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‘Star Wars VIII. The last Jedi’: El imperio resquebraja

Star Wars VIII
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Carlos Velázquez

Cuando Disney compró a Lucas Films los derechos de Star Wars para convertirla en franquicia, la nerdiza se desbarató de júbilo. La existencia de una película anual sobre los jedis indefinidamente sería una borrachera de azúcar eterna. El despertar de la fuerza, el episodio siete en esa cronología arbitraria, revivió la llama de la pasión como no lo había conseguido ninguna película de la segunda trilogía. Tampoco es que el reto fuera demasiado exigente, con excepción de La venganza de los Sith, el regreso de George Lucas con su proyecto legendario era por lo menos medianón. No lograron estar a la altura de sus predecesoras. Sin embargo, los fans no rechistaron. Estaban felices de conocer los orígenes de Darth Vader.

El punto álgido de la relación se alcanzó con Rogue One. Un spin-off del que se esperaba poco y sin embargo se ganó el respeto de todos los fans. Con una dureza inusual por parte de Disney, no se tentó el corazón para hacer carnitas a todos los protagonistas de la cinta. El mundo rosa que siempre ha sido promovido por Disney no trastocaría el espíritu de Star Wars. Entonces se estrenó The last Jedi. Y todo se derrumbó. Lo que parecía imposible sucedió. La mcdonalización de la saga. Un alto porcentaje de seguidores pusieron el grito en el cielo ante la herejía que representaba el episodio ocho. Ha sido tan grave el agravio que han sentido que la petición de que Disney no continuara con el proyecto comenzó a viralizarse en foros de Internet.

En el capítulo siete, en cuanto aparece Han Solo en pantalla a más de uno se le escapó la lagrimita de Remi. Lo mismo esperaban de The last Jedi al ver a Luke Skywalker, pero ocurrió el efecto contrario, predominó el disgusto generalizado. El entusiasmo dio paso a la injuria, la desacreditación y la desacralización de algo que hasta el momento se consideraba sagrado. La lista de los disconformes es amplia. La que más encrespó a los starwarsianos fue la inmadura actitud de Luke. Querían a uno más sabio, que se comportara acorde con su edad. Sin embargo, desde la aparición de la saga, Luke fue un personaje infantiloide. Por lo que existe coherencia con la personalidad del jedi del presente.

Otra de las molestias fue que la Princesa Leia levitara en el espacio. Pero lo que más despertó el encabronamiento de los fanáticos fue la alteración en la mitología de los jedis. Según los principios de esta prole, nadie que no pertenezca a la orden puede tocar un sable láser. Sin embargo, hay una fisura en esta visión. En El imperio contraataca, Han utiliza el sable de Luke. Pero fuera de este, nadie lo había hecho. Y en The last Jedi esto se perdió, personajes que no son jedis usan sables para pelear. Y lo que causó un escozor en particular fue la revelación sobre los padres de Ray. Hasta antes del estreno se especuló hasta el cansancio el origen de Ray, todo mundo presumía que Luke era su padre.   

Al revelar que los padres de Ray eran unos don nadies, se altera el relato que dicta que la sangre era la única capaz de engendrar a un Jedi. La inserción de Snoke también alentó el desagrado, en un universo en el que al espectador se le había explicado hasta el último detalle, desconocer la procedencia de Snoke es un hueco en la cosmogonía Star Wars. Y no se diga el proceder de Kylo Ren. En su cuenta de Twitter, Luis Resendis (@lepetitemachine), describió a la perfección el imperante kylorenismo: “me encanta que kylo ren despierte tanto odio entre los fanáticos hardcore de star wars, básicamente porque es su fiel reflejo: un niño iracundo y berrinchudo, movido no por el odio o la rabia sino por las ganas de replicar los grandes relatos de su infancia”. Las quejas siguen y siguen.

Pero a pesar de las inconsistencias atrás enumeradas la realidad es que The last Jedi es una gran película. Para muchos traiciona toda clase de preceptos, sin embargo dista mucho de la parquedad promovida por La amenaza fantasma y El ataque de los clones. Como sucede con algunas bandas de rock, que te gustan a los 17 y te cagan a los 30 (pero que ya le gustan a otros) Star Wars va a perder seguidores y va a ganar nuevos fanáticos. El argumento (si se le puede llamar así) de que ahora es una película para niños poco se sostiene porque llevaría a otra discusión que no es pertinente. Si alguna vez Star Wars fue para adultos. Si la mayoría de sus fans eran pequeños al momento de hacer contacto por primera vez con su cosmovisión.

Existen algunos momentos telenovelescos entre Kylo y Ray. Su manera de comunicarse, que después confesó Snoke que fue él quien estableció la conexión entre las mentes de ambos. Algo que resulta innecesariamente imbricado. Y que por momentos se vuelve un mercado de lágrimas. Pero era la única manera de mantener la tensión narrativa entre los dos personajes. Al no encontrar otra manera para enfrentarlos, se decidieron por la más barata. Pero no alcanza a demeritar la cinta, que se aligera gracias a las otras historias que se desarrollan. La de los intentos de la rebelión por mantenerse a salvo. Donde aparece un Benicio del Toro en un personaje muy similar a Han Solo. Que incluso traiciona a Finn y a Rose que no dudemos en la siguiente película se incorpore a las filas de los rebeldes, como lo haría Han en la primera trilogía.      

The last Jedi cuenta con momentos sensacionales. Por ejemplo, la maniobra de Luke al momento de enfrentar a Kylo. Quizá lo ideal era una batalla entre ambos, en su lugar a partir de la fuerza Luke hizo un acto de duplicidad. Se presentó en, por decirlo de alguna forma, espíritu ante su oponente. Al que engañó y gracias al tiempo ganado la resistencia consiguió huir. Este acto de magia es un truco que no le conocíamos a los jedis. Después de desaparecer del campo de batalla, Luke se desmaterializó del mundo. Y murió por el esfuerzo realizado.

Lo que todos esperábamos era un tiro entre Kylo y Ray, que no se produjo porque seguro se lo están reservando para la siguiente película.   

El final, aunque cursi, posee todo el espíritu Star Wars. El mensaje es claro. La guerra apenas comienza. Traducción: esperen muchas, pero de verdad muchas películas más sobre Star Wars. Poco a poco se despiden los personajes que la hicieron legendaria, han muerto Han y Luke, y son suplantados por nuevos, diferentes a los que crecieron con nosotros.         

El imperio se resquebraja, el reto de Disney es volver a ganarse a los fans. Algo que tampoco luce complicado. Si soportaron la segunda trilogía de Lucas pueden soportar una capítulo ocho con altibajos. Pero más allá del berrinche, en cuanto al relevo generacional Star Wars ha dado un paso que ninguna otra saga ha conseguido: ni Harry Potter, ni El señor de los anillos, etc., mantener vigente uno de los relatos más portentosos de los últimos tiempos.

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