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Mazatlán, ay, mi Mazatlán

La captura de Joaquín "El Chapo" Guzmán sepultó bajo su inmensa cortina de  humo la entrega del Premio Mazatlán de Literatura a Rafael Pérez Gay.
La captura de Joaquín "El Chapo" Guzmán sepultó bajo su inmensa cortina de humo la entrega del Premio Mazatlán de Literatura a Rafael Pérez Gay. (Especial)

Fui a Mazatlán, como integrante del Jurado, a la entrega del Premio Mazatlán de Literatura 2014 al escritor Rafael Pérez Gay por su libro El cerebro de mi hermano, y como tantos sinaloenses y mexicanos desayuné con la nota periodística y política del año: la detención, en ese puerto, de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo. En aquellas tierras chapo quiere decir chaparro, bajo de estatura física (y en este caso moral), lo que es paradójico, pues el personaje es considerado el narcotraficante más grande y poderoso del mundo: no en balde la revista Forbes  lo ha considerado uno de los hombres más ricos del mundo.

Esta fue la enésima vez que asistí a Mazatlán con motivo del certamen literario, sin duda uno de los más prestigiosos del país y de otros ámbitos. Lo ganaron José Gorostiza, Ricardo Garibay, Jaime Sabines, Luis Spota, José Emilio Pacheco (Carlos Fuentes lo rechazó por razones políticas) y una nómina extraordinaria de narradores, poetas y ensayistas. Suele entregarse en el contexto del Carnaval, y en uno de los teatros más hermosos, cómodos y funcionales de México, el Ángela Peralta. Los mazatlecos tienen en gran estima la ceremonia, y sacan sus mejores galas para asistir al espectáculo de la Velada de las Artes que cobija la premiación del escritor en turno, porque siempre se ofrecen números de alto nivel: la Compañía Nacional de Danza, ópera, cantantes de primera…  El peladaje va a otro concierto, masivo éste, que se efectúa en el parque de beisbol local y en el que cantan Lucero, Yuri o Belinda.

A la celebración del galardón a Rafa Pérez Gay asistió Susana Zavaleta y su numerito Qué guapa; el consenso fue que se trató de algo extraordinario, pues los bailarines y cantantes de zarzuela son maravillosos, y que hubiera podido funcionar a la perfección sin Zavaleta; pero qué se le va a hacer, alguien tiene que hacer los chistes malos y, sobre todo, cobrar. Eso sí, debo reconocer que la cantante está buenísima pese a su edad (ya alinea en la sub 50). Aprovechando, el municipio rindió homenaje al director de orquesta Enrique Patrón de Rueda, oriundo del puerto y que acaba de cumplir 35 años moviendo el palito, como observó Susana. Patrón de Rueda es un espectáculo aparte, porque hace partícipe al público; se recuerda que dirigió la orquesta que acompañó a Juan Gabriel en Bellas Artes en un concierto memorable.

Al terminar el numerito fuimos, como debe ser, a cenar con el premiado y sus invitados, y con las reinas de belleza del Carnaval: la primera, Su Graciosa Majestad Lorena I. Bellísima en verdad, prueba irrefutable de que en Sinaloa viven las mujeres más hermosas del mundo, cosa que he sostenido a lo largo de muchísimos años y que se refuerza cada que vuelvo a Mazatlán, ay mi Mazatlán.

Los asistentes a la cena no sabíamos que mientras comíamos filete de pez espada y otras exquisiteces y bebíamos barriles enteros de whisky y nos enfrascábamos en una discusión casi de caníbales en torno a la eficiencia o pobreza mortal de las bibliotecas mexicanas, en un sector residencial del puerto y durante una fiesta, fuerzas de la Policía Federal y del Ejército tendían un cerco en torno al celebérrimo Chapo Guzmán. Se dice que fue incruento, que no se disparó ni una bala, y que se apresó a otros cabecillas del cártel del delincuente más buscado del mundo.

Pérez Gay y Delia, Héctor de Mauleón y Areli, Braulio Peralta y yo desayunábamos en el restaurante del hotel Freeman  (que cuando fue inaugurado en 1944 se convirtió, con sus 12 pisos, en el principal “rascacielos” mazatleco) cuando nos enteramos de la noticia bomba. A esas alturas ya los pobladores locales conjeturaban: “Es una mentira, una cortina de humo”; “Es atole con el dedo: el Chapo es invulnerable”; “Es gato por liebre”.  Y algo unía a los opinantes: si en efecto se trata del Chapo, deben obligarlo a confesar quién es su jefe, o sus jefes, porque consideran que no se manda solo.

Y vino a nuestras mentes el hecho de que en días previos las fuerzas federales habían hecho espectaculares operativos en Culiacán en busca de narcotraficantes y laboratorios clandestinos de procesamiento de estupefacientes: si Mazatlán es casi insignificante en el trasiego de drogas, la capital sinaloense tiene fama de todo lo contrario. Algo importante se olía, se fraguaba en tierras culichis.

Rafael Pérez Gay, en cuyo libro premiado da cuenta del proceso de deterioro de la salud de su hermano, el también escritor José María, muerto el año pasado, se dio cuenta de que sus 15 minutos de fama se habían evaporado: ¿qué puede ser más importante que la captura del delincuente número uno del orbe (urbi et orbi)? Le hicimos malos chistes: “En realidad tu premiación fue la auténtica cortina de humo”; “No te entregaron un premio, sino el comando del cártel del chaparro”. Dije: “Me envió Osorio Chong a coordinar el operativo, y como he cumplido mi misión heroica, me regreso al Defe a rendir el parte”.

Pero la verdad es que la sociedad mazatleca estaba consternada, porque no olvidemos que en esas tierras los narcotraficantes, principalmente los de máximo calibre, son recipiendarios de una admiración sin límites, los jóvenes no quieren ser empresarios o políticos o artistas, sino capos auténticos, omnipotentes y admirados; si no, que lo diga la proliferación de narcocorridos, que circulan a raudales en las bocinas de los autos pese a los intentos de prohibición implantados por las autoridades. Mazatlán se convirtió, de la noche a la mañana, en epicentro noticioso mundial.

Héctor de Mauleón, reportero que es, además de novelista e investigador del fenómeno del narcotráfico, canceló su regreso al Defe y con la nada pequeña ayuda de reporteros locales se trasladó al lugar de los acontecimientos. Pérez Gay y su esposa y el capo cultural de la localidad, el novelista Juan José Rodríguez, se disponían a continuar la celebración del Premio Mazatlán de Literatura y de la vida loca; Braulio y yo volvimos a la capital, y en el avión no se hablaba de otra cosa: “que sí, que no, que la captura de El Chapo es una farsa”; “que sí, que es auténtico, y por lo tanto un golpe magistral, cinco estrellitas doradas en la frente del presidente Enrique Peña Nieto”. Algunos mazatlecos temen, no obstante, las secuelas del hecho: que vaya a desatarse una guerra entre narcos y autoridades como nunca se ha visto, y les alarma que el escenario vaya a ser su bellísimo puerto, ese al que han cantado Amado Nervo, Elías Nandino y, sobre todo, Micke Laure. “Porque esto”, señalan, “no se va a quedar así. El Chapo no está solo, y todos los lastimados por su aprehensión darán una durísima y mortal batalla”.

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