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Mostrología: la ciencia de los esperpentos mexicanos

‘Mostrología del Cine Mexicano’, un libro publicado por Ediciones La Caja de Cerillos.
‘Mostrología del Cine Mexicano’, un libro publicado por Ediciones La Caja de Cerillos. (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

* Guillermo Guerrero

@guillermo_ga


La génesis de un monstruo en las diferentes mitologías y religiones responde al horror que nos producen las cosas inexplicables. Son fuerzas indomables, en su mayoría con un instinto destructivo, que quedan fuera de nuestro entendimiento; seres antropomórficos o con aspecto animal cuya motivación a veces no queda del todo clara. Ejemplos hay muchos: el Golem como monstruo clásico judío tiene una obediencia completa hacia su creador humano, sin cuestionar sus acciones. Godzilla puede destruir ciudades enteras por puro gusto y los humanos no podemos más que rendirnos a su paso. En Japón, los seres fantasmales son más terribles aún y viven para hacerles la vida miserable a los humanos que se topan con ellos.

Pero esos son los monstruos. Los monstruos de verdad. En México es otra cosa: acá lo que tenemos son mostros.

Los mostros del cine mexicano no espantan ni a un niño de cinco años: aquí los licántropos visten peluche, las mujeres vampiro lucen sus sensuales bikinis y las momias están envueltas en trapos viejos. Nuestros monstruos clásicos no son vampiros ni cíclopes rampantes: son la Llorona y el Nahual. Algunos no sabemos ni de qué especie son y otros son mutaciones creadas, no por un científico loco, sino por directores que tomaron diferentes disfraces de los Estudios Churubusco.

Para bautizarlos, sus creadores se dieron vuelo: el Conde Duval, Alucarda, Átabar, Angeluz o el diablo Presto. Otros en el nombre llevan la penitencia: el Macho Biónico, Chiquidrácula, el Vampiro Teporocho o la brujita Verónica. Esos son nuestros mostros, y para combatirlos tenemos toda una pléyade de héroes como Santo y Blue Demon, Kalimán, Mantequilla Nápoles, Resortes Resotín de la Resortera y hasta la Caperucita Roja. Paladines a la altura de los engendros mezquinos.

Mostrología del Cine Mexicano, un libro publicado por Ediciones La Caja de Cerillos, es un deslumbrante compendio: sus autores se dieron a la tarea de hacer una clasificación de los esperpentos mexicanos. La taxonomía está realizada con estricto rigor cuasi científico, de manera que la catalogación de mostros no pudo haber sido más certera: Alimañas, Aparecidos, Brujas, Chamucos, Chupasangres, Electrodomésticos, Etes, Humanoides, Momias y Peluches. Ciencia pura aplicada al cine nacional.

Los cuatro autores, Marco González Ambriz, José Luis Ortega Torres, Octavio Serra y Rodrigo Vidal Tamayo, tienen una larga experiencia en el cine fantástico y del absurdo: han organizado cineclubes, proyecciones caseras, cápsulas de radio y llevan la revista Cinefagia, con 13 años en línea; son arqueólogos en botaderos de películas pirata, tianguis capitalinos y cazadores de películas en canales de televisión que nadie ve. Armados de su videocasetera VHS y con la suficiente paciencia para ver películas olvidadas en la cinematografía nacional, hace años decidieron darle el justo valor a los espantos mexicanos.

“Hay muchos mostros en nuestra historia fílmica —explica Rodrigo—, que nuestra primera idea fue hacer un álbum de estampitas, como los que teníamos de niños, e hicimos una primera selección con 200 personajes, aunque no prosperó. Luego surgió la oportunidad de hacer este libro, así que tuvimos que reducirla a 50. Nuestra idea fue hablar de este género de manera seria y no acercarnos de manera burlona como ha sucedido con el cine de luchadores. Yo soy biólogo y propuse una línea de trabajo con rigor: cada uno de los mostros tiene su clasificación en latín que alude a sus características físicas o mentales”. Como ejemplo, Canis Insanus, es el nombre que le corresponde al Lobo Feroz que acompaña al Zorrillito: es Insanus porque lo interpreta el Loco Valdés.

Si los monstruos en otras industrias cinematográficas son consecuencia de los temores imperantes en la sociedad que los creó, aquí fue mucho más sencillo. “La mayoría de las películas mexicanas son copias de películas norteamericanas. Los productores, al ver el éxito en taquilla, hicieron su versión tropicalizada. Muy pocas películas son completamente originales” nos dice Octavio Serra. Así, el temor de ser invadidos por seres extraterrestres dio como consecuencia en Estados Unidos el clásico “El día que la Tierra se detuvo” con los alienígenas Klaatu y Gort, en un intento por establecer contacto con nuestra civilización. Pero en México los aliens cayeron bailando chachachá en “La Nave de los Monstruos” con Piporro como embajador plenipotenciario de la humanidad.

Para los autores, no importaba qué tan ridículo se vieran estos personajes o qué tan cómicos puedan resultar en nuestro tiempo “Cuando uno va al cine, se establece un pacto: si la película me absorbe y si existe una fascinación genuina, podemos tolerar que haya un mostro de peluche. Eso es lo de menos y, de hecho, es la gran cualidad de estas cintas. Ese pacto queda establecido desde el principio y por eso hay gatos diabólicos o cabezas que hablan, sin importar lo absurdo de la situación”. Y pasó que muchos de ellos fueron tan memorables que tuvieron sus películas secuela (como La Momia Azteca) o repitieron contra diferentes adversarios, como el Lobito. “También incluimos mostros modernos: Guillermo del Toro es un gran creador de ellos, pero en la industria mexicana solo hizo Cronos. De las películas más recientes podemos mencionar Kilómetro 31. Fuera de eso no hay nada, el cine mexicano de terror moderno es más psicológico”.

Ambos autores creen que para que exista una industria cinematográfica sana, debe incluir todos los géneros posibles. “En los últimos años, el cine mexicano se ha especializado en comedias románticas que tienen buen éxito en taquilla —dice Octavio— y definitivamente hace falta tener cine fantástico o de terror de acción real. Extrañamente los últimos mostros mexicanos están en las películas de animación, como ‘La Leyenda de la Nahuala’, que forma parte de una trilogía con las Momias y la Llorona. Definitivamente nos hacen falta más mostros”. ¿Será que los mexicanos ya no nos la creemos? ¿Hacer adefesios es un arte perdido? Nadie lo sabe con certeza. Lo que podemos decir es que las discordancias de este género quedan muy bien resumidas en un diálogo de Aurora, una de las protagonistas de “Más Negro que la Noche” cuando el malvado gato Bécquer está a punto de darles chicharrón: “Más negro que la noche... ¡vieja cursi! Tanta solemnidad por un pinchurriento gato”. Tiene razón.

TOP’ 5 DE ‘MOSTROS’ MEXICANOS

Preguntamos a Rodrigo y Octavio cuáles son personajes infaltables del Panteón Mostrológico Mexicano:

1.- Popoca. “La Momia Azteca” (1957).

2.- El vampiro de hule. “En todas las películas de chupasangres sale colgando de un hilo”.

3.- Alucarda. “Alucarda la hija de las tinieblas” (1977).

4.- El Cíclope. “La Nave de los Monstruos” (1960).

5.- El Indio Cacama. “Santo vs la Invasión de los Zombies” (1961). “Este es humano, pero está tan feo que lo metimos como humanoide”.


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