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¡Oh Capitán, mi Capitán!

¡Oh Capitán, mi Capitán!
¡Oh Capitán, mi Capitán! (Especial)

Personaje singularísimo de la escena rockera independiente, pionero en casi toda materia musical, multimedia, escenográfica y provocadora, el legendario "Capitán Pijama" falleció hace unos días. Esta es una entrevista inédita para evocarlo.

"A mí no me gustan los festivales matraqueros donde los chavos se ponen hasta las chanclas". Eso me dijo el músico y periodista Jesús Bojalil, alias Capitán Pijama, en una charla que sostuvimos el año pasado, refiriéndose al apogeo de los festivales musicales en México. Ha muerto a los 60 años de edad en el Distrito Federal. El Capi ha emprendido su viaje al espacio exterior.

Al momento de escribir estas líneas su familia no ha dado una versión oficial de las causas de su muerte. En sus últimos mensajes por Facebook y Twitter (@pijamapiloto) se lee: Mr. Sandman, here I go!, The dream is over y Break on through to the other side (citando a John Lennon y a The Doors), como despedida el 4 de octubre. Su experiencia musical se remite como un pionero de la música electrónica y el punk en México —bajo el seudónimo de Capitán Luxuria— con bandas como Los Pijamas a Go-go, Como México no hay Dos y El Escuadrón del Ritmo, desde la década de los setenta. Alternó con otros músicos como Walter Schmidt, Jaime Herranz, Illy Bleeding y el Dr. Fanatik. En sus últimos años se convirtió en artista independiente, presentándose en el Museo del Chopo, y era colaborador de la revista La Mosca en la pared.

Esta entrevista inédita la realizamos en agosto de 2013.

Tienes una formación tanto musical como periodística, ¿cómo ha sido vincular estas dos actividades al paso de los años?

En realidad nunca he podido vincularlas. Estuve hechizado por la música desde muy pequeño en gran parte porque mi padre fue cantante y compositor (Chucho Martínez Gil, autor de “Dos arbolitos”). En mi casa siempre había música y no precisamente para “ambientar”, sino como aprendizaje y práctica. Fue a los 13 años que de pronto se me ocurrió escribir una novela de ciencia ficción que para mí marca el inicio de mi vocación como escritor. En la secundaria ya escribía pequeñas historias en las clases de mecanografía y las vendía en el recreo a un peso.

¿Consideras que las redes sociales son una medida efectiva de permanencia para músicos de tu generación?

Considero que las redes sociales no las puedes menospreciar ni ignorar. No me agradan mucho pero las necesito. Como prácticamente todo, pueden ser útiles o idiotas. He sido un músico independiente en extremo y en este sentido me ayudan a estar presente, ya sea escribiendo sobre música, subiéndola o compartiendo anécdotas de lo que he vivido como artista.

¿Qué tan importante es utilizar el humor para tu trabajo?

El humor  es algo que se me ha dado desde por lo menos mi adolescencia. Casi siempre con un sentido irónico y de parodia, nunca usando las majaderías ni la burla. No es que sea importante para mí en mi trabajo, es algo inherente en él, inseparable, se da en automático. Me gusta el humor que surge a partir de las ideas, no de la agresión.

Cuéntame sobre la edición que hicieron de tu proyecto “Los detectives fosforescentes en Ucrania”.

Para mí fue algo totalmente inesperado y de lo más agradable. Se dio a partir de MySpace Tenía subido todo en mi página y, en una ocasión, Andrey Dostliev, dueño de la disquera ucraniana Turbinacarpus Records, me escribió diciéndome que mi música le intrigaba mucho y que le interesaba sacar un disco mío. Un amigo que vive en España vino a México y se llevó los discos, que resultaron más fáciles de enviar desde allá a Ucrania. Así pues Andrey seleccionó las piezas que más le gustaron, me consultó si estaba de acuerdo y le dije que sí. Son cinco discos que saqué con mi grupo Los Detectives Fosforescentes, realizado entre 2005 y 2007.

¿Qué sucede hoy en día con la forma de escuchar música en vivo en México? ¿Crees que todo se ha remitido a festivales a diferencia de la forma de ofrecer conciertos en los 80?

Los festivales matraqueros han cobrado fuerza porque los empresarios le encontraron la forma de comercializarlos en grande; a mí nunca me han gustado. No me agrada que los jóvenes den tanta importancia a tocar en esas ferias aberrantes de ruido y chichis al aire, pero pues como les ha de salir muy caro ir a Disneylandia, pues ahora sueñan con el Vive Latino y bodrios semejantes. El billetote que se meten los empresarios, ese sí dura más si saben invertirlo. Para mi gusto la mejor música en vivo se escucha en lugares pequeños.

¿Qué necesita ahora la escena musical de México? O, más bien, ¿qué le sobra?

Lo que se necesita es más educación musical, tanto de músicos como del público, que estos no se claven en un estilo de musiquita y cierren sus oídos a otras formas que los enriquecerían mucho si en verdad son músicos. Si el público se conforma con lo que les enjaretan las grandes disqueras, un pop corporativo, descafeinado y manipulador, pues serán unos ignorantes. Lo que sobra son actitudes tontorronas de estrellatos hechizos, facilidad tecnológica para componer música boba y la mediatización inmediata vía redes sociales de cualquier porquería que alguien grabe usando una computadora, ésta propicia el autoengaño en aras de una vanidad patética. Lamentablemente ha permitido que cualquier menso se sienta artista, cuando no lo es. El talento se tiene o no se tiene.

Miriam Canales

@miricaiba

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