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Músicos que escriben: La necesidad de decir

Aunque pudiera pensarse que existe un deseo por abarcar más, en el fondo los músicos escriben por necesidad.
Aunque pudiera pensarse que existe un deseo por abarcar más, en el fondo los músicos escriben por necesidad. (Fotoarte: Guillermo Guerrero)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

David Cortés


No son pocos los que forman parte de esta corte. Compositores y letristas trabajan por separado, a veces se funden en la misma persona; pero también hay quienes, además de ello, se desempeñan como escritores. ¿Qué lleva a un escritor de canciones a dejar el papel pautado para tomar la hoja en blanco y plasmar un poema, una novela, un artículo periodístico, un cuento?

Joselo Rangel, integrante de Café Tacvba, autor de Crócknicas marcianas y One hit wonder, y quien desde hace más de siete años escribe una columna semanal en un diario de circulación nacional, cuenta que a los 13 años se obsesionó con la ciencia ficción y quiso convertirse en escritor: “Llené muchos cuadernos con ideas de novelas y cuentos. Así que primero nació en mí las ganas de escribir que de tocar. El rock vino a cambiar todo. Ahora estoy poniendo en orden las cosas”.

Para Lorenzo Partida, bajista y letrista de una banda longeva de la escena del rock duro de este país y que ha publicado nueve libros con poemas, “el hecho de pertenecer a una banda como Transmetal me ha abierto muchas puertas y oportunidades, todos los trabajos que he realizado son una consecuencia de esto; sin embargo, también existe el placer por crear proyectos y mostrar todas estas propuestas musicales y literarias al mayor público posible. Mis canciones llegan a un sector de gente, la mayoría seguidores del metal pesado, y son digeridas más rápidamente que un texto con tintes poéticos… debo transitar por ambos caminos”.

Aunque pudiera pensarse que existe un deseo por abarcar más, en el fondo los músicos escriben por necesidad. “Es una necesidad creativa. Como con la música, es un deseo de dejar huella, de trascender, me gusta contar historias, dar mi versión de las cosas y si le sumas que tengo buena memoria, hay bastante que contar entonces. En una canción entro en los terrenos de la fantasía, lo abstracto y lo metafórico. La interpretación de lo que en ella plasmo puede ser tan amplia como las vivencias de quienes la escucharán. En cambio, cuando he escrito para alguna revista o en mi libro, mi motivación por lo general ha sido hablar de música y todo lo que pueda estar emparentado: anécdotas, hechos desconocidos y apreciaciones personales sobre el quehacer musical”, dice el Sr. González, percusionista en Botellita de Jerez, autor de Mi vida pop y quien actualmente prepara un libro relacionado con el rock mexicano.

Alonso Arreola, quien desde hace más de una década escribe una columna dominical en un diario, además de en otras publicaciones, y que participó al lado de Michel Houellebecq en un recital poético-musical (registrado en el DVD Las partículas horizontales) dice que “escribir es un proceso que ayuda a los engranajes de mi reflexión, un espejo en donde mi pensamiento se alimenta y depura, al menos un poco. Respeto mucho a quienes entregan su vida al oficio de las letras, por lo que prefiero imaginarme como un músico que escribe más que como un escritor que hace música. Digamos que soy un escribajista”.

¿Hay una aspiración mediática en los músicos al escribir? “Brincos diera —dice Rafael Catana, rupestre de corazón que recientemente puso a circular el poemario Los pájaros de la cervecería—, pero El Catana sigue siendo subterráneo. Ahora la poesía está alejada de la sociedad y el letrista debe inclinarse a leer cosas que le puedan ayudar, así como el poeta tiene que escuchar mucha música. Para mí es una necesidad de narrar los tiempos que corren; ahora tengo una tarea muy cabrona como escritor de canciones.  Hablar de tantos muertos para no olvidarlos”.

Joselo Rangel no oculta la risa: “Me hace gracia tu pregunta. Como si ser escritor significara más ‘presencia mediática’. ¡Si somos un país que no lee! Si buscara eso supongo que me convertiría en actor de telenovelas, ¡ahí sí me verían! En realidad hago esto porque me encanta, es una suerte que existan lectores que me siguen”.

Alonso Arreola señala que “nunca he conseguido atención mediática escribiendo. A menos que te dediques a la política, los chismes o que tengas una carrera consolidada como novelista, es difícil que los lectores de México reconozcan tus aportaciones. En mi caso va por otro lado. Crecí entre libros, estuve en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y siempre he creído que los rasgos esenciales de mi persona pueden manifestarse en múltiples disciplinas interconectadas. Me considero una suerte de visitante o turista en las tierras de mis intereses y pasiones”.

El Sr. González corrobora este sentir: “Puedo decir que lo hago por puritito gusto. Y no me cuesta trabajo imaginarme haciéndolo, así como mi música, hasta que muera”.  Lorenzo Partida lo reafirma: “Aún no he recibido ningún tipo de ayuda de un gremio de escritores. Mi deseo es compartir cada uno de estos trabajos que hago con mis propios medios y con un arduo trabajo que muchas veces mella profundamente mi ánimo, pero la consigna es continuar y seguir siendo una persona libre y propositiva”.

Reza una máxima popular: zapatero a tus zapatos. ¿Deben los músicos ceñirse al universo de las blancas, negras y corcheas, y dejar las palabras a los escritores?

Rafael Catana se ríe intensamente: “Nadie le quita el espacio a nadie, en un país de más de 100 millones de mexicanos hacen falta escritores que nos cuenten historias de nosotros, que nos digan algo de la vida real, que nos cuenten cosas, algo de los viajes, de las mujeres, de nuestros mares. Estamos llenos de artistas que piensan en la fama más que en la obra, necesitamos autores que sepan vivir, que hayan caminado y sean creíbles. Escritores que nos acompañen ante nuestra inmensa soledad”.

El percusionista de Botellita de Jerez afirma: “No dejo de ser un músico que escribe y hasta ahora, no he pretendido ser un ‘escritor’ como tal, no al menos en el sentido artístico. No creo haber desarrollado aún el oficio más allá de las letras de mis canciones, mismas que considero un tipo de literatura”.

Alonso Arreola comenta: “Me reiría mucho. Si pienso en la poesía u otros textos misceláneos que he publicado… diría que soy de los que piensan que el arte verdadero está lejos del capitalismo y de los controles que, sin atender a la calidad, determinan quién merece publicar una obra. Si con la tecnología y los medios de hoy un hacedor de textos no puede hacer que sus líneas existan en otra mirada, entonces no es un verdadero escritor y punto. Argüir que un músico le quita trabajo sería como convertir canciones y poemas en asuntos de plomería o carpintería.

“En un principio Café Tacvba usaba una caja de ritmos como parte de nuestro concepto y el sindicato nos reclamaba porque estábamos ‘quitándole trabajo a un músico’. Pensábamos que era broma, pero no, era todo un pedo. Si un ‘escritor’ se molesta conmigo, entonces que me acuse con quien le haya dado su permiso para escribir: su sindicato, su Club de Tobi o su Logia de los Búfalos Mojados. Yo de todos modos voy a seguir escribiendo”, concluye Joselo Rangel.

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