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Raquel Tibol y la crítica

Raquel Tibol
(Jesús Quintanar)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Hugo García Michel

La gran conocedora de arte falleció el domingo 22 de febrero, debido a una neumonía. La presente entrevista, acerca de su papel como crítica, fue realizada en su casa, el 26 de noviembre de 2002.


Nacida en Argentina, Raquel Tibol llegó a México en 1953, invitada por Diego Rivera. Durante algunas semanas se instaló con Frida Kahlo, en su casa de Coyoacán, tiempo en el cual pudo realizar una larga entrevista que sería la base de su libro Frida Kahlo. Una vida abierta, editado por la UNAM. Nacionalizada mexicana en 1961, Tibol ejerció la crítica de artes plásticas con enorme rigor. Con programas en Radio Universidad (como el célebre Museos en el aire) y algunos canales de televisión —La plástica y la crítica duró casi 10 años en Canal Once— y una producción que sobrepasa los 30 libros y millares de artículos, hasta poco antes de su muerte estaba dedicada a recopilar el amplísimo acervo de su archivo escritural.

¿Por qué debe haber crítica?

La crítica es un modo de comunicación, un modo de enseñanza, un modo de confrontación y análisis. Es un puente entre un tipo de producción y un público que quiere tener mayor información o dialogar respecto a una producción determinada. La crítica tiene siempre mucho de diálogo con un tácito escucha.

¿En un país como México qué tan importante es la crítica?

Tan importante que en México ha existido crítica de arte desde el siglo XIX. Guillermo Prieto fue un escritor de artes plásticas. Francisco Zarco e Ignacio Ramírez escribieron crítica de arte. Hacían comentarios, porque las exposiciones que se presentaban en la Escuela Nacional de Bellas Artes tenían enorme importancia para la vida cultural mexicana. Gracias a estas crónicas podemos tener noticia de que había mujeres que exponían. Con el asomo del siglo XX se dio un quehacer crítico más dinámico, con un sentido más actualizado. José Juan Tablada es un precursor de la crítica del siglo XX. En 1913 escribió unos textos sobre José Clemente Orozco que hasta hoy tienen validez.

¿Cuál ha sido su experiencia como crítica?

Empecé a hacer comentarios de carácter cultural desde 1952 en revistas y en una estación de radio de Santiago de Chile. Cuando entrevisté a Diego Rivera para La Prensa de Buenos Aires, éste me habló de Frida Kahlo y me invitó a venir a México, donde estoy desde 1953. Aquí me adentré y me apasioné por el arte mexicano. La obra mural del primer cuadro del Distrito Federal la conocí del brazo y por la calle con el propio Rivera. Diego era una persona de cultura, de humor, de ironía, de modo que visitar con él los murales de la Secretaría de Educación, la Suprema Corte, el Palacio Nacional, el Palacio de Bellas Artes y otros más era una lección verdaderamente formidable. Siempre he dicho que uno de mis principales maestros en crítica de arte fue Diego Rivera, porque cada acercamiento a una pieza artística era una verdadera lección. Después de vivir un tiempo con Frida, me mudé al estudio de Diego y verlo pintar, verlo discutir con la gente, hablar de arte fue toda una escuela para mí. Cuando me salí del estudio de Rivera, me reincorporé a mi tarea periodística y empecé a hacer exclusivamente crítica de arte. El primer artículo que publiqué fue sobre Luis Buñuel, una entrevista en la cual él tomaba una posición muy clara respecto al surrealismo.

¿Hay tolerancia hacia el crítico por parte de los criticados?

Depende. Hay gente que se siente muy tocada si uno la critica mucho. También existen colegas a quienes, no sé si por envidia o porque tienen ideas muy diferentes, les molesta lo que una escribe. Por ahí incluso hay algunos que reaccionan con insultos muy duros o algunos artistas que se enojan mucho por una crítica y a veces lanzan ofensas y hasta amenazas por teléfono. Pero esas son cosas pintorescas, momentáneas.

¿Cree que el crítico es un artista frustrado?

No, para nada. Primero porque yo nunca he querido pintar. Lo que considero es que la crítica de arte todavía no está muy bien calificada como género literario. Se piensa que es una especie de colguije o de cola que tienen las artes visuales. No, no es una cola, es un género literario que toma como sujeto a la producción artística.

También se dice que los críticos son amargados.

Yo diría que ésas son concepciones vulgares. En la escritura de crítica de arte, para mencionar gente viva y en activo, España tiene uno de los grandes críticos en lengua española, Simón Marchantis, una persona notable, formada en la filosofía alemana avanzada, un hombre de mente progresista a quien es un lujo leer. De modo que esa clase de opiniones es como quedarse en lo vulgar, en lo chiquito, y mí no me gusta quedarme en lo chiquito cuando hago periodismo o cuando hago libros.

¿Y puede haber una crítica objetiva o siempre hay una carga de subjetividad?

Depende de cuánta cultura acumuló uno, cuanta capacidad de análisis tiene uno, cuánta información tiene uno, cuántos museos, galerías y estudios ha visitado en su vida uno, cuánto ha andado uno. Y claro, todo eso acumulado hace una subjetividad. Pero no es la subjetividad de ombligo, no es la de mirarse las tripitas. No, no es por ahí.

¿Cómo se imagina un mundo en donde no existiera la crítica?

Sería un mundo demasiado quieto. Un mundo sin crítica sería como un mundo sin espejos.

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