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Retrobús: Rock mexicano a domicilio

El joven Víctor Moreno asistió como ingeniero de la banda El Ritual al mítico Festival de Rock y Ruedas celebrado el 11 y 12 de septiembre de 1971 en el Estado de México. “Aquello fue una experiencia brutal, pues esperábamos 10 mil personas, pero acudieron más de 200 mil”, recuerda.

Armando Molina, representante de casi todos los grupos que tocaron, fue contratado por Luis de Llano para hacerse cargo de la cuestión musical y, ante el caos imperante, nombró a Víctor como coordinador de escenario.

Moreno no comparte la lectura de que Avándaro sepultó al rock al menos un lustro, pues considera que ya existía la consigna de frenarlo desde 1968 y el festival fue solo un pretexto.

Tras de aquella jornada, Víctor formó parte de El Ritual unos pocos meses antes de que la agrupación se disolviera y él formara Medusa, junto a Javier Plascencia y Toño Urquiza. “Empezamos en el 72 y todavía nos tocó algo de las vacas gordas. Hicimos discos, tv, giras, aparecimos en revistas, tocábamos cada fin de semana o hacíamos suplencias en la catedral del rock, Champagne A Go Go, ubicada en avenida Juárez”.

Medusa se hizo en los hoyos fonquis, como en el salón Chicago de Peralvillo, alternando con Los Yaki, los Locos del Ritmo, Bandido, El Ritual, Tinta Blanca, Hangar Ambulante, Dugs Dug’s, Toncho Pilatos, “pero con quien tocamos mil veces fue con Three Souls in my Mind, con los que compartíamos incluso disquera”, apunta.

SOBREVIVIR EN EL ROCK

Treinta años después de sepultar aquella etapa, Víctor Moreno funda en 2008 RetroBus con miembros de bandas legendarias. “Pancho González, Raúl de la Parra y yo veníamos de Eclipse; Joel, del Submarino Amarillo, y Miguel El Gallo Esparza, de los Dug Dug’s”. Como la intención era rendir tributo al rock mexicano, se arrancaron con temas de los Locos del Ritmo, los Teen Tops, Hooligans y demás representantes del denostado movimiento que se dedicó a coverear hits del Billboard norteamericano.

Con sus propios arreglos comenzaron a gestionar tocadas y entre 2008 y 2009 se presentaron en diversos foros, hasta llegar a ser teloneros de sus viejos amigos del Tri, en un concierto por el Bicentenario celebrado en Dolores Hidalgo, Guanajuato.

Hace tres semanas se presentaron en la explanada de la delegación Cuauhtémoc en la celebración de San Valentín, frente a doscientos enjundiosos bailarines peina canas. Familias enteras moviéndose al compás de “La chica alborotada”, “Tus ojos”, “Bule Bule” y demás retazos del rock sabor malteada de fresa. De vez en cuando RetroBus retoma algún tema de sus antiguos alternantes, como la Revo o El Ritual, que generalmente son los que más celebran las nuevas generaciones, muy receptivas a un rock más maduro y psicodélico.

“Cuando tocamos en el Tianguis del Chopo, la banda se prendió con rolas de Enigma, Three Souls , El Amor, la Revolución de Emiliano Zapata, cosas de la época de Avándaro y de la Onda Chicana que en este momento nadie interpreta más que nosotros”, afirma el ahora guitarrista de acompañamiento que en su momento fungió como baterista con Medusa.

Ahora comienzan a pedirles covers de rock clásico en inglés de Los Beatles, los Rolling Stones, los Creedence o Black Sabath, “que hasta nos da pena no complacerlos, por lo que hemos tenido que improvisar”, con resultados poco favorables como pudo comprobar quien esto escribe luego de escucharlos intentar “Brown Sugar” en la mencionada fiesta del Día de la Amistad. 

En su experiencia con RetroBus, ahora con nueva alineación, ha tenido de todo. Selecciona Víctor la vez que los contrataron para tocar en el Cine Ciudadela en un bizarro evento donde alternaban películas porno con bailarinas que se contoneaban al ritmo de sus guitarras.

De algún modo, Víctor recibe en estos tiempos reconocimiento a su labor, como la medalla que le entregó el pasado fin de semana La Enciclopedia del Rock, por sus 40 años de tocar y promover, o el reconocimiento que le llegó del Museo Arte Objeto en la exposición “El Rock en México”. El músico, de febril autopromoción en Facebook, sentencia sobre los halagos: “La suerte es que continuamos activos y, sobre todo, no estamos frustrados ni amargados como muchos de nuestra generación”, acusa.

Al final delinea lo que puede ser el epitafio de una generación: “Tienes que adaptarte o te carga la trampa y a muchos conocidos ya se los cargó”.

Es hora de pasar a que nos muestre las fotos del recuerdo.

Juan Alberto Vázquez @juansinatra

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