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Nine Inch Nails: de espectros y oscuridades

Nine Inch Nails
(Especial)

La media noche es la hora idónea para el romance, el sexo y hasta el miedo y los fantasmas. Si la media noche tuviera un soundtrack donde se complementaran todos estos elementos, Reznor sería su máximo perpetrador. Éste es un disco repleto de sueños y pesadillas, religión y herejía, odio y pesadumbre, en el que su voz quedó plasmada como una referencia de los tiempos aciagos de mitad de los 90. Producido por él mismo y Mark Ellis Flood (U2, Depeche Mode, New Order), The Downward Spiral se parió el 8 de marzo de 1994.

Un par de años atrás, a fin de encontrar una atmósfera propicia, el cantante se mudó a la residencia que habitaron el cineasta Roman Polanski y la actriz Sharon Tate, asesinada ahí mismo por Charles Manson y sus secuaces en 1969, para gestar sus oscuras ideas musicales. Ubicada en Benedict Canyon, en Los Ángeles, instaló un estudio llamado “Le Pig”, donde surgió su ep previo a Broken y apadrinó el disco debut de Marilyn Manson: Portrait of An American Family. Por 11 mil dólares mensuales de renta, tuvo la ocurrencia de colocar todo su equipo de grabación justo en la sala donde ejecutaron a las víctimas, rodeado de los muros donde aún se leían las consignas Death to the pigs plasmadas por los criminales a manera de firma.

Durante sus últimos momentos de trabajo por 1993, tuvo un encuentro casual con Patti Tate, hermana de la actriz, quien lo confrontó preguntándole si morando en este sitio pretendía explotar su muerte, a lo que Reznor respondió: “No, es solo mi interés en el folclor norteamericano; estoy en este lugar donde ocurrió una parte enfermiza de la historia”. Alguna vez declaró a la revista Rolling Stone que tras esta charla se puso en sus zapatos y reflexionó sobre la pérdida de un ser querido. “¿Qué tal si se hubiera tratado de mi propia hermana? ¡Al carajo con Charles Manson! Fui a casa y lloré esa noche; me hizo ver las cosas de otro modo”. Después fue demolida, él sintió que había demasiada historia difícil de abarcar en ella.

Cavilación tardía o remordimiento pasajero, el trabajo ya estaba hecho y había logrado que esos fantasmas se introdujeran para dar a luz al disco más representativo de la banda, lleno de momentos delirantes y agresivos. La referencia de los cerdos-víctimas quedó evidenciada en temas como March of The Pigs y Piggy (Nothing Can Stop Me Now). Una faceta fresca y más inteligente que la frivolidad del heavy metal de finales de los 80, que parecía no dar para más ante el dominio del grunge. Ya nadie podría detener a Reznor más que sus propias ambiciones.

“Te llevaré a donde quieras ir” (I’ll take you where you wanna go!) es una frase conductora del primer corte a lo largo de un sombrío viaje de 60 minutos. El álbum abre con “Mr. Self Destruct” y los quejidos de un hombre cruelmente azotado. Los oídos deben estar atentos para entregarse a una obra que no garantiza felicidad alguna. Es un paseo por el infierno donde el mismo autor, influenciado por Numan y Bowie (¿quiénes más?), se enfrenta a sus propios demonios más de los que ya pululaban en la vivienda del matrimonio Polanski-Tate. La belleza tiene otras caras, muchas de ellas grotescas, y aquí queda demostrado.

Por su trascendencia musical y como video de MTV, “Closer” es la pieza más famosa. Contiene una letra perversa y sin tapujos en la que Reznor declara que desea follarnos como animales. “Ayúdame a salir de mí mismo / Tú me haces acercarme más a Dios”.

Después de embarrase de fango con “Ruiner”, “The Becoming”, “I Do Not Want This” y “Big Man With a Big Gun”, el escucha puede regocijarse con una pieza instrumental sublime como lo es “A Warm Place”, en la que es posible sentir una luz diáfana por unos instantes. Si hubiera un acercamiento breve a los fieles difuntos en un plano celestial, ésta sería perfecta. Una vez terminada esta efímera paz engañosa, hay que retomar el camino al inframundo con “Eraser”, recordando que no es la alegría lo que motiva a escuchar este disco.

“Hurt” se encarga de cerrar; su lírica depresiva y existencialista sigue influyendo pese a la distancia generacional. “Y tú podrías tenerlo todo: mi imperio de lodo / ¿En qué me he convertido, mi más dulce amigo? / Todos los que conozco al final se van”. Para entonces, Reznor logró su propósito: sumergir al escucha en su mundo lúgubre del que resulta difícil salir. A manera de testamento musical, Johnny Cash se encargó de hacerle una conmovedora reinterpretación poco antes de su muerte en 2003.

El próximo 27 de marzo, NIN volverá a este país encabezando el primer día del Festival Vive Latino con sus obras posteriores y su último disco Hesitation Marks. Es ahí donde a dos décadas de distancia se apreciarán los efectos que la sombra de Sharon Tate tuvo en él.

Miriam Canales

@miricaiba


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