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Serrat... ¡Eres único!

Serrat
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Laura García  Arroyo


Pero, ¿qué pasó hace 50 años? ¿Qué momento determinó el inicio de una de las carreras más destacadas de la canción hispana?

Corría el año 1964 cuando Joan Manuel Serrat Teresa, oriundo del barrio barcelonés de Poble Sec, charnego por su madre aragonesa y su padre catalán, y enamorado de la música de Juan Valderrama y Conchita Piquer, así como de los versos de Antonio Machado y Miguel Hernández, se reunía con tres compañeros de la universidad (ingeniería técnica agrícola, para mayores referencias) para tocar la guitarra y escribir sus primeras canciones. Su aparición en febrero de 1965 en el programa Radioscope, de Radio Barcelona, conducido por el promotor de la Nova cançó catalana, Salvador Escamilla, lo motivó e impulsó para grabar su primer disco con Edigsa. Por aquel entonces eran de vinilo y tenían cuatro canciones. Por aquel entonces componía y cantaba en catalán y sus temas eran de protesta, o más bien reivindicativos del sentir de una sociedad acechada por la dictadura.

Desde ese Paloma, publicado en 1969, han visto la luz alrededor de 600 canciones, más de 40 álbumes y un sinfín de escenarios en todo el mundo. Otra primera vez: su actuación en mayo de 1965, en Esplugas del Llobregat (como curiosidad, ciudad natal de Óscar Jaenada, nuestro último Cantinflas cinematográfico), junto con el cantante mallorquín Joan Ramón Bonet y la psicóloga y profesora de música catalana Remei Margarit. Y desde entonces no ha parado. Hay Serrat para rato.

Los que hemos crecido en la transición a la democracia española no podemos reconocer otra banda sonora familiar que la de las canciones de Serrat. No han sido pocos los años en los que he despertado cada domingo con su voz en la sala de casa de mis papás. Cuando la música se compartía y era un espacio común de todos los habitantes de un mismo hogar.

Mientras escribo estas líneas escucho uno de sus temas bandera: “Mediterráneo”, quizá el que yo propondría como himno nacional español, pues fuera de intenciones políticas, reivindicaciones bélicas y ensalzamientos de glorias históricas —y a falta de letra en la Marcha Real actual— hay algo en esta canción que nos hace llenarnos del sentimiento nacional al que apela todo himno patriota que se precie. Nada mejor que esos acordes iniciales para oler el mar, sentir la brisa y mirar al horizonte esperanzador. Serrat logra eso. Y es que hay algo de hogareño, de cálido, de familiar en las palabras y en la melodía del compositor.

Y no es poca cosa, más en un país en el que las acciones políticas e históricas (y hasta futbolísticas, me atrevería a decir) han enfrentado a la sociedad y se sigue debatiendo en parlamentos, senados, congresos, bares, casas y calles. Serrat ha estado siempre lidiando en la frontera de esos dos polos. Para muestra, su cancelación como representante de España en el festival de la canción de Eurovisión de 1968, cuando su petición de cantar en catalán el tema seleccionado —o una parte de él porque aún no se tiene muy clara la versión real, si fue el cantante o el representante el que decidió ese movimiento o si se trató de una presión del mando catalán más extremo o un giro comercial que no le resultó— derivó en un veto a su música en radio, televisión y en no pocas actividades públicas. Eran tiempos de censura y represión. Eran tiempos de dictadura. Curiosamente, en ese festival lo sustituyó Massiel y su “La, la, la” dio la primera victoria española en el certamen.

En 1975, dos meses antes de la muerte de Franco, justo cuando Joan Manuel aterrizaba en México, le preguntaron por un fusilamiento perpetrado por el gobierno del dictador. Su posición fue clara: se declaró contra la pena de muerte y aplaudió el apoyo a la República del presidente Echeverría, hechos que hicieron que se librara una orden de arresto en su contra que lo obligó a quedarse en México varios meses, hasta que se atrevió a regresar en 1976. Acogido por el pueblo mexicano (la familia Taibo, en especial), viajó a bordo de una camioneta bautizada como “La gordita”, conoció a Buñuel y a Rulfo (entre muchos otros) y amó esta tierra a la que siempre adora volver.

Ya de vuelta en la democrática España, el gobierno socialista de Felipe González le ofreció ser senador por Cataluña en 1982, pero declinó la invitación después de escuchar las palabras de su madre al consultarle: “Hijo, sé feliz”. Y parece que lo fue.

Orgulloso catalán, este poeta que pone música a sus versos, defiende su tierra y su idioma como nadie, pero —aclara— siempre dentro de una España de la que no se ve fuera. Al igual que conocimos la campiña y el paisaje provenzal de la mano del pintor francés Cézanne, recorrimos las calles y escuchamos los sonidos neoyorquinos viendo las películas de Woody Allen, corrimos a comprar un boleto de avión para visitar Estambul tras leer a Orhan Pamuk o dimos un brinco en el tiempo y fuimos espectadores de la mejor versión del Valle de México con los cuadros del Dr. Atl, Joan Manuel Serrat hace de la ciudad condal la pista de aterrizaje en la que empieza un viaje que arranca en las primeras notas de sus canciones. De hecho, existe un recorrido turístico para seguir los pasos de Serrat por Barcelona a partir de las canciones de uno de sus moradores más ilustres y queridos.

Joan Manuel, cuando no está de gira, es el noi, Juanito, el Nano, un vecino más, un amigo cercano y un ciudadano sencillo que le gusta rodearse de los suyos. Ese que pasea a su perro por el barrio, se asocia con dos amigos para comprar 300 hectáreas en el Priorato catalán donde produce cuatro tipos de vino (bodega que vendió este año después de temporadas de crisis y pérdidas), asiste al Camp Nou como un culé más (y hasta entona alguna de las versiones del himno barcelonista) y nos da un susto cuando su salud nos recuerda que no es inmortal (superó un cáncer diagnosticado en 2004). Ha sido imagen de campañas publicitarias, ha tenido algunas incursiones en el cine y, sobre todo, nos contagia su entrañable sonrisa.

Por eso hay mucho que celebrar. Y lo hace como mejor sabe hacerlo: cantando y saliendo de gira. El pasado 4 de noviembre se lanzó simultáneamente en todo el mundo Antología desordenada, un disco cuádruple con 50 canciones (sí, mismo número que años de carrera), acompañado de un libreto de 104 páginas, en las que el autor escribe en primera persona sus mejores momentos. Y para hacerlo aún más gozoso se ha rodeado de 31 amigos.

¿Se imaginan seleccionar 50 canciones entre 600 compuestas? ¿Juntar a Paquita la del Barrio, Calle 13, Mercedes Sosa, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Rubén Blades, Tania Libertad, Alejandro Sanz? Vaya, hasta Les Luthiers y Andreu Buenafuente están en esta lista, que bien podría ser la de una fiesta que Joan Manuel organizó para festejarse y para la que todos recibimos invitación.

Una mezcla perfecta de talento y dedicación, una versión estupenda de clásicos, arreglados nota a nota, un catálogo hispanohablante, reflejo de lo que es su público, su alma.

En febrero arranca una nueva gira que lo llevará a un centenar de ciudades y con la que parece advertir que su adiós está muy lejos. Porque no se va, siempre vuelve. Y nosotros siempre lo acompañamos.

Serrat… eres único. Siempre lo serás.

Felicidades.

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