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Rock de tres décadas

Rock de tres décadas
Rock de tres décadas (Especial)

U2, THE UNFORGETTABLE FIRE

Muchos años antes de que optaran por anunciar celulares y iPods, U2 gozó de una esencia más pura en manos de esta obra, la primera producida para ellos por Brian Eno. De aquí surgirían “Pride (In The Name Of Love)”, “Bad” y la que da nombre a este disco, pocas veces interpretada en sus últimas giras y olvidada inmerecidamente.

DEPECHE MODE, SOME GREAT REWARD

Los únicos sobrevivientes dignos del synthpop británico no hubieran logrado su estatus gracias a temas como “People Are People” o “Master And Servant”, incluidos en este álbum, o a la inspiración que les originaron los clubes sadomasoquistas de Berlín —ciudad donde se grabó— para escribir sus letras de sometimiento de los débiles por los fuertes o de protesta social. Daniel Miller se encontraba tras la cortina y el emblemático estudio Hansa, como su casa creadora. Delta Machine quedó muy lejos de esto.

COCTEAU TWINS, TREASURE

Escuchar a esta banda escocesa es como adentrarse en un bosque misterioso. Su estilo nunca fue abiertamente punk, pero sí más gótico, y la voz de Elizabeth Fraser remitía a la de una sirena desesperanzada. En este, su segundo álbum, los títulos de sus canciones se inspiran en algunos mitos y personajes literarios como “Persephone”, “Beatrix”, “Pandora” y “Lorelei” antes de que su sonido se volviera más diáfano en los noventa. Si hay que bailar un valse lóbrego, que sea al ritmo de este tesoro.

THOMAS DOLBY, THE FLAT EARTH

Sin ser un éxito rotundo de ventas, Dolby demostró que podía continuar la línea de calidad que inició con su debut The Golden Age of Wireless (1982), aquí con un estilo más ecléctico y menos synthpop. Hay que poner atención al tema “Hyperactive!”, escrito originalmente para Michael Jackson, y al cover en versión bossa nova de “I Scare Myself”, del cantante Dan Hicks.

DEAD CAN DANCE, DEAD CAN DANCE

Una pareja que ha dado a luz a la belleza sombría son Lisa Gerrard y Brendan Perry, cuyo debut es un laberinto que inicia con el tema instrumental “The Fatal Impact” como una estremecedora carta de presentación. Sus primeros pasos parecían dirigirse al rock antes de desviar su camino hacia la fusión étnica y la experimentación. Sensualidad oscura.

SIZE, EL DIABLO EN EL CUERPO

Había una vez al sur del Distrito Federal una banda punk-new wave que intentó abrir una brecha con un sonido rebelde y moderno, primero cantando en inglés, luego en español. En este disco, Jaime Keller (alias Illy Bleeding), Walter Schmidt, Carlos Robledo y Alfonso Moctezuma lanzaron un par de canciones como “La cabellera de Berenice” y “El diablo en el cuerpo”. Después surgirían otros grupos como Caifanes, admiradores suyos, el “rock en tu idioma” y el tiempo se portó de manera injusta con su aportación al rock mexicano.

SILUETA PÁLIDA, SILUETA PÁLIDA

Otra banda mexicana que no merece quedar en el olvido es la que conformaban los músicos Jaime Herranz y Carlos García —quien se unió a Decada 2—, quienes crearon a base de instrumentos análogos y tradicionales una colección de cuatro canciones como “El paso del tiempo” e “Impensando”, bajo el sello independiente Discos A.E.I. Infravalorado y difícil de conseguir.

ROCKDRIGO GONZÁLEZ, HURBANISTORIAS

Aunque Discos Pentagrama lo publicó de manera póstuma en 1986, González grabó y distribuyó de manera previa e independiente la primera edición de uno de los mejores discos que un norteño pudo componerle a la Ciudad de México. Esta no volvería a sonar igual tras su himno  “No tengo tiempo” y la triste balada “Metro Balderas”, donde se erigió una ignorada estatua en su memoria. Su legado fue su hija Amandititita, pero no fue lo mismo.

BOTELLITA DE JEREZ, BOTELLITA DE JEREZ

La macuarrez tan recurrida por el rock hoy en día tuvo un origen único en “los botellos” y nunca sonó tan original bajo la escuela que implementaron Armando Vega Gil, Sergio Arau y Francisco Barrios, El Mastuerzo, que hasta la actualidad se mantiene.  Sin ser grandes instrumentistas, sus letras derrochaban irreverencia y humor para contrarrestar la ñoñería pop de los ochenta y marcar su influencia en generaciones posteriores. ¿Acaso tiene fecha de caducidad el charrock and roll? Muchos malos imitadores suyos llegarían después.

SODA STEREO, SODA STEREO

No hay que perder de vista el aniversario del álbum debut de estos argentinos con canciones naive y letras absurdas como “Sobredosis de tv”, “Mi novia tiene bíceps” o “¿Por qué no puedo ser del jet set?”, en las que Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti pretendían ser una especie de The Police versión gaucha antes de definir su estilo. El resto es historia.

 Miriam Canales @miricaiba

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