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Presunto marido

Mundos para-lelos
(Fotoarte: Karina Vargas)

MUNDOS PARA-LELOS
Rafael Tonatiuh

“JOVEN INVITA A SU NOVIO A UNA BODA Y ÉL SE LLEVÓ UNA GRAN SORPRESA
BRASIL.  ¿Qué haces si tu novia te invita a un casamiento y resulta que vos sos el novio sin estar ni remotamente preparado? Esta historia le ocurrió a Felipe Comparini, quien recibió una invitación por parte de su novia, Lenyenne de Oliveira, una chica de 21 años totalmente enamorada del joven de 26. Resulta que la joven le dijo a Felipe que se casaba su primo y que le encantaría que compartiera este momento tan especial para la familia con ella; sin embargo, el joven se llevó una gran sorpresa cuando se dio cuenta que en realidad estaba llegando a su propio casamiento.”
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31/octubre/2014.

 

Fabio llegó muy puntual a la casa de campo que había rentado para casarse con su amada Luciana, ataviado con un impecable frac Aldo Conti, mismo que su amorcito había escogido. Hora y media después llegó su radiante prometida. Cuando arribó el juez, de inmediato comenzó la ceremonia. La concurrencia se instaló frente a la mesa donde se realizaría el acto solemne. Casi a punto de comenzar, Luciana se llevó a Fabio a un lugar apartado y le dijo: “Te veo muy ojeroso y descompuesto, ¿dormiste bien?”. El novio confesó que no había pegado el ojo en una semana, pues lo devoraban los nervios ante la inminencia de un acto tan esperado; ella le dio unas cariñosas palmadas y le contestó: “Mira Fabio, yo te amo como a nadie en el mundo y estoy de acuerdo contigo en que este un acto fundamental y trascendente en nuestras vidas, así que por ese amor que te profeso, para cuidar tu imagen y en nombre del recuerdo de nuestra unión, considero que no debes lucir así ante las cámaras. No te ves bien y a mí me harás sentir muy triste cuando mire las fotos, que quizá vean nuestros futuros hijos. Por ello te pido que tome tu lugar mi primo Alexandre, que viene vestido igual que tú y se parece a ti”, tras lo cual salió detrás de un árbol un individuo vestido con el mismo diseño Aldo Conti, pero mucho más guapo, joven y alto que Fabio, quien le estrechó amistosamente la mano. Al verlo, Fabio rezongó: “Pero él no usa lentes”, a lo que Luciana replicó: “Eso no importa, pichoncito, diremos que te pusiste lentes de contacto en el baño, para lucir como un rey ante tu reina, ¿consentirás hacer eso por mí?”. Fabio dudó unos segundos, mismos que la novia aprovechó para darle una peluca y empujarlo hacia un sanitario de hombres: “Te veo en veinte minutos ante el juez, pichoncito, y no te tardes, que ya quiero que se parta el pastel y comience el baile. ¡Te amo mucho!”, tras lo cual, tomó el brazo del que fuera presentado como su primo y se internó dentro de la estancia principal.

Cuando Fabio salió del baño, la ceremonia ya había concluido y su amada se paseaba entre las mesas, recibiendo las felicitaciones de los invitados. Fabio se plantó ante Luciana, con el objetivo de preguntarle si Alexandre había falsificado bien su firma en el acta, pero al verlo, ella pegó un grito y llamó a los guardias de seguridad; cuando se lo iban a llevar, los detuvo y se disculpó: “Disculpen, es un pariente lejano que ya había olvidado”, luego se replegó ante su presunto marido y le susurró al oído: “Hubieras peinado bien esa peluca, no te reconocí”, e inmediatamente lo puso a bailar con su tía Rosangela, una anciana famélica y desdentada que lucía un carísimo vestido amarillo de la casa Dior, aconsejándole: “Hazle compañía, no conoce a nadie”.

Como la tía Rosangela insistía en acariciarle el trasero, Fabio se deshizo de ella en la primera oportunidad, para acompañar a su nueva esposa, quien le dijo: “Cariño, el padrino del pastel tuvo un desfalco en su empresa y no pudo pagar, ¿tendrás por allí un dinerillo para cubrir el adeudo? El pastelero está en la puerta y sería una vergüenza para nuestro matrimonio que entre y se lleve el trozo que falta por repartir”, de modo que el novio tuvo que hacer dos cheques (pues el segundo se lo dio el blanco, ya que Luciana insistió que su familia era muy fiestera y probablemente querrían rentar al menos dos horas de orquesta).

En eso llegó la tía Rosangela con algunas copas encima y le tapó los ojos a Fabio: “¿Adivina quién soy, muñecón?”, situación que aprovechó Luciana para escabullirse y lanzar el ramo.

Apartando a las damas que luchaban por las flores voladoras, Fabio llegó ante su adorada nueva esposa, quien le dijo: “Acaban de llegar tus padres, no sé por qué su invitación les llegó con la hora alterada. Por favor atiéndelos, yo me tengo que ir, o Alexandre y yo perderemos el vuelo a Roma, donde planeamos nuestra hermosa luna de miel. Como bien sabes, regresamos en una semana, para que vayas a recogernos. ¡Te quiero, pichoncito! ¡Nunca cambies, vales mil! ¡Eres el hombre más maravilloso del mundo!”.

Luego de atender a sus padres (quienes llamaron a los agentes de seguridad, pues no lo reconocieron con la peluca), Fabio se aplastó en una silla. La tía Rosangela le guiñó un ojo y le dijo: “Soy inmensamente rica”, a lo que el novio contestó con un bufido, pero cuando la anciana agregó: “Y tengo el bufete de abogados más sanguinarios del planeta”, se quitó la peluca y, besándole la mano, sentenció seductor: “¿Qué hace una mujer tan linda como tú en un lugar como éste?”.  

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