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¡Salud, Peter!

Peter O’Toole
(Especial)

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo (¡y dónde!) nació este ídolo de la pantalla, empezando por él mismo: ostensiblemente, habría nacido en Connemara (County Galway, Irlanda), aunque otros afirman que vino al mundo en Leeds (West Yorkshire, Inglaterra), donde también creció. Existen partidas de nacimiento expedidas en ambos lugares; y él mismo acepta como su fecha de nacimiento el 2 de agosto de 1932, mientras que el certificado de nacimiento irlandés data de junio del mismo año. ¿Quién dice la verdad? Para alguien que se dedicó más de medio siglo a representar tantos roles como fuera posible, es un punto a estas alturas del poema, irrelevante.

Originalmente se educó para ser periodista, y para esas iba, pero cortesía de unos amigos de la universidad, lo sedujo la posibilidad de perderse en Shakespeare y pronto ya estaba en una compañía que viajaba por todo el país, misma donde conoció a la que sería su única esposa, la eximia diva galesa Siân Phillips —ella tan alta como él, casi uno ochenta, grácil, de melena negra, seguramente usted la recuerde como la malévola y calculadora Livia de Yo, Claudio— que fuera madre de sus dos hijas, Kate y Pat, entre 1959 y 1979, aguantándole prácticamente cualquier cosa: borracheras espectaculares, machismo profesional y doméstico, rabietas, inseguridades y numerosas infidelidades, aunque la gota que derramó el vaso fue cuando, cansada de ser su tapete y de que la pisoteara, ella misma se enredó con un actor más joven, provocándole a Peter un berrinche elefantino que culminó en divorcio y culpa católica para él y para ella en varios años de terapia y una eventual liberación de su codependencia alcohólica —para disgusto de O’Toole, ya divorciada, Siân fue la voz y el rostro público para una campaña de los grupos familiares de Al-Anon, si bien ella no lo mencionaba nunca en su campaña, o al menos no de manera directa, todo mundo sabía que habían estado casados—. Sin embargo, también tuvieron buenos tiempos y él fue el primero en reconocerlo, ya que a ella no le importó viajar con todo y una hija bebé a las ardientes localizaciones de Jordania, donde se rodaba Lawrence de Arabia (1962, obra maestra de David Lean que se tardó casi un año en completar), el filme que a él lo pondría en el mapa y lo haría una estrella internacional, declarando en una entrevista de ese tiempo: “¡Si esto no es tener el amor de tu mujer, no sé lo que es!”; carismático y guapo, Peter no tuvo problemas para conseguir más papeles pronto, y a este filme siguieron otros que lo consagraron como auténtica figura tanto en Europa como en Hollywood; así llegaron títulos como Lord Jim (1964), Beckett (1964), La noche de los generales (1966), El león en invierno (1968, con la enormísima Katharine Hepburn intentando comerle el mandado y robarle las escenas, sin conseguirlo), una versión musical de Adiós, Mr. Chips (1969), y el musical El hombre de La Mancha, con Sophia Loren (1972), en la que demostró su voz de barítono, Mi año favorito (1982) y El último emperador (1987). Fue nominado ocho veces al Oscar, mas no obtuvo la estatuilla en ninguna ocasión sino por su trayectoria, la cual le fue otorgada de manos de esa santa conocida como Meryl Streep en la edición del año 2003.

Al principio, el buen Peter —que se rehusó por razones políticas y persinales, igual que su amiga Vanessa Redgrave, a ser reconocido como caballero del imperio británico, pese a ser uno de los actores favoritos de la reina Isabel II y más especialmente de su hermana, la princesa Margarita, que no muy sutilmente le tiró los perros, aunque en esa ocasión él se hizo el loco— se mostró reacio a recibir el premio de esta forma, e incluso solicitó más tiempo para ganar un premio “en buena lid” (de hecho, estuvo muy cerca de lograrlo en 2006 cuando lo nominaron por última vez por su interpretación en la polémica cinta Venus), pero ante la insistencia de su familia —tuvo otro hijo con la modelo Karen Brown, Lorcan, que hoy también es actor— se hizo presente en la ceremonia para aceptar su premio, si bien no se ha retiró del todo, pese a que desde joven la botella —su otro gran amor—, le mermó bastante la salud; en 1978 por poco se muere al diagnosticársele un cáncer de estómago y tuvieron que extraerle el páncreas, lo que resultó en que fuera diabético y tuviera que inyectarse insulina todos los días. Sin embargo, desde joven eran legendarias sus borracheras con Richard Burton y Richard Harris, a quien reconoció siempre como a su “hermano de otra madre”, y cuya muerte en 2002 pareció haberlo puesto por fin en el sendero de la sobriedad.

Peter, ese grande, guapo, ídolo de las matinés de tantos, falleció a los 81 años mientras dormía, el domingo pasado, tras completar su última aparición en cine, en Catalina de Alejandría, una cinta histórica basada en la vida de una mártir cristiana, algo que, pese a haberse alejado de la Iglesia, formó parte de su vida hasta el final, como desde su infancia en Irlanda.  

Miguel Cane

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