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Oasis Jazz U Fest: músicos e instrumentos primero

Dos días de un brutal despliegue de talento musical en el escenario. Más de diez horas divididas en un par de noches de concierto se transformaron en una cátedra de la manera en que se puede tocar un instrumento con maestría, pero también de manera creativa, libre, loca. Ése fue uno de los mayores placeres del Oasis Jazz U Fest 2014, el pasado fin de semana en Cancún.

Verónica Maza Bustamante / Cancún

Dedicado a la memoria de Paco de Lucía, quien falleciera en febrero pasado en esta costa del Caribe, el banquete sensorial del Oasis Jazz U Fest comenzó el jueves, con una conferencia de prensa donde Chuchito Valdés (nieto de Bebo e hijo de Chucho), sentado al piano y acompañado por cuatro músicos, convirtió su cuerpo en una extensión de su instrumento. Usando la mano completa para tocar las teclas de una manera personalísima, veloz, diversa y hasta divertida, el cubano reveló su herencia, su imaginación, su carrera en el mítico grupo Irakere y su labor individual en el afrocuban jazz.

El viernes, en la primera sesión del encuentro, el guitarrista Antonio Sánchez apareció en el escenario con su sexteto para rendirle tributo al legado de Paco. Acompañado por Alain Pérez en el bajo (los dos trabajaron durante una década al lado de De Lucía), Antonio Casas en la guitarra, el cantaor Piculabe y el bailaor Isaac de los Reyes, sacó toda la casta gitana, la intensidad con la que se vive el flamenco, ese duende necesario para conectar el alma con las manos, las bocas, los pies.

Carles Benavent, el hijo pródigo de Poble-sec, Barcelona, es un monstruo en el bajo. Colocado a la mitad del cartel, con su largo cabello blanco y su actitud relajada, demostró por qué es uno de los mejores intérpretes de su instrumento a nivel internacional. Percusión, piano y su bajo fueron la mezcla precisa para crear sonidos complejos e interesantes de flamenco jazz. Su carrera al lado de Miles Davis, De Lucía y Chick Corea se vio reflejada en su presentación.

Tan simpático como excelente músico resultó Paquito D’ Rivera, un hombre de anécdotas y palabras dulces, de historias de vida donde se percibe la manera en que ve la vida, disfrutando a tope de los placeres simples para, en el escenario, sacar su lado complejo al tocar el saxofón y el clarinete, pero también como un director de orquesta (sexteto en este caso, más invitados de las otras agrupaciones) capaz de controlar el ir y venir del sonido de sus compañeros con la mirada. Su fusión de latin jazz con música clásica es impecable.

Al día siguiente, sábado, la Oasis Arena tuvo aún más público (casi casa llena), quizá por la presencia del salsero Óscar D’ León, quien trabajó de cerca con el homenajeado unos meses antes de su muerte, pues Paco grabó con él la canción “Señorita”, que aparecerá en su ahora disco póstumo. Aunque la cereza del pastel de esa noche no fue, para muchos, el venezolano, sino Jorge Pardo, tremendo flautista y saxofonista, principal figura del jazz español actual. En compañía de su quinteto, se apropió del tablao —que había quedado calientito después de la presentación de José María Bandera quinteto con la bailaora María Auxiliadora Fernández—, el cual convirtió en una fiesta cuando, al cierre de su presentación, invitó a todos los flamencos a subirse para hacer un jam multitudinario e irrepetible.

Alonso Arreola, primero de la noche, dejó a la concurrencia boquiabierta con esa manera de tocar el bajo que va de lo genial a lo frik. Sin duda, el Oasis Jazz U fue un festival donde brillaron los bajistas, y el mexicano, en su set solista titulado “Cortito y rabioso”, es un perfecto ejemplo de lo que sucede cuando un músico no se conforma con tocar su instrumento de la manera tradicional o con crear una personalidad para dormirse en sus laureles. Fueron apenas 20 minutos de un diálogo entre la voz de Paco de Lucía y su bajo, que por momentos logró amarrar ese lenguaje que solo entre músicos se puede dar, incluso aunque uno ya no esté.

Para cerrar, Óscar D’ León armó el baile con los ritmos que lo han convertido en El faraón de la salsa. Fue de “Llorarás y llorarás” hasta “Caballo viejo”, pasando por “Alma llanera”, “Brasil” y la rumba flamenca que compusiera con el español. Dueño y señor del escenario, con su orquesta siguiendo sus indicaciones e intenciones, mandó a todos a dormir bien bailados y escuchados.

Quizá el Oasis no fue un “festival de jazz” en toda la precisión del término, pero sí resultó un homenaje no solo a la figura de uno de los más grandes compositores contemporáneos, sino a la música universal que alcanza un nivel de profesionalización tan alto, que da lo mismo el género que interpreten sus creadores; lo importante es la fibra que mueven con sus notas, el asombro que provocan con sus arriesgados movimientos, la alegría que generan al estar hermanados en un escenario.

Al final, el hilo conductor del encuentro organizado por Oasis Hotel & Resorts fue Paco de Lucía. De una u otra manera todos los presentes estuvieron cerca de él en vida, fueron sus cómplices, y al revivirlo interpretando alguna de sus creaciones, confirmaron que más allá de la muerte, siempre quedará la música que cada quien lleve en su ser.

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