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Placer sensorial

Sexodromo
(Sandoval)

EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante

Hace unas semanas tuve la oportunidad de participar en un pequeño taller con la orientadora sexual Edelmira Cárdenas, quien nos recordó que el alimento del erotismo es la transgresión, la novedad, lo prohibido, lo diferente. 

Tenemos ideas tan arraigadas de cómo debemos comportarnos, de que la comodidad va antes que la sensualidad, de los horarios frente a la espontaneidad, las reservas por delante de la entrega lúdica, que no nos permitimos integrar elementos estimulantes, cambiar rituales, modificar posturas.

Varias veces he escuchado la frase “no, a mí me gusta lo natural” cuando alguien mira un juguete sexual, un negligé, un lubricante. Mi experiencia entrevistando a hombres y mujeres, así como la propia, me ha llevado a la conclusión de que eso es genial cuando una pareja se está conociendo. Darle rienda suelta al deseo sin ningún elemento externo, probando posturas, conociendo y reconociendo sabores, tocando todo el cuerpo ajeno, escuchando los gemidos de excitación.

Esa temporada puede durar unos días o muchos años. Depende del entusiasmo que le ponga cada uno, de la apertura que tengamos para volvernos exploradores del cuerpecito adorado. Las barreras que vayamos levantando desde el principio en nuestros encuentros eróticos se pueden convertir en fronteras que podrían permanecer ahí toda la vida. Es excelente poner límites, porque hay que detener aquello que no nos gusta y darle luz verde a lo que nos parece estimulante; sin embargo, cuando lo hacemos no por convicción o análisis propio sino por pudor, tabúes o miedo, será mucho más difícil decirle al compañero o compañera, tiempo después, que siempre sí queremos hacerlo.

Recomiendo que desde el principio aprendamos a realizar “sexo oral”: a hablar de nuestros antojos y anhelos, de lo que no nos gusta y sus razones. Será de gran utilidad hacer el mayor esfuerzo por comunicarnos. Siempre es más fácil comenzar por decirle a nuestra pareja lo que más nos estimuló en una sesión sexual; no solo le sacará una gran sonrisa, sino que también lo inspirará y estimulará a realizarlo cada vez mejor (hablo de hombres y mujeres, no es tarea de un solo sexo). Cuando esta fase haya avanzado y nos sintamos cómodos, podríamos proceder a mencionar nuestros límites. Si son por desconocimiento, sería genial que ambos investigaran más sobre el tema para determinar si la creencia que se tiene es cierta o errónea. Además, las diversas opciones que se pueden manejar.

Un ejemplo: una mujer nunca le ha hecho un fellatio a su novio porque cuando era muy joven le dijeron que los genitales olían mal, eran feos y su sabor era desagradable. Cuando meses después de iniciar su vida erótica él le pidió que se lo hiciera, ella se negó rotundamente. Él se avergonzó; no le preguntó el por qué de su negativa y decidió no volver a solicitarlo. Ella se sintió ofendida, terminó con desagrado el encuentro y no habló hasta horas después.

El tiempo pasa. Su compañero sigue creyendo que el sexo oral es estimulante, pero asume que podría pasar toda la vida en su compañía sin ejercerlo. Eso lo entristece un poco. Ella lee por casualidad un artículo que desmitifica su idea. Investiga al respecto. Se da cuenta de que no solo no es malo, sino que tiene ventajas. Piensa que quien le dijo que era sucio estaba equivocado. Le gustaría probarlo con una mentalidad nueva, pero no sabe cómo hacerlo. Cree que su novio pensará que lo realizó con alguien más y por eso ahora se lo pide. No sabe cómo sacar el tema en la conversación. Nunca han platicado sobre su experiencia erótica. Así que se queda con las ganas de intentarlo mientras su pareja permanece con el anhelo de sentirlo. Son dos almas deseando lo mismo pero sin saber cómo pedirlo. Aunque al final a ambos les queda claro que no es algo negativo, una cadena de mitos y silencios impedirán que gocen de todas las maravillosas virtudes del erotismo.

Por ello, queridos y queridas, hay que hablar. Exploremos “lo natural” al máximo, compartamos lo más que podamos con quienes retozan en la cama con nosotros. No nos detengamos en esa idea de que la comodidad, lo cotidiano, lo seguro es lo mejor. Es necesario renovar las fuentes de placer. Siempre buscar de qué manera podemos emocionarnos. Vaya, incluso quienes llevan una vida swinger o son fanáticos de los tríos, los que exploran algunos fetiches o encuentran en los juguetes sexuales un aliciente, deben innovar en algún momento. Romper una barrera. Encontrar gusto en una práctica es delicioso, pero cuando se repite hasta el infinito se vuelve aburrida.

Les recomiendo reencontrarse con la gran fuente del erotismo: la sensualidad, que, como su nombre indica, está íntimamente relacionada con los sentidos. El acto erótico es una puerta abierta a explorarlos todos a la vez. Hacerlo ex profeso puede resultar un viaje sensorial inolvidable.

En el taller con Edelmira Cárdenas realizamos un ejercicio que me parece puede ser la entrada a una nueva fase en nuestras relaciones sexuales. Y es muy simple acceder a ella: en una habitación en semipenumbra, sienten a su pareja en un lugar cómodo y pídanle que cierre sus ojos (o colóquenle un antifaz, para darle un toque sexy). Luego, que haga tres exhalaciones con sus respectivas inhalaciones, lo más fuerte que pueda. Deben tener una lista de canciones suaves, que relajen. Cantos gregorianos, jazz o world music, por ejemplo, que comenzarán a sonar después de las respiraciones. Es importante tener una fuente que estimule el olfato: una veladora aromática, un incienso, una varita perfumada. 

Previamente habrán ubicado elementos que les servirán para jugar sobre la superficie del cuerpo deseado: plumas de diferente tipo, collares de cuentas, palillos, lijas, telas, campanitas, cepillos de cerdas suaves y duras, algún metal, piedras, peluches, etcétera. También elementos que puedan dar a probar: chocolate, dulce de leche, pepino con sal y limón, su postre favorito. Además, tienen su cuerpo con todas sus posibilidades: pueden integrar su aliento, breves caricias con sus manos, su cabello, sus uñas, sus rodillas.

Con todos esos medios, deben estimular a quien está sentad@ con los ojos cerrados. Pueden soplar su cuello mientras pasan un terciopelo por sus brazos, luego una pluma por sus piernas. Esperar unos segundos sin hacer nada, para crear expectativa. Entonces untarle un poco de chocolate en los labios, acercarle la vela a la nariz, arrojar sorpresivamente un poco de cera que no queme, susurrar algo en su oído, azotar el metal para crear un sobresalto. El límite lo pondrá su imaginación.

Al cubrir los ojos hacemos que el/la otro/a utilice su “ojo interno”, que genere imágenes en su mente de lo que está sintiendo, de qué cree que lo provoca o qué recuerdos le trae. Verán que es maravilloso. Así debería ser cada encuentro erótico: una mezcla de sensaciones que nos generen placer no solo sexual, sino de diversos tipos. La estimulación de nuestros sentidos. Un ejemplo de confianza, pues estamos permitiendo que nuestra pareja nos estimule como quiera sin que nosotros lo podamos preveer. Una emoción amorosa que refuerce nuestros vínculos.

Los invito a que hagan el intento. Y renueven su repertorio sensual. ¡Buen viaje!

elsexodromo@hotmail.com

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