QrR

Punk Floyd

Punk Floyd
(Karina Vargas)

EN EL TONO DEL TONA
La columna de Rafael Tonatiuh


“¡Yo hacía punk antes de que se llamara punk!”:
Violencia Rivas

Algunas personas ven en el rock un arte a través del cual un Dios eléctrico se expresa mediante algunos elegidos mortales: Jimmy Hendrix, los Beatles, los Stones, Janis Joplin, Robert Fripp, Pink Floyd, pero para nosotros los punks, el rock es solo música idiota para divertirse y bailar y por nosotros las partituras se pueden ir a la mierda (sí, escuchaste bien, dijimos "a la mierda" y no "a la goma", porque somos punks).

Según Freud, todos nacemos con alma punk, pero está reprimida por el superpop, y todos los seres humanos (fresas o desmadrosos) sacamos nuestro slam interior al pertenecer a un grupo de rock; porque todos, en alguna edad, hemos formado una banda, aunque sea tocando escobas y usando una cuchara de micrófono.

Intuitivamente percibo al rock como desmadre, vulgaridad, incorrección, show, ridículo, exceso, por eso fui cantante de La Capa de Batman (que quizás retorne el vuelo), pero fue en los 80 cuando formé mi primera agrupación; por aquel entonces me fascinaban Los Toreros Muertos, que le cantaban a los orines, a las tetas de Pilar, a la animalidad, a todo lo que nos gusta a los punks. Yo estudiaba cine en el CUEC cuando pertenecí a Punk Floyd, grupo surgido en casa de Armando Casas (ahorita están pasando en los cines su comedia Familia Gang, sobre unos gánsters que venden un cadáver. Vayan a verla).

La casa es enorme. En aquel entonces tenía bodegas de Soya Casmar sabor chocolate y cuartos en construcción. En algún lugar se hallaban Armando y Nacho Escárcega, tratando no sé qué asuntos teatrales, mientras en otra habitación estábamos un servidor, Juan Santiago Huerta (director de cine y video) y los actores Martín Morales, Fernando Briones y un jovencísimo Rodrigo Osante (a quien le decíamos El Niño Rodrigo).

Absolutamente alcoholizados (a veces, el ritual punk requiere una entrega absoluta a la idiotez), con guitarras acústicas, bongós, una armónica y una grabadora de audiocasete.

La Capa de Batman tocaba rock pendejo, Punk Floyd tocaba rock aleatorio (no sé por qué lo llamé así), cuyo método era así: alguien indicaba la melodía (rocanrol, surf, garage, a go-gó, funk, rockabilly, algo prendido), improvisábamos sobre algún tema (por ejemplo, sobre el tema de "siete enanos que son medio hermanos y medio putos"), y después de tres ensayos y mucha bebida, lo grabábamos, lo escuchábamos y nos reíamos.

Las mejores rolas fueron "María Eugenia" y "Hoy hablé con papá". La primera es un rocanrol sobre una chica de la que estábamos enamorados y le cantábamos: "¡Estás retebuena, Maria Eugenia!". Le escribíamos cartas de amor y en alguna parte de la rola, alguien descubría que se había hecho cirugía plástica y entonces todos la odiábamos; en una carta, alguien le decía: "¡Te odio! ¡Te odiamos! ¡En nombre de la religión, chinga tu madre, María Eugenia!"

"Hoy hablé con papá" es una balada tipo José Feliciano, en la que Martín canta muy sentimental, casi llorando, que su padre no lo comprende, cuando Armando Casas, inesperadamente, toca la puerta: "¡Hijo, hijo! ¡Sal de ahí! ¿Ya te la estás chaqueteando otra vez?" Martín: "¡Papá! ¡Abrázame!" Casas: "¡Una madriza es lo que te voy a dar!".

Martín, cual buen histrión, era un genio para detener la música en alguna parte muy acelerada, hacer un intermedio silencioso, susurrando algún giro dramático que cambiara la trama de la letra, para recomenzar lentamente, hasta volver a prendernos. Lamentablemente, ese casete se perdió.

Una vez, en la sala de sonido del CUEC, alguien dejó unos instrumentos de música folclórica (kenas, charangos, palos de lluvia, etc.) y con la ayuda del ingeniero de sonido Luis Schroeder, grabamos un demo profesional de una parodia de Timbiriche: "No me cuelgues". Ese demo se perdió.

Mi hermano Toño se compró una batería y yo una guitarra eléctrica con un ampli (esa batería luego se la compraría Fernando Briones para tocar con Trolebús, la banda de Choluis). Con ese equipo hicimos un concierto para video en la parte posterior de la casa de Armando, en un tercer piso en construcción, al cual se agregaron Las Ratas de Trípoli: El Tirus, El Pagüa, Toño Velez y El Doc. Recuerdo algunas buenas canciones: "Dejen a los penes en paz", "Tráiganme la cabeza de José Luis Zapata" y "Simpatía por el pollo", pero la mayor parte sí nos vemos muy dañados, hasta la madre, con tomas de una hora de un solo de batería de cada uno mientras los demás fuman un churro, se güacarean o agonizan en un rincón, con la luz dura de un foco alumbrando una obra negra. Está horrible, pero el videocasete existe, y se ve. ¡Ese video sí se ve! Por lo tanto, aunque nos comprometa con las autoridades, me parece que lo más punk sería colarse a MTV y, bajo la amenza de tirarnos unos pedos asquerosos, obligarlos a sacarlo al aire. ¡Ese video sí se ve!

< Anterior | Siguiente >