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La noche de Los Toreros Vivientes

(Karina Vargas)
(Karina Vargas)

EL TONO DE TONA
Rafael Tonatiuh


Esta canción es parte de tu patrimonio,
no defraudes a Hacienda y declárala

"Para ti", Los Toreros Muertos

Gracias a Los Toreros Muertos y The Blue Men Group (a quienes conocí gracias a mi adorada amiga Angélica Ponce), tomé inspiración para hacer el ridículo como frontman de La Capa de Batman, por ello, cuando supe que Los Toreros Muertos tocarían el 23 de mayo en el Distrito Federal me dio un infarto al miocardio de felicidad, pues siempre quise verlos en vivo (aunque estuviéramos muertos, ellos por toreros y yo por mi infarto), además, es la única banda de la que me sé todas sus canciones (no únicamente los éxitos que la mayoría conoce: "Yo no me llamo Javier" y "Mi agüita amarilla", cuya letra todo mundo se la sabe, como "Pedro Navajas").

Los Toreros Muertos es el único grupo que realmente me gustó en los tiempos del "rock en tu idioma". Jamás me prendió el rock argentino ni las ondas poéticas caifanescas, me gustaron algunos grupos mexicanos (El Personal y La Maldita Vecindad) y algunos españoles (Alaska y los Pegamoides, Radio Futura), pero ninguno tan cagado como Los Toreros Muertos, quienes manejan desde el punk hasta el house, pasando por el rock progresivo. Son una versión auditiva de una comedia estudiantil estúpida de colegas cachondos y borrachos, dirigida por Almodóvar (como los jóvenes burócratas de Workaholics). Sus letras son muy masculinas, (no sexistas, sino más bien chistes privados de género), políticamente incorrectas.

Los Toreros Muertos son mejores que los Beatles, en primer lugar porque hacen letras en español, que todo mundo entiende, como: "¡Pilar no tiene bicicleta, pero tiene un buen par de tetas!", y con ello todos nos reímos, porque tiene sentido cómico, pero ni "Eleanor Rigby" ni "Let It Be" ni "Largo y sinuoso camino" narran nada sensato, solo son letras que suenan bonito en inglés británico, susurrado por medio cuarteto de Liverpool.

Así fue como nos lanzamos Angélica, Ana Laura, La Negrita, Adrys Vázquez, Rosita, El Chiquibeibi y los ex integrantes de La Capa de Batman: Tachito y Dodosito, al Indie Rocks (Zacatecas 39, colonia Roma). Teníamos brazalete, o sea, un salvoconducto que nos daba derecho a la zona VIP, arriba del galerón donde se apelotonaba la gente, cual trasbordo en Pino Suárez. Por ahí andaba el Chava Rock y Armando Pérez (quien alguna vez nos consiguiera tocadas a La Capa).

Yo me imaginaba que en la zona VIP habría una mesita en una terraza junto al escenario, con un mesero atento y elegante que nos traería bebidas y nos echaría airecito con una palma. Cuán lejos estaba de la realidad: era un barandal a la orilla del salón, en el primer piso, y los únicos que veían eran quienes apañaban sitio junto al barandal.

Pablo Carbonell antes de que nos bajaran del carro.
Pablo Carbonell antes de que nos bajaran del carro. (Foto: Dodosito)


Nos fuimos a la parte más cercana al escenario, junto a los baños, desde donde no se veía ni un carajo. Descubrí una puerta junto a los baños que conducían a un lugar desde el cual se veía perfectamente, con agradable comodidad, justo arriba del escenario, pero había un técnico de luces que te echaba de ahí.

Empezó el concierto más de una hora después. Yo gritaba: "¡Siéntense!", pero la gente gritaba y brincaba y yo brincaba más alto para ver algo del escenario: un pedazo del teclado, la cara de Pablo Carbonell, el cantante, maquillado como mimo de burlesque, tipo The Tiger Lillies; y algo que parecía ser el pedal del bombo o la nariz del bajista.

Decidido a no gastar mis fuerzas brincando por encima de los demás, me puse a bailar (la ventaja es que sí había espacio para coreografías). Aparte, Dodosito, que está alto, estuvo grabando el concierto con su SmartPhone, onda selfie-secuencia, y ya luego vería bien en concierto al que acudí.

Angélica me mostró que se podía mirar hacia el escenario por debajo de las piernas de la gente pegada al barandal, lo que me hizo andar a gatas, pero algunas personas malinterpretaron mis intenciones: "Mi amor, este ruco indecente está mirando mi tanga por debajo de la falda". "No es lo que parece, amiga, permíteme explicarte".

Así, por momentos bailaba y por momentos me asomaba por debajo de las piernas, constatando que el show estaba bueno, pues el cantante ahora vestía de leopardo y sombrero de Napoleón.

Me perdí uno de los shows más esperados de mi vida, pero al menos hice un perfomance conceptual que solo mi maestro y amigo Salvador Dalí apreciaría: canté y bailé "Mi agüita amarilla" mientras realmente miaba, echándole toda la buena vibra a todos los calamares y los pecesillos y las merluzas que tú te comes. Bailé y canté "Para ti", "Tu madre tiene bigotes", "Necesito un avalista", "Mi carnet de identidad", "Twistas loca" y todas mis favoritas.

Al finalizar la tocada, vi el escenario lleno de confeti y me dije: "Benditos sean Los Toreros Muertos, que trajeron alegría a la gente de mi pueblo". Hicimos tiempo conversando en el jardín, tomando las últimas bebidas refrescantes. Al salir a la calle, ¡allí estaban Los Toreros Muertos, abordando sus camionetas! Los abrazamos, nos tomamos fotos, nos subimos a los vehículos para ir a la fiesta VIP y me dije: "Este es un premio de compensación". Lamentablemente había un manager que te echaba del carro. Cuando los rockeros vivos se fueron sin llevarnos a su reventón, me dije: "¡Malditos sean esos pinches Toreros culeros y mierderos!". Y con el miocardio hinchado de alegría, me fui a dormir.

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