QrR

Provechito

Gorditas
(Rafael Tonatiuh)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


¿Cual es la diferencia entre los productos orgánicos y los normales? Mira el precio.
 Leo Bassi

El pasado 5 de mayo, Donald Trump me hizo realmente encabronar cuando se comió una cosa llamada taco bowl, y la subió a las redes sociales, con la leyenda: “I love hispanics!”.

Por ese detalle me la pasé enviándole un montón de insultos y mentadas a su página de Facebook, en español, inglés y espanglish, hasta que me di cuenta de que había caído en la provocación y que le estaba dando juego a un sujeto que desea ser odiado a toda costa (una especie de Mancera pero del primer mundo), insultarlo es como darle de latigazos a un masoquista. ¿Pa’ qué darle gusto?

Lo importante es que una persona que se burla del sublime arte de la gastronomía y se traga unos #FuckinBowlTacos públicamente, es capaz de creer que de veras va a ganar la presidencia estadunidense, que vamos a construir un muro con nuestro dinero y que lo vamos a pintar con murales de Mickey Mouses conquistando Tenochtitlán. O sea, que el buey está pendejo; eso ya no tiene remedio.

Los gringos no saben comer y por ello inventaron la “cocina internacional”, que irónicamente no representa a ningún país de la tierra, sino que es sabor estándard: huevos con jamón, hot cakes, pastas, ensaladas, cortes de carnes, etcétera, alimentos sin personalidad, poco condimentados y con mediocre sazón. Es la comida que solo salva una botella de salsa de habanero (Valentina o Tabasco o, de perdis, un limón). Como dijera el historiador chihuahuense José Fuentes Mares: “Un país que toma leche en exceso tiene habitantes sanguinarios” (y si a eso le agregas que desconocen los guisos elaborados con amor en cocinas con tradición, uno puede esperar más Hitlers entre los votantes que entre los candidatos).

De pura frustración, mejor me fui de vacaciones a mi natal Xalapa, Veracruz, a cometer un acto psicomágico-político-gastronónico: comer manjares en honor a Donald Trump, trasmutando mentalmente el placer de cada bocado en maldiciones para Mister Trump y su #FuckinBowlTaco.

Tras el reciente fallecimiento de mi mamá, Lety Pérez, sentí la urgencia de recuperar los sabores de mi infancia. “El sazón de mamá”, que en este caso, es también “mamá Xalapa”, ciudad que sigue educando a sus hijos hedonísticamente, consintiendo sus papilas gustativas.

Lo primero que hice fue rendirle tributo al pambazo xalapeño, nada que ver con el pambazo chilango, que es un pan adobado relleno de papas con chorizo y lechuga, sino que éste es pequeño, crujiente y espolvoreado de harina, y a mí me gusta relleno de frijoles y queso de La Joya.

Tras una emotiva y pantagruélica fiesta familiar, me lancé a buscar mis cacalas, carnitas, grasitas y chicharrón duro estilo Banderilla, mi prima Blanquis me preparó uno de mis platillos favoritos (a pesar de su sencillez): arroz rojo con menudencias y mole; mi primo Memín me llevó a un lugar donde hacen garnachas (especie de chalupa poblana, con cebolla y tiritas de carne de res, fritas en una salsa especial) y gorditas infladas, como en Rinconada, lugar de paso rumbo a la playa, poblado de puestos de antojitos, que ya se puede evitar mediante un libramiento, para llegar más rápido, pero… ¿auién quiere ir al mar sin pasar por garnachilandia?

El Día de las Madres fuimos a desayunar a Ghal (avenida Xalapa 247), cuya especialidad son los desayunos, allí venden una pellizcada gigante (especie de memela veracruzana) con cecina o arrachera y huevillo en salsa.

Recorriendo las calles de mi infancia, observé que están tan viejas como cuando las conocí, pero paradójicamente también más activas y llenas de energía que nunca; el dinamismo de la vida cotidiana, con nuevas generaciones ocupando los antiquísimos edificios, es lo que inyecta vida a los espacios, invadidos por la antidiluviana y verde vegetación, presente en todo rincón.

La zona de los Lagos se ha convertido en la Condesa xalapeña, donde se construyó un corredor gastronómico. Allí visité Bacan Macut (Álamos 2, casi esquina con Bocanegra), un restaurante especializado en comida huasteca, donde me receté una tortita de hueva de Lisa en caldo, con chayotes y arroz; bocoles (gorditas de manteca) con asientos de chicharrón y un tamal de calabaza con camarón y pipián.

Si Donald Trump pierde las elecciones, seguirá siendo un miserable hombre rico, con dinero suficiente para atiborrarse de “cocina internacional” y #FuckinsBowlsTacos, pero sin haber conocido jamás el lado disfrutable de la lengua (solo la usa para decir pendejadas).

Si Donald Trump gana la presidencia y manda marines a invadir nuestra patria, cuando te lleven rumbo al paredón, recuerda el sabor del más humilde taco de suadero, con cilantro y cebollita. Esa será tu victoria sobre el imperialismo yanqui.

Provechito.

< Anterior | Siguiente >