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“La Pornosuiza” y otras historias

Sexodromo
(Sandoval)

Salas lúbricas, oscuros espacios en donde un erotismo candoroso se unía a la posibilidad de exhibicionismo y placer a través de la pantalla grande. En blanco y negro, se mostraba lo que se podía hacer en la intimidad de una habitación. Eran los años veinte en Suiza y las primeras producciones pornográficas se presentaban en público, en espacios clandestinos. A partir de los setenta, y con el viento a favor de la revolución sexual, las películas de este género llegaron a los cines convencionales “y el público las acogió con curiosidad y entusiasmo”, revela Stefania Summermatter en el portal Swissinfo.

Como afirma el filósofo francés Julien Servois, “se hablaba de un nuevo estilo cinematográfico. Cuándo Garganta Profunda se dio a conocer en 1972, resultó un acontecimiento tal que hasta Jackie Kennedy fue a verla en una sala neoyorquina. Parecía posible que la pornografía fuera aceptada como parte de la vida social y se transformara en un género cinematográfico a título pleno, como ocurrió con las películas del oeste o los musicales, pero en Estados Unidos y Europa la censura la confinó a salas especializadas y al público masculino. En Suiza, las escenas más obscenas fueron cortadas según la sensibilidad de cada autoridad cantonal y los cines donde se difundían fueron objeto de registros policiales regulares”.

Edi Stöckli se convirtió, sin embargo, en El rey suizo del porno, dueño de casi todos los cines de este tipo en la patria helvética y fundador de la principal sociedad de producción y distribución de cine para adulos, Mascotte Filme. En su época de oro, de finales de los setenta a los noventa, producía unos 240 filmes por año. Las cintas eran de 35 mm. Se pagaban 200 mil francos (dos millones 600 mil pesos) por una producción, mientras que los costos eran de 40 mil (520 mil pesos) a 50 mil francos (650 mil pesos). Las grabaciones duraban un par de días; solo requerían un camarógrafo, luces, escenario y reparto. Era un buen negocio.

Hoy en día ya no se producen largometrajes sino cortos o películas por episodios, aproximadamente 120 al año, que se exhiben en cines especializados (unos ocho en todo el país; cuentan con cabinas individuales, dobles y salas múltiples), son vendidas en formato DVD y son puestas a disposición en la página de Mascotte.

Zoë Stäli, hija de Stöckli, atiende hoy en día un Museo del Sexo que en realidad es una pequeña galería de arte erótico —donde se resguardan las cintas producidas por su progenitor—, cuya versión online ofrece mucho más que el localito ubicado en el casco antiguo de Zürich, junto al cine para adultos Stüssihof.    

Ella estudió arte y diseño. Unió sus conocimientos con los de Edi para abrir el primer museo de arte porno en Lausanne, en 1996. Poco después, se vieron forzados a cerrarlo. El proyecto estuvo congelado hasta que en 2004 logró abrir el wine bar que ahora acoge su museo, el cual visité hace unos años. No me sorprendió, pero pasé una divertida velada admirando las pinturas, observando a los personajazos que acudieron a la inauguración de una exhibición y probando un rico vino de honor.  

Además de eso, Zoë es defensora de los derechos de las mujeres en la industria pornográfica suiza, aunque afirma no ser feminista. “Hay directoras que están produciendo cortos hard core mientras sus compañeros del sexo masculino tratan de llegar al mercado femenino con cintas aburridas en donde los actores se besan durante media hora antes de pasar a la acción. Nosotras estamos haciendo que la industria gire, y yo demando derechos laborales similares para hombres y mujeres, aunque confieso que sigo siendo una romántica a la que le gustan los caballeros que le abren la puerta del restaurante y le ceden el paso”, afirma. 

MASTURBADORES Y AGASAJADOS

Según una investigación dada a conocer por el periódico alemán Bild (y comentada en el diario vespertino Blick am Abend, donde yo lo leí), los suizos no tienen empacho en demostrarse su amor propio, ya que 46 por ciento de hombres y mujeres de esta nación dicen masturbarse mínimo una vez a la semana, lo cual los coloca en una de las primeras posiciones en la lista de onanistas unidos del mundo.

Y no son buenos únicamente en el trabajo en solitario. También en los llamados “juegos previos” son campeones mundiales, ya que disfrutan del erotismo con sus parejas durante 23.3 minutos en promedio antes de llegar la penetración. Después, su posición preferida es el misionero. “¡Qué convencionales!”, escriben en el Blick, pero a mí me parece excelente si ya dedicaron un rato a otras posibilidades, además de que esta postura tiene diversas y deliciosas posibilidades.

Además, cuando el sitio Alternet realizó en 2013 un estudio para descubrir cuáles son los países con mayor satisfacción sexual en el mundo (midiendo el amor y el respeto entre parejas, la ausencia de estrés, la habilidad para alcanzar el orgasmo, la baja tasa de disfunción sexual, la salud mental y física, y la frecuencia de sus encuentros eróticos), Suiza se colocó en el primer lugar como el que tiene a los más satisfechos, pues 21 por ciento de sus habitantes asegura que su vida sexual es excelente. Si bien en otros países fueron más lo que afirmaron que era buena, aquí le dieron la medalla de excelencia.

Por cierto: la patria helvética tiene la menor cantidad de embarazos adolescentes en el mundo y el aborto (despenalizado hace 11 años) está contemplado en el seguro básico de salud.

ABUSOS DE LA  IGLESIA

El pasado 21 de febrero, 74 superiores y superioras de todas las regiones lingüísticas, miembros de la Conferencia de las uniones de religiosos y religiosas de los institutos seculares de Suiza, y el abad Martin Werlen, responsable del grupo especial de expertos instituido por la  Conferencia Episcopal Sobre los Abusos Sexuales en la Iglesia, participaron en un encuentro que afrontó la cuestión bajo diversos perfiles, entre ellos los aspectos psicológicos de los abusos, el modo de abordar los casos, las responsabilidades, las implicaciones jurídicas y el impacto de este fenómeno sobre los medios de información.

Al menos en una nación del mundo los clérigos no hacen como que la Virgen les habla sino que tocan el tema de manera terrenal.

TRATO CON LA TRATA

Pero, aunque está muy evolucionada en los aspectos antes mencionados, Suiza encabeza, junto con Surinam, la lista de los principales destinos de víctimas brasileñas de trata de personas, según el Ministerio de Justicia de Brasil.

De los 475 brasileños (la mayoría mujeres de entre diez y 29 años) traficados entre 2005 y 2011, 337 fueron obligados a prostituirse. De ellos, 133 lo hicieron en Surinam y 127 en Suiza.

A esto le encuentro también una lógica: en el país cuyas fronteras colindan con Francia, Alemania, Liechtenstein, Austria e Italia, se mueve muchísimo dinero. A mi parecer, sus habitantes son bastante moderados en cuanto a sus hábitos de consumo, no obstante, tienen el poder para pagar por sexo si así lo desean. Y la doble moral existe incluso en los países más evolucionados del mundo.

En 1942, los encuentros sexuales a cambio de dinero fueron aprobados en Suiza y se regularizó su existencia. Con ello, los burdeles comenzaron a sacar licencia, aunque hoy en día también se ejerce en la calle o se contacta a los clientes a través de anuncios en periódicos (espacios donde la trata de personas entra en acción).

En Zürich, la zona roja se ubica en la calle Langstrasse; en Lausanne está en el barrio Sévelin. Un rápido sexo oral es barato debido a la competencia: 30 francos suizos (400 pesos).  

Verónica Maza Bustamante

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