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Marbella regresa

Marbella
(Gpe. Rosas)

En los años setenta y ochenta Marbella (Málaga, Andalucía) fue la joya de la corona del glamour español y europeo. La elegancia y la belleza de Audrey Hepburn dejaban boquiabiertos a los paseantes cuando se le veía tomar café en alguna terraza de Puerto Banús.

Actualmente George Clooney, por ejemplo, causa tumultos cuando pasa algunos días en su casa de seis millones de euros que se compró para veranear en lo que es ya el resurgimiento de Marbella, que, tras varios escándalos políticos, reclama su trono de número uno a Ibiza y Palma de Mallorca.

Y es que en esta ciudad hay para todos. Desde que uno llega a la estación de trenes de Málaga se pueden ver enormes filas de autobuses que en 45 minutos llevan a los turistas a Marbella. La gran mayoría extranjeros, rusos, británicos y árabes, entre otros que no tienen otra cosa que hacer con su dinero.

Salvo en Mónaco, es imposible ver aparcados tantos Ferrari de todos colores. Y si uno camina a Puerto Banús, los yates atracados son tantos como barcos pesqueros en cualquier puerto mexicano.

Marbella presume de tener sol 321 días al año, así como siete de los mejores colegios internacionales del país. Además, el próximo mes de octubre se inaugura la Marbella International University Centre (MIUC), en la que reciben aspirantes incluso de México.

La aristocracia también es fiel a la Costa del Sol. Desde la familia real saudí, cuyos yates atracados en Puerto Banús ya forman parte de la imagen de Marbella. La leyenda urbana asegura que esta familia sigue repartiendo propinas de miles de euros por donde pasa, igualito al marajá de Pocajú, que se hiciera famoso en un capítulo de Don Gato.

Marbella es sinónimo de gente “pija” (fresa), de glamour, de extravagancias. No hay sitio para la timidez. Pero también se pueden encontrar frikis imitando a sus ídolos. Mujeres con atuendos la mar de provocativos y hombres musculosos con camisetas de tirantes, y pantalón tipo pirata blanco, sin lugar para un tatuaje más en el bronceado cuerpecillo.

Menús que van desde los nueve euros (160 pesos) en el chiringuito Cruz Blanca hasta otro de 180 (tres mil 200 pesos) en pleno puerto.

“Aquí el que viene es porque tiene pasta, pero es genial. Cuando viene la familia saudí, por ejemplo, esta ciudad se convulsiona. Suelen quedarse en el Hotel Puente Romano y les acompaña un séquito que reparte unas propinas que no veas; es flipante”, dice Paco, camarero gaditano de un restaurante a pie de playa.

Quien también puso patas arriba la ciudad fue Michelle Obama. La esposa del presidente de Estados Unidos la visitó en compañía de sus hijas para pasar el verano. El show empezó desde el aeropuerto de Málaga cuando aterrizó el Air Force One con decenas de fotógrafos hasta en los puentes de la autopista para captar la primera imagen de los Obama.

El hotel en el que se alojó se convirtió en una fortaleza, había tanta seguridad como reporteros. Pero el clímax se dio cuando Michelle y sus dos hijas salieron a dar un paseo por el casco histórico marbellí.

Pasearon casi como cualquier hija de vecino —con la seguridad correspondiente—, compraron bolsos y camisetas que decía “Yo Amo Marbella” y antes pararon en una heladería. “Me pido uno de chocolate”, chapurreó la señora Obama en incipiente castellano.

Michelle prometió volver pronto y traer consigo a Barack Obama, quien no pudo venir en aquella ocasión porque tenía “mucho trabajo”.

A este destino no acuden los spring breakers, que prefieren la Costa Catalana. Y es que con los 270 euros que cuesta su paquete de todo incluido, apenas podrían pagar una noche de hotel acá.

La llamada “milla de oro” de Puerto Banús es otro espectáculo. Las tiendas de las marcas más exclusivas parecen una Comercial Mexicana en viernes por la tarde. Lo mismo da Armani, Versace, Zegna o Ferragamo, no hay límites para los bolsillos de los sibaritas o para los futbolistas de las ligas Española, Inglesa o Francesa que se vienen de compras —y a ligar— hasta aquí.

Marbella es un sitio que vale la pena visitar para que nadie se lo cuente, es como un micromundo en España donde lo que menos se pueden ver son españoles. Un lugar que, aunque le ha costado, poco a poco empieza a recobrar incluso la transparencia política pérdida en los últimos años... a pesar de la crisis.  

José Antonio  López / Madrid

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