta es capaz de contar historias igual que lo hacen los directores de cine o los novelistas".

Esa fragmentación en la escucha, el ceñirse a pedazos de una obra y no a la totalidad de ella le hace ruido, mucho, a Wilson: "Tiene que ver con la atención de la gente, esta se vuelve más y más corta porque estamos rodeados de miles de canales de televisión, de abundante información, y es difícil concentrarse en una sola cosa por un periodo largo de tiempo y eso es desafortunado, pero no es un problema que ataña a la música, es un problema que ahora tenemos, no hay argumentos para comprometernos con algo por más de cinco minutos. El 95 por ciento de los espectadores, según un estudio reciente aparecido en el periódico, nunca llega al final de lo que esté escuchando o viendo y eso dice mucho para mí del mundo en el que vivimos ahora. Y aunque no cambiará pronto, me gusta saber que allí afuera hay unos cuantos deseosos de escuchar obras completas y no lo que les dicen las grandes corporaciones".

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