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#Sobredosis de Jack Bauer

Jack Bauer
(Apache Pirata)

Jack Bauer quizá tenga el récord de haber salvado más veces al mundo libre que Superman, sin haber recibido un reconocimiento o un aplauso, ya no digamos el beneficio de la duda.

Bueno, es que Jack, además de su incapacidad para hacer amigos y la facilidad para hacerse de adversarios, tiene peor suerte que Pedro Infante en ATM. Todos aquellos que se le aproximan en operativos y misiones, están condenados a morir o a tener experiencias que parecen diseñadas por Eurípides.

Lo suyo son las tareas a domicilio, allá donde un presidente es amenazado, una bomba nuclear está a punto de estallar; ahí donde se confabulan terroristas y canallas en su eterno afán por dinamitar el american dream, el distinguido Jack, desprovisto de del glamour de James Bond, pero debidamente apertrechado con las herramientas para el dolor y la barbarie al servicio del Tío Sam, ha podido destruir complots criminales en serie con la única metodología que conocen los enemigos de la libertades, los sátrapas y los sociópatas: el sadomasoquismo.

Es por eso que a sabiendas de ser un ave raris en un planeta que aspira a creerse civilizado y políticamente correcto, Jack Bauer, agente federal reclutado por la Unidad Anti Terrorista, un profesional de la tortura y del sacrificio, le espeta a un senador que quiere encarcelarlo por no ser más humanista: “Lo peor es que el mundo necesita a gente como yo”.

Y así, cuando se plantean las cosas en extremo, no parece haber otra salida. No se pueden contrarrestar bestias con agua bendita, ni velocirraptores con códigos de ética que solo los ingenuos respetan. Esa es la gran disyuntiva de Jack: recurrir a su sabiduría sangrienta para impedir que estallen bombas químicas y se desate una estampida de atentados, o cumplir con las exigencias del debido proceso para que las buenas conciencias descansen en paz en lo que revienta el mundo.

Mientras el gobierno recurre a la aritmética para calcular que la muerte de unos pocos ciudadanos vale siempre y cuando a sus costillas se puedan salvar a cientos de miles, a Bauer le reclaman que le haya aplicado terapias de choque a un matarife para extraerle información que impediría que se cometan barrabasadas bacteriológicas.

El héroe no solo se enfrenta a basiliscos ponzoñosos enchidos de maldad sino a la burocracia que a lo zombi se adhiere tramposamente a lo que va conforme a derecho.

Interesante y provocador, típico de la casa Fox productora del serial, que en medio del debate sobre los derechos humanos, el estado de derecho y la aspiración a un mundo civilizado, 24 retorne con este espíritu reactivo, pensarán algunos.

Decía García Márquez que “Morirse no están fácil como se cree”. Lo mismo pasa con Jack Bauer: Rescatar lo que queda del planeta es más sencillo que pedir una orden judicial, con original y copia, a ver si le dan visto bueno a la geolocalización, captación de llamadas telefónicas y chequeo de correos y cuentas electrónicas.

Bauer sabe diferenciar. No es lo mismo seguir las normas para el sostén de las estructuras del sistema, que romperlas en situaciones de riesgo que de verdad ponen en peligro la seguridad nacional, no el tuiteo cotidiano con trolleo rudo incluido.

Para quien sea primera noticia, Jack Bauer es el protagonista de la serie televisiva estimulante, asombrosa, intrépida y con la estructura narrativa más adictiva, en ese periodo mágico anterior a Juego de Tronos, Mad Men y Dr House: 24, donde  todo ocurre en un solo día y cada capítulo corresponde, en tiempo real, a cada hora de esa jornada. Así, Bauer surfea adrenalínicamente sobre el denso oleaje de la histeria colectiva y la paranoia que se desatan después de los atentados a los Torres Gemelas. El terrorismo es la nueva Guerra Fría donde el enemigo foráneo no podría actuar sin el apoyo de colaboracionistas internos que medran en los sótanos de las intrigas palaciegas de la Casa Blanca.

Jack Bauer ha demostrado que  si bien el enemigo está en casa, el gran imperio por todos tan temido es en realidad un gigante poroso, dócil y aburguesado, víctima fácil y propiciatoria de todas sus desgracias.

Sería fácil decir que 24, la serie de la multinacional Fox, puede ser un producto instalado en la peor tradición macartysta y de la Doctrina Monroe, pero ha conseguido que su protagonista, Jack Bauer, encarnado por un especialista en antihéroes, Kieffer Sutherland (hijo del gran Donald y venerable actor de filmes de culto como Cuenta conmigo, Los chicos perdidos, 1969, Dark City y que, antes de entrarle al frenesí baueriano, encarnó en el filme Beat de Gary Walkow, a ese demonio por todos tan temido: William S. Burroughs, chamán entre chamanes de las exploraciones underground en sus versiones más alternativas), adquiere dimensiones insospechadas porque además de las eficiencias necesarias para un personaje de su categoría, profesional de la sospecha y desactivador de complots, tiene un elemento que lo hace distinto a esa fauna dedicada a la defensa a ultranza del american way: carece de escrúpulos, pero no de conflictos existenciales: En 24 se exploran territorios nebulosos con una esposa traidora a la patria, una hija inasible, un hermano maligno, un padre villanesco y siniestro, pseudocolaboradores que tienen su propia agenda, funcionarios padrotiles y seres que son abismo de porquería e inferiridad. Todo en medio de un caldo de cultivo para la terapia de choque: presidentes nixonianos, vicepresidentes del KKK, corrupción a toda escala y la depauperización del alma ciudadana.

Por eso Bauer es la neta, porque lo suyo es romper esquemas y con gran eficiencia demostrar por qué el dolor, según Cioran, es una sensación ambiciosa.

Quizá uno de los momentos cumbres en la carrera de Jack Bauer fue cuando su hija le habla por celular mientras un tipo siniestro pretende violarla y matarla. Ella tiene una pistola y, con toda calma, el padre le indica cómo quitarle el seguro y cortar cartucho. El maleante se acerca y Jack le da una lección rápida sobre a dónde apuntar para que la muerte sea segura. Ella, en el nervio, apenas alcanza a rozar al canalla que está por levantarse y caerle encima. Como padre responsable, Bauer le grita ¡Remátalo, remátalo, remátalo!, cosa que la chica, que no quiere ser desobediente, realiza descargándole el cartucho al tipejo. Lo que es la educación Montessori.

Jack, luego de andar en la clandestinidad como el doctor Richard Kimble, Kwai Chang Caine y David Banner, retorna a 24 Live another day, con su cultura del sospechosismo, más antisocial y neurótico que nunca, de la mano de su única y verdadera amistad: Chloe, geek que siempre termina por padecer la voluntad disruptiva de Bauer.

24 es patriotera, hiperviolenta y neurótica, pero su manufactura prodigiosa mantiene su fe en lo políticamente incorrecto.

Jairo Calixto Albarrán

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