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'Luna de miel' de un 'psycho killer'

'Luna de miel'
(Especial)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh

Las salas cinematográficas estrenan sus películas terroríficas en las proximidades del Halloween y el Día de Muertos, en su mayoría gringas, pero que ahora también incluyen la producción nacional, que poco a poco ha venido conquistando espacios dentro del género de terror, como el caso de Luna de miel (Diego Cohen, 2015), que tuvo su premier mundial en el Brussels International Fantastic Film Fest, con muy buena acogida, y que se estrenará en México el viernes 21 de octubre en diversas salas cinematográficas (les recuerdo que para las películas mexicanas, es mejor verlas desde que se estrenan, pues de la asistencia en los primeros días depende su permanencia en cartelera). Diego Cohen, además de realizador, ha sido editor de Familia Gang (Armando Casas, 1914), y Dodo (Luis Ayhlon, 1914). La fotografía es de Aram Díaz y la música de Uriel Villalobos.

La película trata sobre Jorge Toledo, un secuestrador burgués (Héctor Kostifakis), e Isabel Herrera (Paulina Ahmed) su víctima, una vecina joven, guapa y recién casada.

Lo primero que llama la atención es la propuesta visual, con una fotografía en tonos tenues y pálidos, como las páginas de Spawn (el siniestro personaje de cómic creado por Todd McFarlaine). Las locaciones de la colonia Roma de la CdMx le dan una apariencia gótica al relato, cuya arquitectura se asemeja a la de las antiguas calles de Nueva York o de alguna ciudad europea, pero con el toque fantástico de la tiendita de abarrotes o la farmacia típica. Es un cuento perverso que se desarrolla detrás de una vieja casona, cuyos tapices, vitrales y desvencijados muebles son escalofriantes testigos.

Los psycho killers son de los personajes más atractivos de la cinematografía (incluso Juan Santiago Huerta y un servidor, hicimos nuestra película de psicópata asesino en el CUEC: ¡Mira, mamá, soy un radio! La venganza del Dr. Scrtach, 1988, con Armando Casas, ex director del CUEC, haciéndola de hippie satánico, al estilo de Charles Manson). Los mejores psycho killers son aquellos que despreciamos por sus actos sanguinarios, pero que no podemos odiarlos del todo, ya sea por su traumática historia personal o porque dentro de su locura brilla una buena intención, expresada incorrectamente. Cual Norman Bates (el protagonista de Psicosis), Jorge Toledo nos resulta ligeramente entrañable, lo cual no impide que sintamos satisfacción cuando recibe su merecido, pues después de todo es un monstruo demente (agudizado porque su motivación es formar una familia tradicional, como las que desea preservar el cardenal Norberto Rivera).

Al principio parece una historia de amor sobre un individuo sin preocupaciones económicas que todos los días ve pasar frente a su casa a la chica que le gusta, haciendo jogging, y a la que no sabe cómo abordar. Un día trata de hacerle plática en la tiendita de abarrotes, aunque esa ocasión, el poco comunicativo Jorge trae puesto un moño ridículo en el cuello; aquí, el espectador comienza a sospechar que el sujeto sí trae su propia luna de miel en la cabeza; aún no sabe que detrás de aquel moño se esconde una historia siniestra.

La película tiene guiños de humor dentro de su violencia, la cual no me resulta tan cruda en las escenas sangrientas como en la confrontación de dos seres reducidos a una convivencia forzada y enferma (casi como en algunos matrimonios de la vida real, sin gore). Más que la tortura aplicada por un diletante de la medicina, me resulta más morbosa la situación en que Isabel, a quien desde el principio la vimos como una niña linda, sana, que hace ejercicio y es muy amable con todo mundo, cambiar en un segundo de la súplica al “¡suéltame, hijo de tu puta madre!”. Esa secuencia está realizada con un naturalismo más perturbador que las sangrientas escenas de narcos en Heli (Amat Escalante, 2013).

Otra secuencia memorable es cuando Isabel le pide a Jorge “algo que la relaje” y este le lleva un buen analgésico herbal (el cual quizás la víctima hubiera disfrutado más con la rola psicodélica de los créditos iniciales que con la abrumadora música clásica con que el psicópata entretiene a su víctima). La transformación de Isabel, hacia el final, es magnífica, digna de un gran personaje de cómic.

Luna de miel es una película de terror muy bien contada, amena, sin muchas pretensiones intelectuales, aunque eso no le impide ser artística, cuando el espectador se descuida y siente emociones que van más allá de la risa y el terror.

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