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Por culpa de esos gays… 37ª Marcha del Orgullo LGBTTTI de la Ciudad de México

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Wenceslao  Bruciga


Puede que la de 2015 haya sido la marcha gay con más perros atados a cintos multicolores llenos de estoperoles; por alguna razón también se han dejado ver cientos de carreolas de interiores acolchados y vacíos, con mástiles atados en cuyo extremo apuntando al cielo nublado sostenían cartulinas cubiertas con las franjas del arcoíris sobre las que tenían escrita la frase "El amor triunfa". A diferencia de otros años, este sábado 27 de junio se respira un motivador aire de triunfo, como si el matrimonio entre personas del mismo sexo se hubiera aprobado apenas unos cuantos días atrás, un juguete recién sacado del empaque que muchos quieren toquetear sin maltratarlo.

Había un grupo de barbones a una mitad afortunada entre la barriga y los hombros entrenados en el gimnasio hablando del gran avance que había dado Estados Unidos con respecto al matrimonio gay: "¿No escuchaste el discurso de que dio Courtuney Act anoche en lo de RuPaul Drag Race? ¡Se me puso la piel chinita!" decían, cuando un tipo desnudo a excepción de las gafas oscuras estilo aviador, botas mineras y el jockstrap que le cubría la verga sin dejar a la imaginación el tamaño de sus nalgas, se acercó al grupo de barbones para obsequiarles el flyer de una fiesta de sexo que se llevaría en algún punto cerca del Paseo de la Reforma desde las 6 de la tarde. Los barbones no leyeron la invitación con buenos ojos. Uno de ellos soltó: "Por culpa de estos calenturientos creen que todos los homosexuales somos unos promiscuos". Después de este comentario, un hombre que bien podría ser el candidato a cualquier reality show del Discovery Home and Healt cuyo tema sea el sobrepeso extremo se acercó al grupo para tomarse una foto al lado de los barbones más musculosos que aceptaban a su petición con una cordialidad seca.

Muchas decenas de personas traían a cuento una y otra vez el gran paso dado por el gobierno del vecino país del norte en eso de declarar ilegal la prohibición de los matrimonios entre personas del mismo sexo en aquellos estados de EU donde el matrimonio gay aún era considerado un acto ilícito; con pequeñas y rápidas entrevistas podías darte cuenta de que, en comparación, eran menos los asistentes que estaban al tanto de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación de México anunciaba, tan solo unos cuantos días antes de la decisión del Tribunal Supremo gringo, la decisión de legalizar el matrimonio gay en todo el territorio considerando anticonstitucional su privación por parte de un juez a este derecho, argumentando que su anuncio pretendía "alentar a los estados que no lo han hecho a armonizar su legislación con el criterio de la Corte".

Probablemente la de ayer también haya sido la marcha con más puestos ambulantes sobre la banqueta principal del Paseo de la Reforma que corre hacia la Basílica de Guadalupe, reduciendo el espacio peatonal a un corredor que podría desatar la claustrofobia de cualquier parroquiano libre de trastornos mentales, o la furia de los dueños de los puesto si por una irresponsabilidad pisabas uno de los productos más populares: gafas para sol Ray-Ban de a 50, mientras que los Eagle Eyes rondaban entre los 150 y 200 pesos. Había más oferta de lentes oscuros que carritos con hieleras donde guardaban las latas de Tecate, Tecate Light o Indio. Aun así el alcohol corría con soltura, al igual que olor a mota. Desde luego también había mucha oferta de banderas de arcoíris a 20, 50 y 80 pesos, camisetas, bufandas, pulseras, sombreros y pelucas verdes, rosas, azul eléctrico, amarillas y otras compuestas de mechones en distintas tonalidades de rubios.

Entre la una y las dos de la tarde, la 37ª Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Travesti, Transgénero, Transexual e Intersexual sufrió un colapso, no avanzaba hacia ningún lado y los enormes camiones de redilas poblados de hombres musculosos parecieron haber sido abducidos; las personas paseaban desvariadas alrededor del Ángel de la Independencia buscando toparse con amigos, tratando de averiguar cómo eran los novios de sus ex novios o simplemente enfocando la vista en cualquier estímulo visual que desatara las fantasías de ligue. Incluso el movimiento peatonal se congeló. Aquello era un caos festivo salpicado de banderas multicolores, pero que sin embargo si desataba ciertos espasmos de angustia. Ni siquiera una canción de Juan Gabriel, Amor eterno, que se esparcía a buen volumen, calmaba la impaciencia del amontonamiento de la diversidad. De algún modo, el paso de la marcha se trasladó a las orillas de Reforma, era más fácil avanzar frente a las cafeterías y las agencias de rentas de autos, las vestidas, muchos de ellos travestis de cerradísimas barbas atrapados en asfixiantes corsés inspirados en Conchita Wurst, la figura de la ganadora del certamen de Eurovisión, caminaban torciéndose el talón cuando sus plataformas se atoraban con el cascajo de muchas de las construcciones que por ahí pululan en su intento por apretar el paso, persiguiendo la música de los tráileres que escaseaban.

Un amigo envuelto en outfitleather me comparte su opinión: "Hay algo de homofobia por parte del Gobierno de la Ciudad de México en la pésima administración vial, esos automóviles que a huevo quieren pasar aunque vean la marcha sobre Reforma y los policías permitiéndolo".

Solo los vaqueros envueltos en camisas azul celeste con una bandera que de lejos parecía ser el logo del SME montados sobre caballos y el contingente que portaba una extensa manta con la palabra Ayotzinapa escrita con letras de arcoíris parecían avanzar sin problemas, este último llevaba pancartas contra el acoso laboral a homosexuales y lesbianas. Muy a lo lejos se escuchaban los tambores de una batucada.

En el cruce del Paseo de la Reforma con Niza, un hombre tan delgado que sus costillas retoñaban sin problema, de cabellera cobriza sobre unas alpargatas negras y correas de charol, decidió empezar a ofrecer algo así como un baile erótico con una pequeña verga descubierta debajo de un cinturón negro al ritmo de un viejo tambor tocado en vivo por un tipo moreno, la gente se detenía a tomarles unas fotos mientras una hilera de granaderos hacían esfuerzos por aguantarse la risa. Otros muchos gays se detenían para desaprobarla con la mirada, no era de su agrado. Hay muchos homosexuales que consideran que en la marcha se deben mantener las buenas costumbres. Cuando el hombre de pequeña verga cogió una copa rosa de plástico, poniéndola frente a los espectadores para que en ella depositaran monedas o billetes, un niño pidió dinero a su papá para sentirse parte de la cooperación voluntaria. El padre sacó una cartera, la desdobló y extrajo un billete de 20 pesos, se lo dio al pequeño de unos 10 años aproximadamente, quien lo depositó al interior de la copa rosa sin apartar la mirada del rostro afeminado del bailarín de las pronunciadas costillas, quien no supo reaccionar frente a la donación del pequeño.

Un trío de tipos, todos con gafas para el sol y bermudas de cuadros, se percató de la escena. "Lo que tienen que ver los niños... por culpa de esos ridículos, creen que todos los gays somos unos exhibicionistas, desesperados por encuerarnos", decían...

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