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Nueva York: y la música no cesa

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
David Cortés


Llegar a Manhattan es darle rienda suelta a la memoria. No importa si no se ha estado antes aquí. El cine, la televisión, han provisto de suficientes imágenes para darnos una idea de la vida en la isla y sus alrededores. Hay de todo. Si te gusta el arte, una vuelta por el Soho puede saciar tus ansias; los fans de los museos pueden sumergirse en el Metropolitano, con sus inabarcables salas o constatar como algunas imágenes de Una noche en el Museo tienen correspondencia en la vida real.

Pero es la música la que marca la diferencia, un murmullo, un eterno zumbido que no para, no cesa y  está presente en cada rincón. Ya sea en ese metro sucio y ajado pero funcional que ha creado un programa para regular el trabajo de los músicos ambulantes o en los negocios de comida rápida que dejan escapar mezclas de soul, funk y hip hop, Manhattan y zonas cercanas son un hervidero de sonidos.

Las oportunidades de sumergirse en los brazos de Euterpe son siempre seductoras y contrastadas en esta ciudad. Un lunes por la noche la elección está entre dos leyendas del punk: Patti Smith y Television. Mis acompañantes y yo nos decantamos por la segunda y nos encaminamos al Irving Plaza para degustar a un cuarteto que luego de más de 30 años aún mantiene a tres de sus principales integrantes y el espíritu intacto.

El foro tiene una capacidad para mil personas y está lleno. En su arquitectura no hay nada relevante, sin embargo, es inevitable no traer al recuerdo a otras bandas que han pisado el escenario (Talking Heads, Ramones, B-52s, The Dictators). Television despliega un set irreprochable, una música con esqueleto punk, pero una cubierta en donde las inflexiones jazzísticas de Tom Verlaine imprimen un registro diferente. Casi dos horas que terminan con la misma intensidad con la cual comenzaron, con solos limpios, precisos, desgarrados a veces, de un Verlaine que concluye la velada con la mano izquierda “destrozada”.

Walter Hill en el filme The Warriors (1979) mostró cómo atravesar Manhattan con ayuda del Metro para llegar a Broo-klyn podía ser una idea mortal; pero hace muchos años, gracias a Giuliani y su “barredora” que el atractivo del lugar ha dejado de ser la podedumbre y la antesala del infierno, para tornarse territorio de Disney y demás comerciantes. “Es tranquilo vivir aquí, pero ¿a dónde se fue la mala gente? Oh, esa es una buena pregunta”, dice el taxista que nos lleva a Delroy’s, un minúsculo bar en Brooklyn, en cuya sala adyacente se llevan a cabo semanalmente las 65Fen Music Series (el nombre lo toman de la calle y el número donde se encuentra el antro).

Si bien los festivales en territorio azteca (Aural, Radar y, recientemente, Germinal) han brindado la oportunidad de confrontarnos con exponentes de la improvisación, no hay nada como ver a los “maestros” en su hábitat natural y romper con esa idea de que tal vez aquí, en su propia tierra, gozan de fama y fortuna (hoy la asistencia no supera las 25 personas). Esta noche hay un doble set. Por una parte el guitarrista Bern Nix, quien tocó al lado de Ornette Coleman de 1975 a 1987 y grabó discos fundamentales como Dancing in Your Head, para luego formar su propio trío, abre la sesión con su acústica y toca apenas media hora, lapso en el que solo deja entrever algunos destellos de su talento.

Le siguen el guitarrista Joe Morris y Daniel Levin al cello. Ambos dan una exhibición de cómo tratar un instrumento y extraer de él sonidos inusuales, de cómo dialogar en el escenario y de cómo la improvisación a pesar de ser un intrincado viaje puede tener buen fin cuando el barco es tripulado por navegantes expertos no obstante cruzar procelosos mares.

Al día siguiente llegamos al Beacon Theatre para el concierto anual de Gov’t Mule, grupo que celebró sus 20 años en un hermoso foro (comenzó a operar en 1929 como cine y desde 1974 se utiliza para conciertos) en el cual ha tocado quien se les ocurra nombrar, de Bob Dylan a Leonard Cohen, de Grateful Dead a The Allman Brothers Band.

La Mula, como la llaman sus seguidores, es un grupo de blues y jams que en directo añade a sus propias composiciones la interpretación de temas de bandas como Pink Floyd, The Who o Jimi Hendrix. En su primer concierto el cuarteto comandado por el guitarristas Warren Haynes interpretó algunas canciones de Free (Simon Kirke, baterista original de la banda inglesa los acompañó en un par de canciones) e hicieron un tributo al recientemente desaparecido Joe Cocker. Al día siguiente dedicaron la segunda parte de su set de año nuevo a interpretar catorce temas de AC/DC con Miles Kennedy en la voz.

Había más música por supuesto (pero poco tiempo y menos dinero para hincarle el diente), todo un soundtrack que acompaña a la Gran  Manzana, la  Urbe de Hierro, la  Ciudad que Nunca Duerme, una banda sonora inagotable.

Ya lo dijo, con precisión, Thelonious Monk: “Sigo enamorado de Nueva York […] Ningún lugar me ha gustado tanto como Nueva York […] Hay de todo en Nueva York, gente de todos los países, de todas las raíces. Ahí las cosas se sienten de un modo diferente”.

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