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El Rock mexicano nació en el norte

El Rock mexicano  nació en el norte.
El Rock mexicano nació en el norte. (Especial)

¡Olvídense de los Teen Tops, Los Locos del Ritmo, Los Hooligans y demás bandas de rocanrol. En la árida Comarca Lagunera brotaron algunos destellos de este género desde finales de los cincuenta. Por ese entonces, unos estudiantes se armaron de instrumentos desde este trocito norteño hasta que el éxito los derribó. Esta es su historia de cúspide y declive.


Antes se podía vivir de la música en una ciudad como Torreón, ahora no se puede ni lucrar; ya solo es para dar lástima”, menciona Rolando Grijalva, integrante más añejo (desde 1984) de La Comparsa Universitaria de La Laguna y titular de los derechos de autor. En una época con medios más limitados desde un recoveco provinciano, esta banda grabó en discográficas como RCA Víctor y Orfeón y pisó teatros como el Blanquita y otros del interior de la República y Estados Unidos como The Million Dollar Theater en Los Ángeles.

Las viejas generaciones aún recuerdan en sus bailes juveniles a La Comparsa que desencadenó una pequeña leyenda local con canciones como “Mi última parranda”, El Pájaro prieto” y su máximo hit: “La trompeta mágica”, que compitió en las listas de popularidad contra Alberto Vázquez y The Beatles. Pese a que siguen tocando con una diferente alineación, su prosperidad se ha esfumado y su ambición; desavenencias y adicciones los rebasaron.

Un hueco dentro de la historia del rock en el norte de México queda pendiente por documentarse. La efervescencia explotó en Coahuila, desde los años sesenta; basta mencionar a otras bandas afines, como Las Ánimas, de Saltillo. Municipios como Parras, de la Fuente, Sabinas y Piedras Negras aportaron otras como Los Golden Boys, Los santos del rock y Los Valiants,  cuyo éxito se opacó por capitalinos y tapatíos que obtuvieron más brillo dentro de la escena.

Su historia se remite desde 1958 con Los Baby Rocks. En septiembre de 1964 se renovaron con otro género más folclórico, incluyendo saxofones, trompetas y un nuevo sonido de polkas y cumbias. La primera formación fue entre Antonio Míreles (bajo), Juan Esdras Rincón (requinto), Javier Willy (batería), Sergio de la Cruz (órgano) y Jaime Hernández en la voz; estudiantes de Gómez Palacio, Durango y Torreón de entre 14 y 16 años de edad. A lo largo de su trayectoria ingresaron muchos más. Hasta 1986 grabaron 24 discos.

“Pudimos haber sido una Sonora Santanera; ésa era nuestra competencia en Estados Unidos. No fue una buena decisión quedarnos en Torreón y yo se los recalco a los viejos; ellos me dicen: ‘¡No pues que quieres, es típico de la edad!’ Nosotros hubiéramos llegado lejos. Algunos fueron sacatones, otros dejaban tirado el trabajo y a unos hasta los corrí por alcohólicos”. Para dar el siguiente paso era necesario radicar en la Ciudad de México. Nunca se concretó por temor a correr riesgos o apartarse de sus familias, relata Grijalva. Cuando éste se unió al grupo sus compañeros mayores lo miraban con recelo por la discrepancia de edades, pero tiempo después fue el único capaz de preservar el acervo. En cambio, los veteranos rondan hoy por los 70 años y se retiraron de la música, emigraron a otras ciudades o cayeron en adicciones. Otro de sus integrantes, de nombre Gerardo (no mencionó el apellido), se suicidó en 1986 tras grabar su último disco de estudio.

Grijalva se abstuvo del alcohol y las drogas, pese a que se sabía que en los bailes donde tocaban se distribuía cocaína. En muchos casos la arrogancia superaba al talento. “A veces tenían llamado de grabación en el Teatro Blanquita en las mañanas y en lugar de irse a dormir se iban de parranda con las viejas dejando a los directivos esperando; los mandaron a la chingada como méndigas estrellitas”. En otra ocasión se rehusaron a presentarse en Siempre en Domingo a falta de paga.

En la actualidad, el legado de La Comparsa aún circula mediante modestas reediciones, una página en Facebook, un canal de YouTube y otra en iTunes buscando nuevos escuchas. Grijalva concluye: “En algunos casos los capitalinos han sido egoístas y celosos y han querido ser nada más ellos, pero mucha de la historia del rock está en el norte”.

MIRIAM CANALES

@miricaiba


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