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Salivita de la buena

El sexódromo.
(Sandoval)

EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante

Irene abre la boca lo más grande que puede y echa la cabeza hacia atrás. Su cabello cae como cascada sobre las sábanas, los músculos de su cuello se tensan mientras sus codos sostienen no solo el peso de la mitad de su cuerpo sino también de todas sus ansias, de ese ímpetu que la lleva a cerrar los ojos como si tuvieran cerrojos. De pronto la siente caer sobre su lengua, caliente y resbaladiza. Pero no une sus labios. Percibe cómo inunda su cavidad bucal, cómo se escurre por sus comisuras, llega a su barbilla, se acerca peligrosamente a su pecho. Y ese olor inconfundible que entra por sus fosas nasales como si fuera un perfume, la hace estremecer. Es en ese instante la novia de la flor de la saliva, como la Magdalena. La amante fiel de ese hombre que, apertrechado encima de ella, le comparte el mar de su boca, esa cascada quizá imparable que chorrea sobre su rostro, sus senos, que llena su ombligo, habita su clítoris, cruza sus nalgas, traspasa sus fronteras. Son salofílicos, exploradores de las posibilidades que ofrece la saliva en el acto erótico.

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La saliva es un líquido acuoso segregado por las glándulas que se encuentran en la boca y que sirve para ablandar los alimentos y facilitar la deglución y la digestión, se dice comúnmente. Pero sus usos son diversos y van desde curar heridas (las madres lo saben muy bien) hasta limpiar algo o estimular a la pareja o a uno mismo durante el cachondeo.

Sus virtudes como lubricante han sido puestas en entredicho, aunque las escenas en las películas porno en donde hombres y mujeres echan chisguetazos de saliva a los genitales para después frotarlos o penetrarlos son, para varios, demasiado excitantes como para ignorarlas, aunque es cierto que un buen lubricante es muchísimo mejor que la baba, además de que también puede dársele un giro excitante a su uso escurriéndolo sobre cualquier parte del cuerpo.

En cambio, durante el beso la saliva sí funciona de maravilla, pues está constituida en 99 por ciento por agua, así que es inocua y hace que los labios resbalen, las lenguas recorran fácilmente la superficie que exploran, que no se reseque el orificio bucal.

También contiene una importante cantidad de testosterona, esa hormona que incrementa el deseo sexual, la que enciende la libido; por eso es que un beso puede encender nuestro “motor” de inmediato y llevarnos a un punto en donde es urgente despojarnos de la ropa y echarnos un chapuzón sensorial.

Helen Fisher, antropóloga, bióloga e investigadora del comportamiento humano en la Universidad Rutgers, asegura que besar es un mecanismo de adaptación y tanto los chimpancés como los bonobos se besan, los zorros se lamen sus hocicos entre sí, las aves se picotean y los elefantes introducen sus trompas en las bocas de otros miembros de sus manadas. Es decir, el acto de compartir saliva no es exclusivo del ser humano.

De acuerdo con una nota publicada en la revista Muy Interesante en 2011, Fisher ha dicho que existen tres sistemas cerebrales diferentes que evolucionaron en el homo sapienspara permitir el emparejamiento y la reproducción. El primero es el deseo sexual alimentado por la testosterona, tanto en hombres como en mujeres. El segundo regula el amor pasional u obsesivo y parece estar vinculado a una actividad elevada de la dopamina, un estimulante natural. El tercero, que controla el apego y permite a una pareja permanecer unida suficiente tiempo como para criar hijos, está ligado a un nivel mayor de oxitocina. El beso, probablemente, permite que se estimulen esos tres sistemas.

La química entre dos personas se potencializa más cuando además de mezclar sus salivas, saborean su piel y sus fluidos: semen, flujo vaginal y sudor. Y ya lo escribió Ana Rossetti en su poema “Cibeles ante la ofrenda anual de tulipanes”: Desprendida su funda, el capullo, tulipán sonrosado/ apretado turbante, enfureció mi sangre con brusca primavera./ Inoculado el sensual delirio, lubrica mi saliva tu pedúnculo; el tersísimo tallo que mi mano entroniza.

La ventaja de la baba es que no hay rincón en la anatomía humana que no pueda ser estimulado por su humedad. Pasar la lengua recargada de saliva por la parte posterior de las rodillas o en el cuello puede poner los pelos de punta en quien lo sienta. Durante el sexo oral es importante generarla porque, de lo contrario, la piel se reseca y la boca puede llegar a lastimar estas áreas tan sensibles. Cada tanto, una buena lamida en el rostro, en un estilo muy animal, se agradece, lo mismo que recorrer la espalda de ida y vuelta con la lengua.

En su novela El diván del taimado, Gilberto Guerrero describe: “Ahora que la tenía inmovilizada, con los dedos de la mano derecha tiré el calzón y separé los glúteos enormes. Ahí estaba el objetivo, oscuro, apretado. Hice saliva en mi boca y con la punta de mi lengua llegué hasta él. Constanza se cimbró”.

Ya sea porque nos enciende un escupitajo de gañán, un besito babosito, el escurrimiento lento y espeso o una chupadita amorosa, todos tenemos mucho de salofílicos en el alma. ¡A disfrutarlo!

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IDENTIDAD  DE GÉNERO:  PAPELITO  HABLA

En su interesante texto titulado La humanidad en la transexualidad, Leonardo J. Cárdenas —catedrático e investigador de sexualidad humana en la Facultad de Psicología de la Universidad Regiomontana— señala que las atribuciones de los seres humanos encontradas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos se menosprecian con frecuencia, lo cual ha originado “actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”. Entre ellos, los generados contra las personas transexuales, quienes no suelen tener soporte de parte de las autoridades ni tampoco de la sociedad.

Por eso me parece muy importante que el pasado jueves 13 de noviembre, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal haya aprobado la iniciativa que avala el derecho de toda persona al reconocimiento de su identidad de género, a través de un procedimiento administrativo ante el Registro Civil que la lleve a tener una nueva acta de nacimiento que no señale su sexo biológico, sino aquel en el que se percibe.

El DF es la primera ciudad en América Latina que lanza esta modificación; no es necesario que la persona tenga que hacerse una cirugía de reasignación sexogenérica o que esté en terapia hormonal para lograrlo.

Hasta esta semana (y desde el 10 de octubre de 2008) era posible cambiar el nombre y el sexo en el acta, pero se necesitaba un juicio ante un juez de lo familiar que salía carísimo, además de que los requisitos eran complejos y numerosos; ahora será un proceso administrativo sencillo y totalmente gratuito.

Este logro, y otros que ha alcanzado la comunidad trans en México, tienen que ver con el impulso, entusiasmo, perseverancia, paciencia y aguante de mujeres que, debido a la realidad que les ha tocado vivir, han luchado por mejorar su paso por este mundo y, en particular, por esta ciudad. Gloria Hazel Davenport, Roshell Terranova, Lola Dejà-vú, Rosa María Trejo Villalobos, Karen Quintero, Viviana Rocco Zúñiga (quien presume, con su estilo incomparable: “Ahora seré legalmente guapa”) y muchas otras (acompañadas por Diana Sánchez Barrios, así como hombres que se han unido a la causa desde sus trincheras), son un ejemplo a seguir. Desde este espacio las abrazo, las beso y les digo: “Chicas, son lo máximo. Nunca dejen de luchar por lo que quieren”.

 Facebook: La Doctora Verótika

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@draverotika


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