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Paquito D’ Rivera, músico de anécdotas

Paquito D’ Rivera
(Adrian Mealand)

Originario de La Habana, Cuba, Paquito es un destacado músico de jazz que ha recibido siete premios Grammy, un doctorado honoris causa en el Berklee College of Music y una medalla nacional de las artes de Estados Unidos. Durante el festival Oasis Jazz U, en Cancún, tuvimos la oportunidad de hablar con él sobre música, literatura y cocina, sus grandes pasiones


Verónica Maza Bustamante


¿Hoy en día hay algo que te parezca más bonito que tu saxofón?

Tú, por ejemplo. Mi saxofón está todo jorobado, tú estás hermosa. ¡Y mira que siempre me ha gustado la música!

Entonces, ¿hay algo más bonito que la música?

Tú, solamente.

Gracias, Paquito. Tú sí sabes del arte del galanteo

Gracias, las que te adornan. Pero decía José Martí, al que yo admiro mucho, que la música es la forma más bella de lo bello, y lo lindo del arte musical es que es abstracto. Te emocionas con su sonido. Es el idioma universal.

¿Siempre traes la música por dentro?

Sí, a veces me persigue todo el tiempo una melodía y es muy incómodo.

En esos momentos, ¿te aguantas o te pones a escribir?

Soy bastante haragán. Tendría muchísimas más composiciones si tuviera más disciplina. Tengo un amigo compositor que se llama Enrique Ubieta. Él me dijo: “Yo compongo todo el tiempo. Despierto, me tomo mi café y me pongo a componer”. Así debería ser mi dinámica.

¿A cambio de la maestría que ahora posees en la música perdiste la emoción de tus primeros años?

Yo dejo siempre algo al azar. Sé de dónde agarrarme si algo falla, pero siempre busco el elemento sorpresa.

Eres un hombre de anécdotas. Todo el tiempo cuentas alguna, muchas referencias literarias. ¿Qué papel juega la escritura en tu persona y tu música?

Me gusta mucho escribir y leer. No tengo una formación literaria de escuela, pero me he buscado amigos escritores, de los buenos. Busqué la amistad de Carlos Alberto Montaner, de Zoé Valdés, de Guillermo Cabrera Infante. Un día le dije a un cineasta cubano que quería conocer a este último, pues iba a tocar en Londres. Me contactó con él. Lo invité a mi concierto; puse su nombre en la lista de entrada: “Guillermo Cabrera Infante”. ¡Y pusieron mrs. and mr. Elefate! Eso lo escribió después en un cuento.

¿Alimentas tus composiciones musicales con tus vivencias?

Todo va junto. A mí me gustan los libros de cuentos. Uno de mis favoritos se llama Jazz Anecdotes, su autor es Bill Crow. Me fascinan las historias de músicos. Como las de Cachao. Él era casi 40 años más viejo que yo y muchas de sus anécdotas eran mentiras. Yo se lo decía y me respondía: “¡Y qué importa que sean mentiras si las sé contar!”. ¡Era tan gracioso! Yo he tenido la bendición, gracias a mi padre (Tito D’ Rivera), de conocer a todos esos negros viejos que eran lo máximo.

Además de la música y la literatura, se ve que te encanta la comida

Si la comida no está buena, yo puedo estar sin comer varios días. Solo un pancito y así me la llevo. Hubo un tiempo en que en Londres la comida era malísima. En los años ochenta. Era un suplicio llegar ahí, aunque era una maravilla a la vez, ¡porque podía bajar de peso! Luego los mexicanos, los puertorriqueños, los brasileños y los españoles abrieron restaurantes y eso cambió. El fenómeno culinario de las culturas me atrae mucho.

¿Y te gusta cocinar o solo comer?

No cocino, prefiero comer. Una vez a mi madre la critiqué por lo que cocinó y me dijo: “De acuerdo, no cocino más”. Y lo cumplió. Lo último que guisó fue un arroz con pollo que le hizo a Celia Cruz en mi casa. Ella quedó fascinada, dijo que era de lo mejor que había probado.

Comer, leer, amar, la música: grandes placeres de la vida

Entre todo eso, luego uno se distrae. Tengo un amigo que toca la viola. Lo citaron a las diez de la mañana para un ensayo en el Carnegie Hall. Cuando vio que lo que debía tocar era totalmente diferente a lo que había ensayado, se asustó. Se le acercó un alemán enorme y le explicó que ahí era el concierto de Von Karajan, ¡no de Zubin Metha, con quien él iba! Su ensayo era en otro teatro, con otras personas.

Estás escribiendo un libro, ¿es de anécdotas?

Ya escribí Mi vida saxual y Ser o no ser, esa es la jodienda, de anécdotas y de viajes. También la novela Oh! La Habana. El próximo tiene como protagonista a un estudiante de música imaginario. Son consejos de lo que yo creo que debe ser y hacer un profesional en esto.

¿Hay algo que cambiarías de tu vida?

Volvería a hacer todo igual, errores incluidos. Se aprende mucho de ellos.

¿Eres un hombre feliz?

Ahora que me lo preguntas… ¡podría decir que sí lo soy!

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