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Pequeñas historias con balón de fondo

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Juan Alberto Vázquez

El balón rodó y un caudal de nuevas imágenes y relatos continuarán engrosando la de por sí abultada novela mundialista, con exclusividad del imperio FIFA. Los errores arbitrales, la goleada a España y el dramático triunfo de México se unirán a otras grandes anécdotas que no debemos olvidar.

La mañana del 31 de mayo de 1986 el señor Melquiades Sánchez, la voz oficial del Estadio Azteca, presentaba al presidente de México, quien daría la declaratoria para dar por inaugurado el Mundial. Los abucheos sobre la figura presidencial precedieron a los “¡uleeero, uleeeroo!” que caían desde las tribunas. Confundido, quizá obligado en plena transmisión televisiva, Juan Dosal, entonces estrella del elenco de Televisa, acotó: “Escuchen los cánticos europeos”, lo que desató las sonrisas presentes y futuras por su afortunado quite.

A final de cuentas, del “reino de la lealtad humana ejercida al aire libre” (como nombrara Antonio Gramsci al futbol), pocas cosas son recordadas que no sean los goles, los héroes, las atajadas o los errores y toda la dramatización que al juego le fabrican desde los mass media. Pero los conmovedores y muy humanos detalles se van ocultando como la muñeca fea de la tragedia de Cri-Cri.  

Por ejemplo, todos recordamos o sabemos que el primer campeón mundial fue Uruguay, equipo que en 1930 venció a su eterno rival, Argentina. Pero pocos detallan el drama que vivió el gran Carlos Gardel, quien debía a ambas naciones parte de su formación y éxito. Invitado por varias peñas a ver el partido definitivo, finalmente Carlos Gardel decidió declinar todas ellas, angustiado por el ambiente de guerra previo al juego. “Prefiero no ser testigo de incidentes entre dos naciones que tanto quiero”, dijo un angustiado Gardel y mejor se retiró a componer una sentida melodía.

Por cierto, el argentino José Manuel Moreno, El Charro, consideraba que su mejor entrenamiento era el tango, pues con el “llevás el ritmo, lo cambiás en una corrida, manejás los perfiles y hacés trabajo de cintura y de pierna”. Para eso los colombianos prefieren la salsa.

Pero si en Uruguay el problema fue la encendida rivalidad de los finalistas, en Francia 1938 el ambiente previo a una guerra verdadera desató los comportamientos racistas de quienes se creían una raza superior. Por poner un pequeño ejemplo, en la prensa oficial de Italia, controlada en su totalidad por Benito Mussolini, a la mañana siguiente de cuando la escuadra azzurra venció a Brasil en semifinales, sentencio: “Saludamos el triunfo de la itálica inteligencia sobre la fuerza bruta de los negros”. Y es que la obtención del campeonato para el Duce era una cuestión de Estado al grado de que les envió a los jugadores de la selección italiana un escueto mensaje previo a la final que jugaron contra Hungría: “vencer o morir”. El señor que inició en los movimientos de izquierda de su país se hallaba en uno de sus más altos momentos de locura.

Sin embargo, volviendo al terreno de juego se recuerda con hilaridad la respuesta del mediocampista Walter Mantegazza luego del regaño recibido por su técnico por no haber marcado de manera adecuada a Johan Cruyff en el juego contra la  Naranja Mecánica holandesa del Mundial de 1974. “Solo le vi los números”, dijo el desconcertado y duro jugador, quien después haría una exitosa carrera en los Tigres de la Universidad de Nuevo León.

Del mismo modo, jocosa, pero no pomposa, es la anécdota de los porteros mexicanos que jugaron contra la aplanadora Alemania en Argentina 1978. El titular, Pilar Reyes, salió lesionado al medio tiempo con el marcador 3 a cero y su suplente, Pedro Soto, lo fue a buscar al final del partido a la enfermería. “Empatamos, Piluca”, dijo Soto a Reyes. “¿Cómo que empatamos?”, le cuestionaba un Pilar incrédulo. “Si, te metieron tres a ti y tres a mi”, le aclaró finalmente Pedro. Aquella selección de ratones dirigida por José Antonio Roca, lo más vistoso que mostró fue las extravagentes melenas de los jugadores, que sobre todo militaban en los Pumas: Hugo Sánchez, Leonardo Cuellar y Gonini Vázquez Ayala.

En este mundial de Brasil 2014 hasta el momento la nota más colorida es que los holandeses Sneijder, De Jong y Kyut se fueron toda la noche del domingo de juerga y no llegaron sino hasta el día siguiente hasta las once de la mañana. Esto que pudo convertirse en un escándalo, quedó sepultado con la brillante demostración holandesa que goleó 5 a 1, no a la selección de Australia, ni a la de Irán, sino a la de los mismos campeones defensores de España. Como sea, esas escapadas que ahora son contadas, antes eran muy naturales y si no que le pregunten al Pirata Fuente, aquel legendario jugador que inició en el club Aurrerá y se retiró en los Tiburones Rojos del Veracruz, quien acostumbraba llegar a los partidos directo de la cantina y nadie decía nada.

Tampoco resulta nuevo que la Copa del Mundo sea una marca exclusiva de la FIFA, sus anunciantes, los gobiernos organizadores en turno y, por supuesto, la televisión que genera odios, polémica y que cumple a la perfección el viejo adagio del ex comisionado de beisbol Angelo Barlett Giamatti: “Ha deformado más los deportes que informado al público acerca de ellos. La naturaleza misma de los deportes ha sido violada. La televisión los ha sentimentalizado. Ha convertido el drama en ópera y todo es una interminable lista de arias”.

“Sudo. Tengo la garganta seca. La hierba está como la mierda seca: dura, extraña, hostil. El sol cae a pique sobre nuestras cabezas. No proyectamos sombras. Dicen que esto es bueno para la televisión”, señalaba Harold Schumacher, el portero alemán, quien se refería así al hecho de jugar al medio día en el Mundial de México 86. “Que jueguen y se callen la boca”, le respondió el entonces capataz Joao Avelange a él, a Maradona y a Valdano, figuras que también se quejaban de las altas temperaturas mexicanas.

La coherencia parece haber tomado por asalto a los jerarcas del futbol mundial que se hallan cerca de cancelar el proyecto Qatar 2018. Ante el riesgo de que se les rebele la granja. Al parecer no les queda de otra que ceder y devolver los (supuestos) sobornos para dejar a todos contentos.

Sin embargo, luego del mal experimento que significó Brasil, ¿quién es el guapo que se aventará a organizar el siguiente Mundial?

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