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Medios electrónicos y relaciones de pareja

Sandoval
(Sandoval)

por Verónica Maza Bustamante

Como muchas personas nacidas en la década de los setenta, a veces me siento como Elsa, aquella felina que protagonizaba una serie de televisión de aquellos años: soy una leona de dos mundos. Pero no en relación a territorios, sino a que viví la aparición a nivel masivo de las computadoras y el internet cuando estaba en la universidad.

Todavía me tocó ir numerosas veces a las hemerotecas para hacer investigación de campo, buscar libros en la biblioteca, mis primeros artículos periodísticos los redacté en máquinas de escribir, tenía que hacer llamadas telefónicas, generar mis contactos a través de los amigos de mis amigos o acudiendo a oficinas, instancias, bases de datos. Mandaba cartas e información por correo y la gente me contactaba pidiendo mi teléfono fijo por ahí.

Más allá de las cuestiones laborales, mis primeras relaciones de amistad y amorosas las establecí a través del contacto directo. Conociendo a las personas, sintiendo su vibra de inmediato, pasándonos los números telefónicos de casa. Eran días en los que tus cuates te organizaban citas a ciegas, se hacían fiestas o se conversaba con algunos desconocidos en los vagones del Metro, los parques, las discotecas, las escuelas.

Y no es que me sienta vieja y esté haciendo un recuento de los daños y los años. Lo que pasa es que mientras ustedes están leyendo esta columna, yo me encuentro en Guadalajara, Jalisco, en el VIII Congreso Internacional de Salud Mental, al que me invitó el departamento de Clínicas de Salud Mental de la UDG. Ayer ofrecí un curso de actualización que versó sobre Inteligencia Erótica y al mediodía de hoy ofrezco una conferencia sobre los medios de comunicación electrónicos y las relaciones de pareja.

Cuando la psicóloga Carolina Muñoz, coordinadora del área de sexología del congreso, me invitó a hablar sobre este tema, la ardilla que vive en mi mente comenzó a girar en su rueda, generándome mil imágenes de los días actuales, en donde se vive a medias entre la “realidad” y las redes sociales. Al comenzar a reflexionar sobre el asunto, no pude evitar pensar en lo diferente que es el mundo actual de aquel que viví, en donde alguna vez hubo televisiones en blanco y negro, solo había canales abiertos, se escuchaba música en acetatos y nuestra idea del futuro estaba más cerca de los viajes espaciales, los coches voladores o los robots que del internet, la comunicación worldwide, Twitter, Facebook y la posibilidad multiplicada al infinito de conocer al hombre o la mujer de nuestra vida (o, cuando menos, de una noche), a través de una serie de teclazos de la computadora o, más actual, de dedazos en la pantalla touch de nuestro smart phone.

Podría escribir un libro sobre todos esos cambios y me quedaría corta, pues son innumerables, pero en cuanto al impacto que esta modernidad ha tenido en las relaciones de pareja, puedo hacer un miniresumen en este espacio (o en una conferencia de una hora, como la que doy el día de hoy).

¿De qué manera ha impactado el surgimiento de la web en hombres y mujeres en relación a su experiencia erótica y amorosa? Las aristas son diversas. La posibilidad de acceder a datos de todo tipo hizo, en un principio, que se pudiera tener información sobre sexualidad humana, por ejemplo. Para saber de anticonceptivos ya no era necesario ir a un centro de salud, preguntarle a las amigas o cachar lo que se pudiera en la televisión: casi desde el principio del internet fue posible encontrar información al respecto, aunque al día de hoy es ya tanta, que un buscador novato corre el riesgo de terminar mal informado.

Este acceso a la información no ha tenido gran impacto en las prácticas sexuales de los adolescentes, por ejemplo: pasan los años y los más chavos siguen preguntando, con increíble frecuencia, qué hacer para no terminar embarazad@s tras tener encuentros eróticos sin protección. Aunque están a su alcance muchos datos sobre el uso del preservativo y las infecciones de transmisión sexual, recurren a las posibilidades electrónicas hasta después de haber, dirían las abuelitas, “metido la pata”.

La edad en que comienzan su vida sexual es cada vez menor, siendo la actual los 13 años. El índice de embarazos no deseados lejos de disminuir, en algunos países va en aumento. ¿Tiene que ver, como se ha dicho, el exceso de información en estas situaciones? La gran cantidad de datos que hay disponibles en la red, más aquellos que aparecen en los medios de comunicación tradicionales, suelen ser parciales, no siempre bien documentados, por lo regular poco especializados, de tal manera que las parejas jóvenes sienten una presión social y mediática para ejercer su vida erótica sin entender bien los mensajes o tratando de hacerlo pero teniendo opciones poco fiables dentro del vastísimo mundo del internet. Sin embargo, la posibilidad de contar con todos estos recursos actuales ha servido de herramienta para que los educadores sexuales y profesionistas de áreas relacionadas busquen replicar a través de ellos sus valiosos conocimientos.

¿Y a las parejas de mayor edad cómo les han impactado los medios electrónicos? Mas conscientes de las opciones de búsqueda que tienen, aprovechan mejor la información que los jóvenes, o saben cómo llegar a aquella que es más veraz. Pero como los chavalillos, también creen (sin generalizar) que las redes sociales son una buena opción para conocer desde a un compañero o compañera de una noche hasta a su media naranja. Esto puede suceder, y cada vez son más los casos de matrimonios que empiezan con un sencillo chat cuasi anónimo.

Esto tiene ventajas y desventajas, pues no es lo mismo conocerse a través de una pantalla, una bocina y un teclado, que en vivo y a todo color. Habría que revisar los índices de divorcio más recientes para ver si el resultado de estas relaciones virtuales están creando relaciones duraderas o frágiles, que se rompen apenas la pareja comienza a conocerse en la vida real.

Las posibilidades de la red en este campo también entran en el área de las filias (o expresiones comportamentales de la sexualidad), pues existe una página para cualquier gusto, deseo, fijación, sea prohibida o legal. Esto ha ayudado a que un número considerable de usuarios descubra que su expresión es normal, cuando entra en los limites del sano, seguro y consensuado, además de enseñarle que no está solo en el mundo sino que hay otros y otras que lo entienden.

El sexting o posibilidad de ejercer el erotismo a través de las opciones que da el internet y, más recientemente, las aplicaciones para teléfonos celulares, vuelve a entrar en el campo del claroscuro: por un lado puede ayudar a mantener la llama de la pasión encendida en una pareja que se tiene confianza, puede ser soporte importante para aquellos que sostienen un “amor de lejos”, pero también puede convertirse en una pesadilla para quienes son grabados sin autorización o lo hacen en un momento de calentura sin medir consecuencias, pues resulta ser información que puede servir para excitar pero también para el chantaje, el abuso y hasta el negocio.

El tema es extenso y lo desgranaré felizmente en el congreso. Estoy abierta a sus comentarios… en las redes sociales y el correo electrónico, que no podemos pedirle al tiempo que vuelva sino adaptarnos a los días de hoy y tratar de hacer el mejor uso de sus recursos.

@draverotika

elsexodromo@hotmail.com

Facebook.com/veronicamazab

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