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Nostalgia por Saldaña

Jorge Saldaña
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Juan Alberto Vázquez

Inventor de un macizo catálogo de programas de época, el veracruzano Jorge Saldaña falleció en días pasados a los 83 años de edad. En esta entrevista nos habló de los viejos tiempos, de su estancia en Europa y de cómo vivió la “transición mexicana” desde allá.


¿Se aburrió de los parisinos?

Mira, ellos no son precisamente como para un día de campo. La ciudad es muy bella, aunque tiene dos cosas muy difíciles: su clima y sus habitantes. Pero tiene compensaciones muy gratificantes en la vida cotidiana que hizo que me la pasara normal.

¿Por qué discuten por todo los franceses?

Ellos tienen muchas virtudes, son muy intelectuales, ciertamente muy difíciles y les gusta examinar todo desde todos los ángulos.

¿Por qué no refresca un poco el episodio de su autoexilio?

Tenía 22 años trabajando en Canal 13, inicié cuando no había siquiera una programación sólida y batallamos mucho para hacer auditorio. Al final yo no le simpatizaba al señor licenciado Salinas de Gortari y cuando se vendió el canal, tras 19 directores, se comenzó a decir que no funcionaba y entonces me di cuenta que la finalidad era que tocara fondo.

¿Entonces se fue porque quiso?

¿Pero a qué me quedaba? Yo era un hombre acostumbrado a la televisión de manera patológica y obsesiva. Me quitaron eso y tuve que buscar cómo alejarme.

¿Cómo vivió desde París la mentada “transición mexicana”?

No, no, no hubo ninguna transición. Y eso lo decía desde el segundo mes que entró al poder el licenciado Fox. Desde mi punto de vista no existe ningún cambio sino la culminación de un proyecto neoliberal que inició De la Madrid, solidificó Salinas, acomodó Zedillo y que al parecer culminara Fox.

Regresó a México y se fue a los extremos: de París a Banderilla, Veracruz, sin pasar por Querétaro, al menos.

En París hay todo y aquí no hay nada. Pero no creas que es un sacrificio total. La ciudad de Jalapa tiene ciertos atractivos, hay cosas que hacer, me entretengo haciendo mi programa, mi periódico, compré una casa vieja que estamos restaurando.

¿Extraña algo del México DF?

¿Del Distrito Federal? No, nada. Ni de París. No sabes lo agradable que es aquí el campo verde en la mañana cuando está de buenas el sol. Las vacas, las gallinas, los caballos: es muy entretenido.

Le tocó la época de la gran censura, ¿qué recuerda?

Llegaba un señorito de la Segob, un tal Argüelles, y cortaba las emisiones. Cuando entrevisté a Lombardo Toledano, me lo cortaron a la mitad, el programa de la píldora, igual; el programa de la moral antigua y moderna con Carlos Abascal, me lo cortaron y me castigaron. Hicimos uno que se llamaba “La tortilla o el bolillo” y me lo cortaron a la mitad porque La China Mendoza dijo no se qué barbaridad. Son los que me acuerdo, pero fui castigado entre 14 y 16 veces por los temas que trataba.

¡Qué gente tan agradable!

Un programa de Méndez Arceo me lo cortó a la mitad Pablo Marentes. Le dije “por lo menos espérate a que llegue el comercial dentro de cinco minutos”. Me respondió: “No, ahorita entras y dices que por orden de la dirección...”. Entonces le aclaré que se iba a saber que él lo censuró. “Pues eso quiero; que sepan en la Segob que lo mandé cortar”.

¡Cómo cambian los tiempos!, ahora es políticamente incorrecto censurar.

No solo eso, sino que es elegante dejar que cada quien diga lo que sea. Pero si es elegante, también resulta intolerante. Porque en el fondo, ¿algo se ha corregido con la libertad de expresión? Creo que muy poco.

¿Usted algún día probó la sopa de chayote? 

¡Cómo no! Formé parte de la corrupción, soy mexicano, ¿cuál es tu bronca? Por ejemplo una vez fuimos a Sudamérica en uno de los poquísimos viajes que he hecho con un presidente, cuando me invitó Luis Echeverría, y pasamos a comprar fayuca a Panamá al grado de que llenamos el avión, ¿me entiendes? Todo lo pagó don Luis. En otra ocasión estaba mi programa muy fregado y me patrocinó algo que se llamaba Conafrut. Pero así de ir a cobrar a una secretaría mensualmente un chayo, no.

¿Qué caída lo sorprendió más?, ¿la de las Torres Gemelas o la del PRI?

No me pueden sorprender dentro de la misma línea. Pero la del PRI sí la recuerdo mucho, pues jamás pensé que iba a tener oportunidad de hacer lo que hice: eran las 10 de la mañana, había ganado Fox y en mi programa de radio tomé la guitarra y canté: “A dónde irááá....”, nunca pensé que iba a realizar algo tan idiota como cantarle “Las golondrinas” al PRI.

¿Le dieron algo en TV Azteca por la retransmisión de la entrevista que le hizo a ‘La Doña’?

No sabía, y me parece que actuaron incorrectamente, pues no me pidieron permiso y, según sé, ni siquiera pronunciaron mi nombre. Perdón la falta de modestia, pero la charla fue muy interesante, pues yo no me dejaba apantallar por ella y cuatro o cinco veces se molestó hasta el tuétano.

¿Recuerda uno de aquellos famosos palíndromos?

¿Cómo no?, hay un par que yo hice: “A no dar a Maradona” y otro que es muy grosero: “Ojo con Ana Iliana no cojo”. Otro que no es mío pero que me gustaba mucho: “A remar ramera”.

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