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Medio siglo con los Kinks

Kinks
(Ric Reyes)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Hugo García Michel


Ta-ta-ta ta-tá / ta-ta-ta ta-tá. ¿Habrá algún amante o cuando menos aficionado del rock que jamás haya escuchado el seco riff de “You Really Got Me”, la composición de Ray Davies que en 1964 revolucionó al género e incluso —según opinión de muchos— dio origen a lo que algunos años después sería el heavy metal? Lo dudo.

“De veras me atrapaste” la llamaban en las estaciones mexicanas de radio de amplitud modulada en esa época y venía contenida en el album Kinks (Castle, 1964), un disco no del todo brillante desde un punto de vista musical, pero altamente significativo por ser el punto de arranque de una de las agrupaciones rocanroleras más importantes de la historia.

En México, en plena beatlemanía, escuchamos en su momento varias de las canciones de los Kinks. Piezas como “All Day and All of the Night” o “Tired of Waiting for You” lograron una gran popularidad, así como lo hizo el muy lamentable cover en español de los Hitters a “A Well Respected Man”, una composición de Ray Davies que hacía una ácida crítica a los dandys y snobs de la época y que en la versión nacional se convirtió exactamente en lo contrario: una apología a los mismos: ”Soy un hombre respetable y el mundo está a mis pies, yei yei”).

Por desgracia, hasta ahí llegó la difusion radiofónica de los Kinks en nuestro país y mientras los Beatles y los Rolling Stones siguieron siendo muy populares por estos rincones, el grupo de los hermanos Davies se convirtió en un fenómeno de culto, seguido por un reducido sector de melómanos (y me incluyo) que jamás los perdieron de vista a lo largo de una brillantísima carrera que se extendería hasta la década de los noventa del siglo pasado.

Los Kinks fueron desde un principio los más ingleses de los conjuntos pertenecientes a la llamada Ola Inglesa de los años 60. No solo por sus letras, referidas en buena parte a realizar una crónica crítica e irónica de la sociedad británica y sus personajes más conspicuos (desde la reina Victoria hasta los desempleados, pasando por los burócratas, los marginados, los alcohólicos y hasta los pedófilos), sino también por su música, basada en el blues, el rhythm n`blues y el rock más clásico, pero también en el music hall británico, el skiffle y la canción popular inglesa.

Nativos de la zona norte de Londres, de Muswell Hill para ser exactos, The Kinks (antes llamados The Ravens) han sido desde siempre y en buena parte un proyecto personal de su líder, vocalista, guitarrista armónico y autor de casi todas sus composiciones: el genial (y digo genial en el más estricto sentido del término) y carismático Raymond Douglas Davies, (nacido en 1944, acaba de cumplir 70 años y continúa en la brega). Su hermano menor, Dave, es un talentosísimo requintista y aceptable compositor, pero siempre ha tenido que asumir –a veces a regañadientes y con varios conflictos filiales de por medio– su papel como segundo de a bordo. Sin él, los Kinks podían seguir adelante; sin Ray, hubiese sido imposible.

Una de las razones de que la música del grupo haya sido tan gustada a lo largo de media centuria es la estructura más o menos básica de sus canciones. Ray Davies compone sin demasiadas complicaciones armónicas, basado en un número limitado de acordes, lo que lo emparenta, de una u otra manera, tanto con los grandes compositores clásicos (Mozart, Haydn) como con el cancionero popular del mundo. Si a ello le sumamos su enorme facilidad para crear melodías entrañables, podemos explicarnos el por qué de la permanencia de piezas tan exquisitas como “Sunny Afternoon”, “Days”, “Set Me Free”, “Lola”, “Waterloo Sunset”, “David Watts”, “Celluloid Heroes”, “Mirror of Love”, “Come Dancing”, “Misfits”, “A Gallon of Gas” y decenas más.

De entre sus cerca de 25 álbumes grabados en estudio, pueden destacarse joyas como The Kink Kontroversy (1965), Face to Face (1966), Something Else (1967), The Village Green Preservation Society (1968), Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire) (1969), Lola Versus Powerman and the Moneygoround Vol 1 (1970), Misfits (1978) y Give the People What They Want (1981), aparte de mis dos grandes favoritos personales: el Muswell Hillbillies de 1971 (su disco más norteamericanizado, una colección de canciones que visitan lo mismo el blues, el country y el folk que la música de vodevil) y el Low Budget de 1979 (su disco más politizado, un verdadero manifiesto en contra de las políticas neoliberales que empezaba a instrumentar la primera ministra Margaret Thatcher en Inglaterra, pero con un sentido humorístico y musical que lo salva del panfleto).

El legado de los Kinks resulta invaluable. Su trascendencia es mucho mayor de lo que se cree. Grupos como Blur o Pretenders son descendientes directos de su música. Ray Davies es uno de los grandes genios de la historia del rock y su extraordinario cancionero perdurará por muchísimo tiempo.

Medio siglo con los Kinks, medio siglo magnífico.

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