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Macy Gray: la noche de las estolas

Macy Gray en el Teatro Metropolitan (Juan Alberto Vázquez)
Macy Gray en el Teatro Metropolitan (Juan Alberto Vázquez)

Muy triste que faltando quince minutos para que inicie el evento, el Teatro Metropolitan luzca semi vacío. Una ventaja de la falta de quorum es que logra el milagro de la democratización pues revendedores malvenden su mercancía y quienes compraron de los más económicos del segundo piso, fueran reubicados en los costados frente al escenario.

Así es que al arrancar el show, cerca de 2 mil ocupamos la parte central del teatro y recibimos con emoción las notas del “El Tema de Rocky”, que uno de los dos tecladistas utiliza como introducción a “Why Didn´t You Call Me?”, a la entrada del quinteto con corbatas de foquitos navideños y al paso magistral de Macy con su vestido plateado de lentejuelas, estola de plumas rojas y zapatos de tacón azulo eléctrico.

Saluda a la ciudad que en ese día alcanzo los 30 grados de temperatura: “Are you ready sexy people?” y se sigue de largo con “Do Something”, el primer sencillo de su vida que le sirvió para presentar, acaso muy temprano, a sus músicos y también presumir trasero: “Hola, soy Macy Gray”, tras lo cual nos dio la espalda y empinó. Nice to meet you, too.


 

La cantante que de chica odiaba su voz, nacida en Canton, Ohio, y afincada en los Ángeles, es una mezcla de seriedad, humor negrísimo, y elegante sexy cachondería, propias de su raza y condición. Rapea sus diálogos con el público y hasta simula realizar stand up musical que provoca carcajadas y regodeo. Su actitud de amorosa diva oficiando misa, impacta casi tanto como las mismas melodías que interpreta.

Sus 1.82 metros, 75 kilos y 45 años actúan como potente catalizador para embrujar y erotizar a su audiencia que todo le celebra. Parece que dejó atrás aquellas poses de nueva millonaria que pontificaba sobre el uso de las drogas y que al final tuvieron consecuencias sobre su carrera, pues implicó el despido de su primer disquera (Sony) y el arrastrar un alud de lamentos, fiestas interminables, hombres equivocados y angustia generalizada. El acabose cuando en Ohio olvidó la letra de una canción y fue abucheada.    

Pero esta es otra Macy, no redimida del todo, pero que aprovecha este su primer contacto con el público mexicano y sus bases en la actuación, para simular que con sus manazas de gigante masturba la base de su micrófono  forrada de brillos plateados como su vestido en “Sexy AuthomaticPeople”.

Y para generar la sensación de que, como suripanta antigua, Gray excita demasiado para lo poco que se menea, pues ella misma acepta que para el baile está negada, aunque tampoco lo necesita. Tiene una voz chillante, rasposa donde se mezclan el aguardiente y el terciopelo, con  canciones que van del desamor a la esperanza. “De chica no podía hablar porque enseguida me callaban por como sonaba”. El tiempo le dio la razón a su privilegiado timbre que siempre va directo a la libido.

¿Qué está pasando afuera en el mundo? ¿Quién contra quién se están matando de nueva cuenta? ¿Con que tragedia despertaremos en el nuevo horario de verano? ¿Qué filosa realidad se cierne ahora sobre nuestras lastimadas cabezas?

Vale absolutamente sorbete pues Macy Gray  is in the house y  trastorna nuestros sentidos en composiciones que vagan entre el R&B, el soul, y el hip hop, matizadas con cambios de ritmo, mezclas y hasta solos de batería.

Segundo tiempo: ahora cambia su vestido a uno negro largo y estola blanca con zapatos rojos de charol. Visiblemente pacheca tanto en voz como en actitud y mirada, se asume como la diva soulera que es y en sus cuerdas vocales, poderosas aun, afinadas por tragedias amorosas y logros envidiables, nos narra la verdad de la existencia. “It`s the first time, to me, true love, the last time” y los enamorados nos arrimamos a la pareja, apretamos nuestras manos y apuramos la cerveza que con tanto calor siempre es insuficiente.

Llegado el momento de pararse, nos lo sugiere y devuelve su rola homenaje a la música disco “Sexual Revolution” que liga con “Da ya Think I`m Sexy”, legado del rubio Rod Stewart. Ya nadie toma asiento. 

Diva y musa recibe elogios de borrachos: “I LoveYou”, “we love you, Macy”, gritan, gritamos, como ecos lejanos de su momento unplugged donde susurra “I`m your baby, always baby” y vuelve a lanzar mariposas y murciélagos al estomago de quienes la escuchan.

Regresa el prendidón con “I Try” su canción más exitosa, la que le dio a ganar el Grammy a Mejor Interprete en el 2001, pero que ahora es berreada  a gritos por el público mientras ella se pasea, se pasonea por el escenario y la actúa, se mece los cabellos o cubre la cara con ambas manos, fintando como que ya se va, pero volviendo sobre sus pasos, altiva.

La masa que ya está a sus pies, aplaude, grita y chilla y es que apenas lleva una hora y cuarto de concierto. ¿Por qué no se llenaron los teatros Metropólitan del Distrito Federal, y Diana de Guadalajara con la oferta de Gray?, pienso mientras todos gritan para que ella y su banda salgan de nueva cuenta. “¡Macy!”, “¡Macy!”.

Un tercer cambio de vestido, ahora un gris holgado, ya sin estola de por medio pero si con unos guantes rosas a media muñeca, nos recuerda de su lucha por controlar el consumo de drogas. Pues a estas alturas, es notoria esta tercera dosis de lo que este consumiendo (marihuana, con toda seguridad), que ahora aletarga su organismo. Canta “Creep” de Radiohead quién sabe a cuenta de qué y el ambiente se vuelve pesado por primera vez. Ya no volvimos a ver sus ojos abiertos desafiando o coqueteando al teatro. Deambula adormilada. En algún momento agradece a su audiencia por “ser tan divertidos” y parece invadida por el espíritu de las grandes cantantes negras adictas. Su voz pierde algo de brillo.

Pero llegan de nueva cuenta las luces blancas y la fiesta vuelve. Es la historia de su vida: triunfo y fracaso; pasión y desamor. Tres hijos nacidos de un matrimonio roto. La bipolaridad en pleno que le ha sido detectada por más de un doctor.

Otra versión acústica más de “Beauty in the world”,  del álbum Sellout, dedicado a todos sus desatendidos fans, a manera de disculpa. Pasado el pasón, le brota un poco de energía, bromea de nueva cuenta y nos enseña una vez más que las drogas construyen, oh si. Se despide ya visiblemente cansada con “The Letter”,  mientras sus músicos uno a uno van dejando de tocar hasta dejar en soledad al guitarrista que con unos últimos acordes nos indica que ha sido todo.

Macy Gray va a Brasil, Argentina y Paraguay a continuar esta gira de dolor y redención.

Juan Alberto Vázquez

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