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Memorias de un intrépido punk

Intrépidos punks
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Olmo Robles


En 1980 Francisco Guerrero (Trágico Terremoto en México) filmó Intrépidos Punks, lo que a su entender eran los punks en México, cuatro años después del estallido británico con los Sex Pistols y la paternidad del genero atribuida luego a Los Ramones. Intrépidos punks, con las actuaciones de Juan Valentín y Juan Gallardo, Ana Luisa Peluffo, La Princesa Lea, Rosita Bouchot, Olga Ríos, Laura Tovar y una furibunda y esperpéntica pandilla mixta de punks mexicanotes salidos del inimaginable psicotrónico nacional se volvió de culto casi instantáneamente.

Entre esos punks estrafalarios salidos del salón de belleza con los pelos fosforescentes parados (a prueba del aire en contra en motos que agarraban carretera a 90 kilómetros por hora), estaba Tito Guillén, actor de larga trayectoria en la Serie B Mexicana (Bancazo en los Mochis, El vampiro teporocho, El silla de ruedas 3, Cholos contra judiciales) que actuó también, siete años después, en la maldecida y atacada secuela La venganza de los punks, bajo la dirección de Damián Acosta.

De esas experiencias, este intrépido punk recuerda: "Fueron películas, la neta, muy buenas, salvajes, violentas y divertidas, digan lo que digan. Éramos una pandilla de punks muy mexicanotes. Había 10 actores con personaje dentro de una bandota que se trepaba en motos y triciclos motorizados arreglados con motor de Volkswagen. El director de la película, Paco Guerrero, nos dio manga ancha para que cada quien se inventara su personaje. Nos metieron en una estética y cada quien salió transformado".

Maldecida unánimemente por esa ala de la crítica cinematográfica nacional que navega bajo el brazo con el Cahiers Du Cinemá, como si fuera la biblia, la película fue prohibida y llevada a la hoguera. Sin embargo, la doble vida prometida en ese tiempo por el Beta y el VHS la rescató para los fans del exceso que todavía deliran con la más absurda camada de punks grotescos hechos en México inventados para el cine: una turba de tipos peligrosos, vengativos y violadores a domicilio, que operaban al lado de monjas asaltabancos y que trepados en motos desafiaban las leyes físicas, sin despeinarse.

"Viendo las películas a distancia —dice Tito— yo creo que éramos unos punks con mucho de los que ahora serían los emos, con un toque darketo. Cuando llegamos a filmar a Tenango del Aire, todo el pueblo se espantó con nuestra pinta. Luego, cuando llegaron los camiones y las cámaras, agarraron la onda y se alivianaron. Éramos una pandilla de punks mexicanos con los recursos de aquel tiempo, incluido el alcohol durante las filmaciones nocturnas, porque hacían un frío muy cabrón".

La cinta, que incluye hasta un ritual satánico rural, es un desfile de desnudos (in)justificados, pelos esperpénticos de colores fosforescentes y almidonados (que resisten, sin doblarse, velocidades de 80 o 100 kilómetros en moto), violencia inaudita y gore donde los punks cargan hasta con un grupo de rock (El Three Souls in my Mind, de Charlie Haupvoguel, luego de su divorcio con Alejandro Lora), para hacer el soundtrack en directo cuando les da por violar a domicilio.

Intrépidos Punks fue y es, para decirlo en corto: un Mad Max de cuarta con un exceso de perversiones y, como tal, se da la mano con Ecatepunk y con un judicial: Marco (Juan Valentín) entrometido en asuntos punks en Tenango del Aire, que pagará caro la osadía de enfrentarse con ellos. Siete años después, su secuela: La venganza de los punks, de Damián Acosta (el mismo de ese otro cult movie que es El violador infernal), recibiría gratis las puñaladas del crítico Jorge Ayala Blanco en su libro "La Eficacia del Cine Mexicano" (bajo el título de "La salvajadita exterminadora"). La secuela que estuvo enlatada por cuatro años y luego liberada por la segunda administración salinista de RTC es el anuncio del día del juicio final que ejercerá el judicial Marco, al que le han violado y matado a toda su familia contra el casting de punks mexicanos. Comandados por el luchador, El Fantasma (Tarzán) y su segunda de abordo: La princesa Lea (La Fiera) con un look que le debe mucho a Twisted Sister, Mötley Crüe y Cinderella.

Creo —recuerda Tito Guillén— que el policía interpretado por Juan Valentín que nos entambó en la primera película actuó conforme a derecho en una venganza que está plenamente justificada. Imagínate: nos mete a la cárcel y cuando nos rescata Olga Ríos y las demás punks en el comienzo de la segunda película, lo único que queremos es vengarnos. Así que enfilamos rumbo a su casa y llegamos exactamente sin querer en un cumpleaños familiar. Ahí agarramos parejo: señoras, señores, niños y niñas... a todos se les apareció el diablo por estar en el sitio equivocado y a la hora que no debían y les dimos bala en un ametrallamiento colectivo".

Guillén ríe malévolamente divertido cuando se refiere a la suerte que corrió Marco, personaje interpretado por Juan Valentín y dice: "Delante de él le violamos a su esposa y a su hija y luego las matamos. Imagínate al pobre hombre cuando le pasa todo esto. Por eso yo todavía me pregunto cómo no va a vengarse ese pobre policía matando a todos esos hijos de la chingada y, aparte, con qué saña los mata el cabrón. A mí, que interpreto al Ojal, me entierra en una varilla que estaba salida en una construcción de cemento y la punta me sale por la boca.

"A otros punks —agrega Tito— les va de la verch: A Olga Ríos, La Pantera, la mata a fuetazos en una cama mientras la tiene amarrada; a otro punk del señor lo mete a un foso lleno de serpientes; a La Medusa le quema los senos con ácido, a otro de nosotros, lo incinera lentamente con un soplete, a otro lo obliga a hacerse el hara-kiri y al Tarzán, nuestro jefe le mete dos tiros en las piernas y luego le saca los ojos... A los demás punks mirones acabó rafageándolos... ahí nos quitó lo intrépido punk y la gozó porque nos decía socarronamente antes de filmar... ¿A ver cabrones, cómo van a querer morir?

Las películas que luego finalmente llegaron en dvd —lo que son las cosas— importados de Estados Unidos, donde fueron un éxito entre la chicanada, les siguen confirmado un halo de "Películas Mexicanas Malditas": En el primer Festival de Cine Fantástico Penumbra, celebrado hace un par de años en la ciudad de Monterrey, iban a ser objeto de una retrospectiva y homenaje y, a la mera hora, las autoridades regiomontanas decidieron prohibirlas nada más porque en una secuencia El Tarzán les dice a los punks: "Viva la muerte, la coca, la mota y el alcohol; a divertirse, campeones"... "Pero sí, ¡es solo una película! ¡Es solo una película!", finaliza Guillén.

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