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'Masters of Sex'

sexódromo
(Sandoval)

Siempre habían sido dos apellidos sin sexo, un par de palabras que servían como referencia para comentar o analizar estudios sobre sexualidad humana: Masters y Johnson, dúo que en la segunda mitad de la década de los cincuenta comenzó a realizar atrevidos e insospechados estudios (mediante el empleo de electroencefalogramas, electrocardiogramas y cámaras cinematográficas) para entender la fisiología y la anatomía de la actividad sexual y así descubrir o confirmar situaciones relacionadas con el deseo, la excitación, el orgasmo femenino y masculino, las zonas de placer; para explicar la “respuesta sexual humana”, ese conjunto de cambios físicos, y aunque su labor ha sido crucial para el estudio de la sexología moderna, muy pocas personas saben de su existencia; menos aún que Masters era del sexo masculino (de nombre William, nacido en Cleveland, Ohio) y Johnson era del sexo femenino (llamada Virginia, oriunda de Springfield, Misuri); que tiempo después de iniciar su trabajo, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis, se casaron y en los años noventa se divorciaron, pero sus investigaciones se convirtieron en un importante legado publicado en libros como La respuesta sexual humana (1966), Incompatibilidad sexual humana (1970), Homosexualidad en perspectiva (1979) y El vínculo del placer (1975), que refutaban una serie de opiniones muy extendidas acerca del orgasmo, la impotencia, la frigidez y la homosexualidad, además de presentar, junto a Robert C. Kolodny, La sexualidad humana (1982) y Heterosexualidad (1994).

Sin embargo, en el último trimestre del año pasado, William y Virginia tuvieron finalmente un rostro para millones de personas, sus investigaciones un reconocimiento como nunca antes, y los detalles de su vida fueron conocidos gracias a la serie televisiva Masters of Sex, una joya cuya su primera temporada presentó HBO en México todos los lunes a las nueve de la noche.  

Creada por Michelle Ashford, es una adaptación del libro de Thomas Maier Masters of sex: vida y época de William Masters y Virginia Johnson, la pareja que enseñó a Estados Unidos cómo amar (editorial Punto de Lectura), que cuenta con las excelentes actuaciones del histrión galés Michael Sheen, como un doctor William Masters contenido, curioso, berrinchudo, y de Lizzy Caplan, la actriz californiana que encarna a Virginia Johnson con una calidez capaz de generar empatía de inmediato.

Desde el primer capítulo que vi, me atrapó. No recordaba que el ginecólogo comenzó sus estudios sobre sexualidad humana observando a prostitutas y tuvo que llevar su consultorio, por unos días, a un prostíbulo. En aquellos días se pensaba que las trabajadoras sexuales eran quienes más sabían sobre las relaciones eróticas y gozaban de tantos orgasmos como clientes tenían, pero Bill descubrió, luego de interrogarlas con la ayuda de Johnson, que poco sabían sobre el placer, que fingían el orgasmo la mayoría de las veces y eran tierra fértil para todo tipo de infecciones de transmisión sexual.

No sabía que Masters había estado casado antes de contraer matrimonio con Virginia ni que ella tenía dos hijos de un compañero previo. Tampoco me había preguntado quién los había ayudado a filmar el interior de una vagina, el cuerpo femenino durante el orgasmo (para descubrir las contracciones vaginales, turgencia mamaria y de clítoris, vasocongestión en el tercio externo de la vagina, engrosamiento en los labios menores, hiperventilación y taquicardia en algunos casos…).

Cada capítulo me resultó apasionante, sobre todo en lo relacionado a los estudios, a lo que sucedía en el interior de la facultad, aunque el lado morbosillo sobre la vida personal de los dos protagonistas y quienes los rodeaban también tiene su encanto, pues ayuda a entender lo que sucedía en la sociedad de esa época: cómo experimentaban el deseo, cómo se veía el cuerpo humano, el matrimonio, la fecundidad, la homosexualidad, la infidelidad, el derecho al placer, el trabajo de las mujeres, etcétera.

Viendo Masters of Sex me preguntaba si a los televidentes que no están familiarizados con la sexología les resultaba igual de interesante. Por lo que me han dicho algunos amigos y he leído en reseñas, la calidad de la producción (con esa magnífica recreación de la década que a ratos recuerda la de Mad Men), las actuaciones y el tema la han convertido en una de las mejores series del 2013, lo cual aplaudo con alegría, aunque también he encontrado comentarios de críticos y público en general que no le encuentran mucha gracia. Cada quien sus intereses.

Lo que muestra Masters of Sex, sin embargo, son problemáticas universales y, por desgracia, en varios casos las situaciones prevalecen: si bien hoy en día es mucho más común que las mujeres experimenten orgasmos, aún es posible hallar quienes nunca los han experimentado. La única meta en la vida de las mujeres debía ser tener hijos, y aquellas que no lo lograban merecían la lástima general (incluyendo la de ellas mismas). Los anticonceptivos existían, pero su uso no estaba generalizado. Había quienes pensaban que “acostarse” significaba eso, descansar juntos en una cama, y que así lograrían fecundar. Una mujer que, como Johnson, vivía al máximo su vida erótica, era vista como alguien que hacía magia básicamente porque sabía lo que le gustaba y lo pedía.

Mis personajes favoritos, además de los protagonistas, son Barton Scully (interpretado por Beau Bridges), el rector de la universidad, que vive en la oscuridad y el miedo a su homosexualidad, y su esposa Margaret (la magnífica Alison Jenney), quien por décadas vivió en la ignorancia de lo que era un orgasmo hasta que los conoció con el guapo doctor Austin Langham, quien vivía sus propios demonios.

Si bien es cierto que el estudio de la sexología comenzó mucho antes de Masters y Johnson, y de Kinsey (rescatado por el cine), se agradece que esta serie acerque al gran público a ideas que han sido parteaguas, que han roto esquemas, han demostrado teorías a través de la ciencia, han servido para que otros sexólogos amplíen los estudios y generen nuevas teorías, porque no hay que olvidar que la sexualidad se expresa de diferente manera en cada ser humano, lo cual nos da millones de vivencias.

 Después de ver la primera temporada de la serie, me di a la tarea de buscar el mayor número posible de obras traducidas al español de esta pareja estadunidense. No he encontrado ningún ejemplar nuevo, pero en una librería de viejo compré El vínculo del placer por tan solo 45 pesos. Con una frase —que hoy en día sigue estando vigente— de este ejemplar, me despido y los invito a que busquen Masters of Sex en repetición o en DVD: “Un funcionamiento sexual efectivo es algo que se produce entre dos personas. Es algo que los miembros de una pareja que funciona sexualmente hacen el uno con el otro, y no que hacen al otro o por el otro. De manera que el rol sexual de la mujer ha efectuado un giro de 180 grados, pasando de la servidumbre sexual a la igualdad sexual, y todo en los últimos 10 o 20 años. A ella no le falta más que explorar y ejercitar su potencial, y a su pareja sexual, compartir la experiencia de ella”.

Verónica Maza Bustamante

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