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El Patrick Miller es inmortal

Los colores primarios y secundarios salen disparados desde estrobos, cabezas móviles y reflectores, e impactan por diezmilésima ocasión en las cabezas sudorosas de los bailarines, que no se detienen pese a que faltan escasos minutos para que la música cese.

En la barra dejaron de vender cerveza y agua. Las mujeres que llegaron en tacones reposan tras claudicar al heroico acto de llevar el ritmo a los machines que acuden en tenis o cómodo mocasín.

Estamos en el sauna madrugador conocido como Patrick Miller, nombre artístico de su creador, el dj y productor Roberto Devesa, que emprendió esta idea en 1983 en el Club de Periodistas de la Ciudad de México.

Luego de un año sabático motivado por el robo de equipo y tras el susto que eso significó, desde 1995 el Patrick llegó a Mérida 17, entre Puebla y avenida Chapultepec, y no se mueve de aquí salvo para las fiestas “especiales”, como la celebrada en el Pepsi Center el 1 de febrero de este año.

LA DISCO HA MUERTO, VIVA EL HI-NRG

Patrick Miller llegó a inicios de los ochenta con toda la fuerza que le permitieron las novedosas tecnologías de sonido e iluminación a erigirse como una frontal competencia al Po Po Po Po Polymarchs, tradicional sonido que desde 1974 organizaba bailes con música disco en las colonias de la periferia citadina y sus habitantes alejados de covers y chupes en las ostentosas discos de la época.

Desde entonces, las polémicas sobre cuál de las ofertas de entre “el Patrick” y el “Poly” era la mejor generó encendidos debates entre sus seguidores.

Por muchas razones, motivo de otra reflexión, la música disco ingresó en una acelerada decadencia y se dejó de producir, lo que orilló a que muchas de las nuevas promesas, como Sylvester, Frank Loverde y Rofo, reinventaran el género bajo la etiqueta High Energy.

En México, la nueva propuesta tuvo un impacto moderado y alcanzó sobre todo a estratos más humildes. La clase media disfrutaba a los nuevos héroes del new wave y el postpunk que se difundían en frecuencias como WFM y Rock 101, añoradas hasta la actualidad y que en su momento peleaban las grandes audiencias. El high energy, en aquel momento “para nacos”, resurgió lustros después cuando las fusiones provocaron el retorno de la disco music y sus derivados.

Para el público adicto al italodisco, al Hi-NRG y al dance, Cosmo Estéreo, en el 103.3 de FM, resistió pocos años hasta que la “radio hablada” mató esa estación, aunque dejó intacta la tradición de los bailes.

UNA NOCHE EN LA ROMA

Afuera del Patrick Miller Roma hay un coche estacionado del que escapan las tradicionales notas de los géneros que goza esta comuna. Un grupo de amigos ya cincuenteando jaibolea a gusto en vasos de plástico y levanta la voz. Para quien lo ignore, esta era una estampa típica en los locos setenta en cualquier fiesta de luz y sonido de garaje.

Después llegaban los pleitos (siempre ocasionados por una mujer), las persecuciones a bordo de Super Bee, Mustang o VW Sedan chuleados, y al final los encontronazos donde salían a relucir las “armas” de la época: puños, patadas, cabezazos y, si acaso, un boxer para golpear con fierro.

Son las 11 de la noche y a la media hora de abrir sus puertas, ya ingresaron más de 200 patricios. Para la una de la mañana somos más de 500 y los cuerpos ardientes de tanto baile provocan el efecto invernadero. La sala de doce por treinta metros adquiere el modo sauna, pero nadie se mueve de su pedazo de cemento; es la hora que formarse para comprar una chela le puede llevar al sediento hasta 20 minutos.

Tan lejos de John Travolta y tan cerca del sonido La Changa, acá en el Patrick, Divine es Donna Summer y el pueblo baila así, de manera descoordinada, imitando a borrachos danzarines de YouTube. Los más desarticulados y ridículos son rodeados por mirones que aplican la misma cantidad de morbosidad que al porno.

Democratizar el reven de una ciudad con vida nocturna acotada, con las pistas de baile en vías de extinción, son los méritos de Miller y debemos aplaudir de pie a Devesa por fundar y mantener esta disco de los pobres a la que le podemos reclamar, si acaso, que a ratos nos agobie con esas tonadas cutres, pegajosas, sonsonetosas, sin matices, chatas algunas e insulsas las más que, sin embargo, escuchadas a todo volumen en viernes por la noche tienen su razón de ser (nunca en el Metro a espaldas de un bocinero).

Que baile la raza de Ecatepec, Coacalco, Ciudad Neza, Aragón. Que se mezclen con los nenes del eje Roma-Condechi-Coyoacán. Que el amor y la tolerancia surja entre ambos.

Que este nuevo-viejo sitio de culto sobreviva por los siglos de los siglos…

Juan Alberto Vázquez

@juansinatra

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