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Mentes cochambrosas

En el tono de tona
(Karina Vargas)

EN EL TONO DE TONA
Rafael Tonatiuh


"Una orgía real no excita tanto
como un libro pornográfico".
Aldous Huxley.

El jueves cuatro de junio, a las 20:00 horas, Editorial Grijalbo presenta el libro El Motel de los antojos prohibidos, escrito por mi adorada amiga, compañera de MILENIO y ex alumna de la UAM, Verónica Maza Bustamante, con bellas ilustraciones del maestro Antonio Helguera (afamado caricaturista político, presentándonos ahora su faceta de monero del mono más mono). La presentación será en Terraza Howard Johnson Hotel Alameda, Revillagigedo 23, Colonia Centro, México DF (por el teatro Metropólitan), con las actuaciones especiales de la cabaretera Marisol Gasé y el juglar de la sexy-comedia Fernando Rivera Calderón. El Motel de los antojos prohibidos saca del closet de un mago del fetiche, una infinidad de cachondas sexopatías (ahora, políticamente correcta llamadas preferencias sexuales), abarcando todo deleite sensual excitante, sorprendente y profano, lo cual, le asegura un gran éxito de venta al libro, pues todos los aquí presentes tienen mentes cochambrosas y que tire la primera prenda quien no haya tenido jamás una fantasía sexual cuyo ingrediente picante sea lo "vergonzoso".

Algunos protestarán, "no, los santos no tienen mentes cochambrosas" y en verdad os digo: "Los santos tienen las mentes más cochambrosas del mundo material; si son mártires, son masoquistas slaves xtreme, y si evitan las fantasías sexuales de ayer y hoy, es porque están mas obsesionados con el sexo que los mismos adictos al sexo.

La presentación de este estupendo libro de erotismo (compendio de sapiencia, humor, tips, cultura, arte, rock y poesía), me sirve de pretexto para darle un aplauso con una mano (pues la otra la tengo ocupada) a la pornografía. ¡Reina de fetichismo! ¡Protectora del onanista! La pornografía es como la comunidad inmigrante en Estados Unidos: Despreciada pero buscada.

Todos aquí hemos imaginado situaciones que nos gustaría ver gráficamente porque proyectan, en los personajes de la situación actuada, lo que ya habíamos imaginado antes con personas específicas que conocemos, y cuando digo todos, me refiero a todos: a ti, a ti, a ti, a la persona que se está escondiendo bajo el escritorio. ¡A todos!

De adolescentes, nos encerrábamos en un cuarto para mirar las revistas pornográficas que alguien había conseguido, ahora cualquier mocoso puede entrar al inconmensurable mercado pornográfico de internet, que en cierto modo es como un videojuego para los pornófilos de corazón, pues con la práctica hay que saber brincar páginas que no te metan virus, cookies, spam, links indeseables, páginas que se te van a abrir de por vida y ese horrible anuncio apócrifo de Gobernación diciéndote que por pedófilo ya van las tropas para tu casa, a menos que compres una aplicación.

En el ciberespacio encuentras todo tipo de oferta lujurienta: Shemale, granny, MILF, teen, sexo en la oficina, en la escuela, en el taller mecánico, con parientes, con embarazadas, encuentros interraciales, zoofilia, bondage, onanismo, enanismo (sexo con gente pequeña), personas amputadas (y emputadas, en la sección sex rough), y hasta Lisa Simpson penetrando con un strap-on a Bob Esponja. No hay límites.

La pornografía te brinda la ventaja de gozar, de manera imaginaria, íntima y anónima, de aquello que enciende tu libido, sin necesidad de tener una personal real a tu lado, con la cual puedes padecer una impotencia, es capaz de reírse de tu propuesta de representar la fantasía de que tú eres Bill Clinton y ella Mónica Lewinsky, puede roncar, pedorrearse, eructar pápalo, quizás te cobre, quizá te robe, quizás te mate, quizá se case contigo, no sé, te arriesgas más que gozando en solitario (o en grupo, pero cada quien con su laptop). Con la pornografía lo peor que te puede pasar es que tengas que ver al médico por una irritación priápica, te dará una pomada y te recomendará que dejes de jalártela por un mes.

Durante varias noches de desvelo, viendo situaciones filosóficas y marranas con personas de diferentes edades, complexiones, nacionalidades, estratos sociales, descubrí que es más rico el caldo que las albóndigas, es decir, los aderezos que la cópula: Los fetiches.

Mis fetiches favoritos son los pies y los uniformes (sobre todo los de secretaria, colegiala y empleada del Oxxo, ésta última dificilísima de conseguir). Si hay algo que realmente me saque de quicio, es que te engañen con los thumbnails, o series fotográficas para escoger tus pics (he aprendido algo de inglés gracias a la pornografía, pero con el ruso y japonés aún no doy una). Me enfurece que te enganchen mostrando la foto de una mujer que tiene unos bellísimos pies bronceados, con las uñas pintadas de verde limón fosforescente, y cadenita en el tobillo y al mirar la serie completa ¡no hay ni una sola maldita foto donde la mujer enseñe ni un dedo meñique del pie! ¡En el mejor de los casos ves un poco más allá del tobillo!

Luego te atrapan mostrando la foto de una pareja dónde la chica está vestida de colegiala y un ruco es el maestro (o la misma chica es una secretaria y el mismo ruco es el jefe), y cuando abres la serie completa ¡el ruco le quita el uniforme a la chica en la tercera de treinta fotos! ¿Qué burla es esa? ¡Te hacen perder el tiempo haciéndote ver gente encuerada y poniéndole, que bien podrías aprovechar para ver personas que conservan su uniforme al menos hasta la mitad de la historia!

De los pies y los uniformes luego pasé a las pantymedias y las calcetas, y por ironías del destino, mi pornografía actual es bastante ñoña: pura propaganda del departamento de damas de la Comercial Mexicana.

En fin, cada quien sus preferencias sexuales.

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